Historia de Schariar y Schazenan (parte 2)

Sentáronse al pie de uno de aquellos árboles para descansar,  y, de pronto, oyeron un estrépito espantoso por la parte del mar y al mismo tiempo un grito de terror.

Abrióse seguidamente el mar y salió una columna negra que parecía llegar al cielo.

Los dos príncipes, presa del mayor espanto, se apresuraron a subirse a la copa del árbol para averiguar de qué se trataba, y observaron que la negra columna se iba acercando lentamente a la playa.

La columna era uno de los Genios maléficos, que odian a los hombres. Negro y. horroroso, tenía el aspecto de un gigante descomunal, y llevaba sobre la cabeza una gran caja de  cristal con cuatro cerraduras de fino acero.

Penetró en el bosque con su carga y fue a depositarla al pie del árbol en que estaban encaramados los dos príncipes, los cuales se creyeron irremisiblemente perdidos, pues no desconocían el peligro que les amenazaba.

Entretanto el Genio se sentó sobre la dura tierra, abrió la caja, y de ella salió al punto una mujer de belleza extraordinaria y ricamente vestida.

El monstruo la hizo sentar a su lado y, mirándola con ternura, le dijo:

__Mujer de belleza incomparable, graciosa criatura a quien robe el mismo día de sus bodas y he amado siempre con intensa y desbordante pasión, ¿me permites que descanse un momento a tu lado? ‘

La joven sonrió y el Genio se tendió en el suelo cuan largo era, apoyando su monstruosa cabeza en el regazo de su amante, no tardando en dormirse.

La mujer levantó entonces los ojos, y viendo a los dos príncipes en lo alto del árbol, les hizo señas de que bajasen.

El terror que se apoderó de ellos al verse descubiertos fue indecible, y rogaron, por señas, a la amante del Genio, que les dispensase de obedecerla; pero ésta, después de haber levantado de su regazo la cabeza del gigante, haciéndola descansar sobre un montón de hierbas, levantóse y repuso en voz baja y acento amenazador:

__¡Bajad, os digo! ¡Es preciso que me obedezcáis!

Así lo hicieron los dos príncipes y, cuando estuvieron en tierra, la joven los tomó de las manos, se interno con ellos en el bosque y les exigió algo que no pudieron negarle.

Satisfechos sus deseos y observando que ambos llevaban anillos en las manos, les pidió que cada cual le cediese uno. Tampoco pudieron los príncipes oponerse a este capricho, y la joven, cuando los hubo conseguido, uniólos a una larga sarta de sortijas que ocultaba en el seno.

__¿ Sabéis  __les dijo__ lo que representan estos anillos? Pues que el dueño de cada uno gozó de mi afecto, como acabáis de hacerlo vosotros; aquí había noventa y ocho y, como me faltaban dos para el centenar, os he pedido los vuestros. Son, pues, cien los amantes que hasta ahora -he tenido, a despecho de las precauciones y de la vigilancia de este Genio, que no quiere separarse un momento de mi lado. Es inútil que me encierre en una caja de cristal. y me oculte en el fondo del mar, pues siempre hallo ocasión de burlarle. Cuando una mujer concibe un proyecto, no hay marido ni amante que pueda impedirle que lo ponga en ejecución. Más valiera que los hombres procurasen no contrariarlas, pues éste sería el único medio de hacerlas discretas y fieles.

Dicho esto, guardóse los anillos y volvió a sentarse al pie del árbol, apoyando le nuevo en su regazo la cabeza del Genio.

Los dos príncipes volvieron sobre sus pasos.

__Y bien __dijo Schariar a su hermano__, ¿qué me dices de lo que nos ha ocurrido? El Genio no puede envanecerse de que su amante le sea fiel. ¿Convienes conmigo en que nada iguala a la malicia de las mujeres?

__Si –repuso el rey de la Gran Tartaria__ ; ¿y tú convienes, a tu vez, conmigo en que el Genio es mas digno de compasión y mas desgraciado que nosotros?

__Ciertamente. ‘

__Volvamos, pues, a nuestros Estados.

__Sí, volvamos __contestó el Sultán__. Por mi parte, te aseguro que he dado con el medio de hacer que mi esposa no pueda serme infiel. El día que te revele mi secreto, no dudo de que seguirás mi ejemplo.

Caminando sin cesar, llegaron a su campamento a los tres días y tres noches de haberlo abandonado.

Cuando se tuvo conocimiento de la vuelta del Sultán y del Rey, todos los cortesanos se presentaron en la tienda real, y Schariar ordenó que al punto se levantase el campamento para regresar a la ciudad.

Una vez en Palacio, el Sultán se dirigió a las habitaciones de su ,esposa y mandó al Visir que la estrangulase en su presencia.

Y no satisfecho con esto, el enfurecido Schariar cortó con su propia mano la cabeza a todas las mujeres que formaban la corte de la Sultana.

Después de un castigo tan tremendo, y persuadido de que no existía mujer alguna de cuya fidelidad pudiese estar seguro, resolvió desposarse cada noche con una y hacerla estrangular apenas alborease el día siguiente.

Promulgada que fue esta bárbara ley, el Sultán juró que la observaría en cuanto se hubiera marchado su hermano, el cual volvió en seguida a la capital de su reino, llevándose magníficos regalos.

El mismo día que partió Schazenan, el Sultán ordenó a su Visir que le trajese la hija de un general de su ejército, con la que se casaría aquella noche. Obedeció el Visir, desposóse Schariar con la joven y a la mañana siguiente mandó al propio Visir que la matase y le buscase otra para aquella misma noche.

Estos actos de barbarie sembraron la consternación en todo el reino, y, en vez de las alabanzas y bendiciones que hasta entonces habían tributado al Sultán, todos sus vasallos le maldecían y le deseaban la muerte.  ‘

El gran Visir que, contra su voluntad, era ministro de esta cruel injusticia, tenía dos hijas : la mayor se llamaba Scheznarda y Dinarza la mas joven. Ésta, no menos bella que su hermana, no poseía, sin embargo, el valor superior a su sexo y el ingenio

y la perspicacia de que aquella estaba dotada.

Scheznarda había leído mucho y poseía una memoria prodigiosa. Había estudiado filosofía, medicina, historia y bellas artes y componía versos mucho mejor que los más celebrados poetas de su tiempo. Además, su belleza era perfecta y su corazón sólo albergaba los sentimientos mas nobles y generosos.

El Visir amaba entrañablemente a esta hija, que era, en verdad, digna de su amor.

Un día en que ambos se hallaban reunidos, Scheznarda dijo

al Visir:

__Padre mío, quiero pediros una gracia.

__Que yo te concederé gustosísimo,  si, como espero, es razonable.

__He ideado un plan __repuso la joven__ para poner coto a las barbaridades que comete el Sultán con las hijas de familia.

__Digna de alabanza es tu intención __contestó el Visir__, pero me parece que no tiene cura lo que- tú piensas reparar.

__Padre mío __replicó Scheznarda__, puesto que sois vos el que cada noche habéis de procurar una nueva esposa al Sultán, os ruego que le propongáis que me conceda ese honor.

__¡Ah!  __exclamó el Visir, aterrado__, ¿has perdido el juicio, hija mía? ¿Cómo te atreves a hacerme semejante ruego? ¿Sabes a lo que te expone tu indiscreto celo?

__Sí, padre mío __contestó Scheznarda__; sé a qué peligro me expongo. Si perezco, mi muerte será gloriosa; pero si logro llevar a cabo mi empresa, haré a mi patria un servicio inmenso.

__No, no __replicó el Visir__; es inútil que insistas, pues no puedo acceder a lo que me pides.

__Concedédmelo, padre mío; será. la. última gracia que os pida.

__Tu obstinación __repuso el Visir__hará que me enoje. ¿Porqué te empeñas en ir al encuentro de una muerte segura? El que no prevé el fin de una empresa peligrosa, no puede realizarla como es debido. Cuidado que no te suceda lo que al asno, que estaba bien y no supo contentarse con su suerte.

__¿ Qué le-sucedió al asno? __preguntó Scheznarda,

__Escucha y lo sabrás.  El asno el buey y el labrador

Volver a Indice

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s