Belleza y amor

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¡Oh Padre, cuánto es bello
el mundo que tú hiciste!
No hay templo, no hay palacio,
no hay sueño que su encanto rivalice.
¿Por qué, por qué los hombres,
como envidiosos tigres,
viven aborreciéndose
el breve tiempo que en el mundo viven?
Cuando aire, y cielo, y tierra
murmuran: ¡sed felices!
¡Amaos unos a otros
y trabaj ad para llamaros libres!
¡Oh Padre, cuánto, es bello
el mundo que tú hiciste!
¡Felices los que sepan agradecerte,
amarte y bendecirte!

Pastorcita

510px-William-Adolphe_Bouguereau_(1825-1905)_-_The_Shepherdess_(1889)

Pastorcita perdió sus ovejas
¡y quién sabe por donde andarán!
No te enfades, que oyeron tus quejas
y ellas mismas bien pronto vendrán.

Y no vendrán solas, que traerán sus colas,
y ovejas y colas gran fiesta darán.
Pastorcita se queda dormida,
y soñando las oye balar.

Se despierta y las llama enseguida,
y engañada se tiende a llorar.
No llores, pastora, que niña que llora
bien pronto la oímos reír y cantar.

Levantose contenta, esperando
que ha de verlas bien presto quizás;
y las vio; mas dio un grito observando
que dejaron las colas detrás.

¡Ay mis ovejitas! ¡Pobres raboncitas!
¿Dónde están mis colas? ¿No las veré más?
Pero andando con todo el rebaño
otro grito una tarde soltó,
cuando un gajo de un viejo castaño
cargadito de colas halló.

Secándose al viento, dos tres, hasta ciento,
unas tras otra ¡colgadas las vio!
Dio un suspiro y un golpe en la frente,
y ensayó cuanto pudo inventar,
miel, costura, variado ingrediente,
para tanto rabón remendar;
busco la colita de cada ovejita
y al verlas como antes se puso a bailar.

https://es.wikipedia.org/wiki/La_Pastora_(Bouguereau)

El niño y la mariposa

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Mariposa vagarosa
rica en tinte y en donaire
¿qué haces tú de rosa en rosa?
¿De qué vives en el aire?

Yo, de flores
y de olores,
y de espumas de la fuente,
y del sol resplandeciente
que me viste de colores.

¿Me regalas
tus dos alas?
¡Son tan lindas! ¡Te las pido!
Deja que orne mi vestido
con la pompa de tus galas.

Tú, niñito
tan bonito,
tú que tienes tanto traje,’
¿porqué quieres un ropaje
que me ha dado Dios bendito?

¿De qué alitas
necesitas
si no vuelas cual yo vuelo?
¿Quéme resta bajo el cielo
si mi todo me lo quitas?

Días sin cuento
de contento
el Señor a ti me envía;
mas mi vida es un solo día,
no me lo hagas de tormento.

¿Te divierte
dar la muerte
a una pobre mariposa?
¡Ay! quizás sobre una rosa
me hallarás muy pronto inerte

Oyó el niño
con cariño
esta queja de amargura,
y una gota de miel pura
le ofreció con dulce guiño.

Ella, ansiosa,
vuela y posa
en su palma sonrosada,
y allí mismo, ya saciada,
y de gozo temblorosa,
expiró la mariposa.

El gato guardián

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Un campesino que en su alacena
guardaba un queso de Nochebuena,
oyó un ruidito ratoncillesco
por los contornos de su refresco.
.     Y pronto, pronto, como hombre listo
.     que nadie pesca de desprovisto,
.     trájose al gato, para que en vela
.     le hiciese al pillo la centinela.
E hízola el gato con tal suceso,
que ambos marcharon: ratón y queso.
Gobiernos dignos y timoratos,
donde haya queso no mandéis gatos.

El gato bandido

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Michín dijo a su mamá
«voy a volverme Pateta,
y el que a impedirlo se meta
en el acto morirá».
«Ya le he robado a papá
daga y pistolas; ya estoy
armado y listo; y me voy
a robar y matar gente,
y nunca más (¡ten presente!)
verás a Michín desde hoy».

Yéndose al monte, encontró
a un gallo por el camino,
y dijo: «A ver qué tal tino
para matar tengo yo».
Puesto en facha disparó,
retumba el monte al estallo,
Michín maltrátase un callo
y se chamusca el bigote;
pero tronchado el cogote,
cayó de redondo el gallo.
Luego a robar se encarama,
tentado de la gazuza,
al nido de una lechuza
que en furia al verlo se inflama,
mas se le rompe la rama,
vuelan chambergo y puñal,
y al son de silba infernal
que taladra los oídos
cae dando vueltas y aullidos
el prófugo criminal.

Repuesto de su caída
ve otro gato, y da el asalto
«¡Tocayito, haga usted alto!,
¡deme la bolsa o la vidal».
El otro no se intimida
y antes grita: «¡Alto el ladrón!»
tira el pillo, hace explosión
el arma por la culata,
y casi se desbarata
Michín de la contusión.

Topando armado otro día
a un perro, gran bandolero,
se le acercó el marrullero
con cariño y cortesía:
«Camarada, le decía,
celebremos nuestra alianza»;
y así fue: diéronse chanza,
baile y brandy, hasta que al fin
cayó rendido Michín
y se rascaba la panza.

«Compañero», dijo el perro,
«debemos juntar caudales
y asegurar los reales
haciéndoles un entierro».
Hubo al contar cierto yerro
y grita y gresca se armó,
hasta que el perro empuñó
a dos manos el garrote:
zumba, cae, y el amigote
medio muerto se tendió.

Con la fresca matinal
Michín recobró el sentido
y se halló manco, impedido,
tuerto, hambriento y sin un real.
Y en tanto que su rival
va ladrando a carcajadas,
con orejas agachadas
y con el rabo entre piernas,
Michín llora en voces tiernas
todas sus barrabasadas.


Recoge su sombrerito,
y bajo un sol que lo abrasa,
paso a paso vuelve a casa
con aire humilde y contrito.

«Confieso mi gran delito
y purgarlo es menester»,
dice a la madre; «has de ver
que nunca más seré malo,
¡oh mamita! dame palo
¡pero dame que comer.

Cutufato y su gato

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Quiso el niño cutufato
divertirse con un gato;
le ató piedras al pescuezo,
y riéndose el impío
desde lo alto de un cerezo
lo echó al río.
.        Por la noche se acostó;
.        todo el mundo se durmió,
.        y entró a verlo un visitante:
.        el espectro de un amigo,
.        que le dijo: «¡Hola!» al instante
.        «¡ven conmigo».
Perdió el habla; ni un saludo
Cutufato hacerle pudo.
tiritando y sin resuello
se ocultó bajo la almohada;
mas salió, de una tirada
del cabello.
.        Resistido estaba el chico;
.        pero el otro callandico,
.        con la cola haciendo un nudo
.        de una pierna lo amarró,
.        y, ¡qué horror! casi desnudo
.        lo arrastró.
Y voló con él al río,
con un tiempo oscuro y frío,
y colgándolo a manera
de un ramito de cereza
lo echó al agua horrenda y fiera
de cabeza.
.        ¡Oh! ¡Qué grande se hizo el gato!
.        ¡Que chiquito el Cutufato!
.        ¡Y qué caro al bribonzuelo
.        su barbarie le costó!
.        Mas fue un sueño, y en el suelo
.        despertó.

La quema

Gregorio Gutiérrez González

Lame la llama con su inquieta lengua
la blanca barba a los tendidos palos;
prende las hojas y chamiza secas,
y temblorosa avanza serpeando.
Vese de lejfire-227291os la espiral del humo
que tenue brota caprichoso y blanco;
o lento sube en copos sobre copos
como blanco algodón escarmenado.
La llama crece; envuelve la madera
y se retuerce en sus nudosos brazos,
y silba, y desigual chisporrotea
lenguas de fuego por doquier lanzando.
 Y el fuego envuelto en remolinos de humo,
por los vientos contrarios azotado,
se alza a los cielos, a lo lejos prende
nuevos hogares con creciente estrago.
Ensordece los aires el traquido a
de las guaduas y troncos reventando
del huracán al mugidor empuje,
de las llamas el trueno redoblado.
 Y nubes sobre nubes se amontonan,
y se elevan, el cielo encapotando
de un humo negro que arrebata chispas,
pardas cenizas y quemados ramos.
Aves y fieras asustadas huyen;
pero encuentran el fuego a todos lados;
el fuego, que se avanza lentamente
su círculo de llamas estrechando.

Al ave que su prole dejar teme, 
la encierra el humo, alrededor volando,
y con las alas chamuscadas cae i
junto al nido que le fue tan caro. ›
Aquí y allí se mueve la serpiente,
una salida con afán buscando,
se exaspera, se enrosca, se retuerce,
y el fuego cierra el reducido campo.
Del aire al soplo se dilata el humo
hasta que llena el anchuroso espacio;
rosados se perciben los objetos;
redondo y rojo, el sol se ve sin rayos.
Sobre el monte, la roza y el contorno
tiende la noche su enlutado manto,
bordado con las chispas del incendio
que parecen cocuyos _ revelando.
Y con la incierta luz de mil fogones,
restos aún vivos del creciente estrago,
se ve de lejos la quemada roza,
cual vivaque de un ejército acampada.

La pobre viejecita

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Erase una viejecita
sin nadita que comer
sino carnes, frutas, dulces,
tortas, huevos, pan y pez.

Bebía caldo, chocolate,
leche, Vino, té y café,
y la pobre no encontraba
qué comer ni qué beber.

Y esta Vieja no tenía
ni un ranchito en qué vivir
fuera de una casa grande
con su huerta y su jardín.
Nadie, nadie la cuidaba
sino Andrés y Juan y Gil
y ocho criados y dos pajes
de librea y corbatín.

Nunca tuvo en que sentarse
sino sillas y sofás
con banquitos y cojines
y resorte al espaldar.

Ni otra cama que una grande
más dorada que un altar,
con colchón de blanda pluma
mucha seda y mucho holán.

Y esta pobre viejecita
cada año hasta su fin,
tuvo un año más de vieja
y uno menos que vivir.

Y al mirarse en el espejo
la espantaba siempre allí
otra vieja de antiparras,
papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita
no tenía qué vestir
si no trajes de mil cortes
y de telas mil y mil.

Y a no ser por sus zapatos
chanclas, botas y escarpín,
descalcita por el suelo
anduviera la infeliz.

Apetito nunca tuvo
acabando de comer,
ni gozo salud
cuando no se hallaba bien.

Se murio de mal de arrugas,
ya encorvada como un tres
y jamás volvió a quejarse
ni de hambre ni de sed.

Y esta pobre viejecita
al morir no dejó más
que onzas, joyas, tierras, casas,
ocho gatos y un turpial.

Duerma en paz, y Dios permita
que logremos disfrutar
las pobrezas de esa pobre
y morir del mismo mal

Simón el bobito


Simón el bobito llamo al pastelero
«A ver los pasteles! ¡los quiero probar»
si, repuso el otro pero antes yo quiero
ver ese cuartillo con que has de pagar.
Buscó en los bolsillos el buen Simoncito
dijo:«¡De veras! no tengo ni unito»
A Simón Bobito le gusta el pescado
y quiere volverse también pescador,
y pasa las horas sentado, sentado,
pescando en el balde de mamá Leonor
.
Hizo Simoncito un pastel de nieve
y a asar en las brasas hambriento lo echó,
pero el pastelito se deshizo enbobito2 breve,
y apagó las brasas y nada comió.
.
Simón vio unos cardos cargando ciruelas
y dijo «¡ bueno! las voy a coger!»
pero peor que agujas y puntas de espuelas
le hicieron brincar y silbar y morder.
.
Se lavó con negro de embolar zapatos
porque su mamita no le dio jabón,
y cuando cazaban ratones los gatos
espantaba al gato gritando: «¡ratón!».
.
Ordeñando un día la vaca pintada
le apretó la cola en vez del pezón;
y ¡aquí la Vaca! le dio tal patada
que como un trompito bailó con Simón.
.
Y cayó montado sobre la ternera
y doña Ternera se enojó también,
y ahí va otro brinco y otra pateadera
y dos revolcadas en un santiamén.
.
Se montó en un burro que halló en el mercado
y a cazar Venados alegre partió,
voló por las calles sin ver un venado,
rodó por las piedras y el asno se huyó.
.
A comprar un lomo lo envió taita Lucio,
y él lo trajo a casa con gran precaución
colgado del rabo de un caballo rucio
para que llegase limpio y sabrosón.
.
Empezando apenas a cuajarse el hielo
Simón el Bobito se fue a patinar,
cuando de repente se le rompe el suelo
y grita: «¡Me ahogo! ¡Vénganme a sacar».
.
Trepándose a un árbol a robarse un nido,
la pobre casita de un mirlo cantor,
desgajase el árbol, Simón da un chillido,
y cayó en un pozo de pésimo olor.
.
Ve un pato, le apunta, descarga el trabuco;
y volviéndose a casa le dijo al papá:
taita, yo no puedo matar pajaruco
porque cuando tiro se espanta y se va.
.
Viendo una salsera llena de mostaza,
se tomó un buen trago creyéndola miel,
y estuvo rabiando y echando babaza
con tamaña lengua y ojos de clavel.
.
Vio un montón de tierra que estorbaba el paso
y unos preguntaban: «¿Qué haremos aquí?»
-«¡bobos!» dijo el niño resolviendo el caso;
que abran un grande hoyo y la echen allí.
.
Lo enviaron por agua, y él fue volandito
llevando el cedazo para echarla en él:
así que la traiga el buen Simoncito
seguirá su historia pintoresca y fiel.

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Mirringa Mirronga

Mirringa Mirronga la gata candonga
va a dar un convite jugando escondite,
y quiere que todos los gatos y gatas
no almuercen ratones ni cenen con ratas.

A ver mis anteojos, y pluma y tintero,
y vamos poniendo las cartas primero.
Que vengan las Fuñas y las Panfarriñas,
y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.

Ahora veamos qué tal la alacena.
Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena!

Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.
¡Qué amable señora la dueña de casa!
Venid mis michitos Mirrín y Mirrón,
id volando al cuarto de mamá Fogón
por ocho escudillas y cuatro bandejas
que no estén raj adas, ni rotas ni viejas.

Venid mis michitos Mirrón y Mirrín,
traed la canasta y el dindirindín,
¡y zape, al mercado! que faltan lechugas
y nabos y coles y arroz y tortuga.

Decid a mi amita que tengo visita,
que no venga a verme, no sea que enferme,
que mañana mismo devuelvo sus platos,
que agradezco mucho y están muy baratos.

¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran!
¡Que quiten el polvo, que frieguen, que barran!
¡Las flores, la mesa, la sopa! ¡Tilín!
Ya llega la gente. ¡Jesús, que trajín!

Llegaron en coche ya entrada la noche
señores y damas, con muchas zalemas,
en grande uniforme, de cola y de guante,
con cuellos muy tiesos y frac elegante.
Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta
en una cabriola se mordió la cola,
mas olió el tocino y dijo «¡Miaao!».
«¡Este es un banquete de pipiripao».
Con muy buenos modos sentáronse todos,
tomaron la sopa y alzaron la copa;
“ el pescado frito estaba exquisito
y el pavo sin hueso era un embeleso.
De todo les brinda Mirringa Mirronga:
«¿le sirvo pechuga?» – «Como usted disponga»
«y yo a usted pescado, que está delicado».
-«Pues tanto le peta, no gaste etiqueta:
repita sin miedo». Y él dice: «Concedo».
Mas ¡ay! que una espina se le atasca indina,
y Ñoña la hermosa que es habilidosa
metiéndole el fuelle le dice: «¡Resuelle!»,
Mirriña a Cuca le golpeó en la nuca
y pasó al instante la espina del diantre,
sirvieron los postres y luego el café,
y empezó la danza bailando un minué.
Hubo vals, lanceros y polka y mazurca,
y Tompo que estaba con máxima turca,
enreda en las uñas el traje de Ñona
y ambos van al suelo y ella se desmoña.
Maullaron de risa todos los danzantes
y siguió el jaleo más alegre que antes,
y gritó Mirringa: «¡Ya cerré la puerta»,
¡mientras no amanezca, ninguno deserta».
Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia
y armó un gatuperio un poquito serio
dándoles chorizo de tío Pegadizo
para que hagan cenas con tortas ajenas.