Un curioso testamento

« en L. Lectura Alvaro Marín»

hand-325321_1280Cuando el envejecido don Justiniano Leal entró en la notaria,
los empleados y las gentes que en ese momento estaban ahí suspendieron sus gestiones y lo miraron de arriba a abajo, con gran curiosidad. Se sabía que era un hombre rico, solitario y un tanto excéntrico en su manera de pensar.

__Vengo a dictar mi testamento, dijo con voz fuerte con intenciones de ser oído por todos.

El notario lo miró, tomó un lápiz y calmadamente le respondió:

_Estoy para servirlo, señor Leal. Puede principiar cuando quiera.

__Advierto, replicó don Justiniano, que mis únicos herederos son cinco virtudes.

__¿Virtudes dice usted?, comentó el notario. Las virtudes no son personas y por lo tanto no pueden ser designadas como herederas.

__¡Ah, Y un perro, agregó don Justiniano, sin tomar en cuenta la observación del notario.

__Cinco virtudes y un perro.? exclamó el notario. Ahora entiendo menos, don Justiniano.

__Me explicaré mejor, señor notario. Yo sé que las virtudes no son personas y por lo tanto….

__Y por lo tanto no podrán figurar en su última voluntad señor Leal.

__Así es. ¿Pero si esas virtudes están encarnadas en personas?

__¡Ah! Eso es otra cosa don Justiniano. ¿Pero el perro?.

__A su tiempo se enterará mejor de lo del perro, si usted tiene paciencia de copiar con exactitud lo que le voy a dictar.

__Puede usted empezar, don Justiniano, Dícteme despacio y muy claro, por favor.

Y don Justiniano le dictó al notario el siguiente testamento.

__Yo, Justiniano Leal, comerciante retirado, habiendo cumplido con todos los requisitos legales que se necesitan para otorgar testamento y estando en pleno uso de mis facultades mentales, declaro que la totalidad de mi fortuna que consiste en la suma de un millón de pesos, depositados en los bancos de la ciudad, se distribuya entre las siguientes virtudes.

__Virtudes nó don Justiniano

__Insisto en que lo que trato de premiar son virtudes, manifestó impacientemente don Justiniano.

__Está bien. Puede continuar, replicó el notario.

__Decía que entre las siguientes virtudes, encarnadas en las personas que a continuación expreso

__Un cuarto de millón o sea la suma de doscientos cincuenta mil pesos, debe entregársele a la señorita Irene Rosillo porque cuando hace muchos años fuí detenido injustamente por la policía acusado de un delito que no había cometido, creyó en mi inocencia,, no me abandono y estuvo lista a presentarme cuantos servicios fueran necesarios. Me hizo conocer la bondad.

El notario levantó la cabeza un momento, le dió una rápida mirada a don Justiniano y volvió a agacharse.

__Deseo que el segundo cuarto de millón sea puesto en manos de Lisandro Martínez, albañil de profesión, porque la mañana de un domingo, en un parque, dónde él paseaba con sus hijos pequeños, me dió un síncope y el corrió a socorrerme, después de que le encargó sus niños a una señora; me condujo a una droguería cercana, pago de su bolsillo los remedios y luego me llevo en un taxi hasta mi casa: supe qué es la confraternidad.

__Le parece que voy bien señor notario? pregunto don Justiniano, después de un breve acceso de tos.

__No tengo ninguna objeción que hacer hasta ahora, señor Leal. Figuran en su testamento dos herederos la señorita Irene Rosillo y el señor Lisandro Martínez.

__Y dos virtudes señor notario: bondad y confraternidad.

__Muy bien, don Justiniano. Le ruego continuar.

__Debe entregársele igual suma, es decir, doscientos cincuenta mil pesos, a la señora María Carmen Garnica, propietaria de una fonda en la plaza de mercado, porque una vez que me acerqué a su modesto y popular establecimiento le pedí un caldo; ella me tomó por un mendigo y no me quiso cobrar, hecho que repitió siempre que, ocasionalmente, fuí hasta allá. Entendí qué es la caridad.

__El último cuarto de millón debe entregársele al señor Basilio Eduardo Torres, porque en mi última enfermedad, en el hospital, nos correspondió compartir el mismo cuarto y él olvidándose de sus propias dolencias, se levantaba a atenderme. Me dió una clara lección de lo que es la generosidad.

__Completamos así el millón, ¿no es verdad señor notario?

__Efectivamente señor Leal. Queda distribuido entre cuatro personas exactamente, pues cada una de ellas recibe doscientos cincuenta mil pesos.

__Entre cuatro virtudes, expresó con voz firme don Justino: bondad, confraternidad, caridad y generosidad. Y ahora, continuó, deseo completar mi testamento.

__Lo oigo con mucha atención, manifestó el notario.

En este momento don Justiniano asumió una dramática actitud, tratando de llamar aún más la atención de quienes ahí estaban.

__Por último, es mi voluntad que estas cuatro personas recojan y cuiden, por turnos, un perro sin dueño que diariamente recorre lis alrededores de la carnicería, cerca de mi casa, donde pueden, identificarlo por el nombre de 《chacho》. Me acompañaba en mis pasos de enfermo y por él conocí lo que es la verdadera amistad.

__Vuelvo a preguntar: ¿esta todo correcto señor notario?

__Creo que sí, don Justiniano, pues nada le impide legalmente disponer de su fortuna como le parezca. Mi obligación es guardar este documento en su respectivo sitio para que, llegado el momento, se proceda de acuerdo con sus deseos. Pero quería hacerle una pregunta y sus parientes?

__¿Parientes? No los tengo, Mis padre y hermanos murieron hace ya bastante tiempo!
Y dicho esto, solemne y satisfecho, don Justiniano se despidió del notario y se alejo.

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