El hombre que se arrepintió de su invento


« en L. Lectura Alvaro Marín»

cartoon-145337_1280Destrucción, muerte, guerra! En alguna de estas cosas, o en todas pensamos cuando llega a nuestros oídos la palabra dinamita.
      Y es probable que al mencionarla o leerla no nos acordemos, ni aún sepamos, el nombre del químico genial que puso en manos de la humanidad el más terrible elemento de destrucción conocido, hasta antes de la actual era atómica.
Alfredo Nóbel, industrial sueco, fué el inventor de la dinamita cuando tenía treinta tres años de edad., en 1886.
      Nóbel odiaba la violencia en todas las formas. Decía que las únicas batallas que era preciso ganar debían ser contra la ignorancia y la miseria y las enfermedades. Y sin embargo, sin así quererlo, suministró a los hombres un elemento brutalmente destructivo.
      La pasión por los inventos y el deseo de llegar a ser un líder en el mundo de los negocios, impulsaron asidua y permanentemente a Nóbel al estudio de las ciencias experimentales. Era hijo de un hombre de reconocido mérito científico y había crecido al igual que sus hermanos, en ambiente de laboratorios, ensayando sustancias, muchas de ellas terriblemente peligrosas.
      Pero Nóbel no tuvo otro pensamiento, cuando afanosamente trataba de encontrar la fórmula de la dinamita, que descubrir algo que facilitara la construcción de ferrocarriles puentes, carreteras y grandes obras de ingeniería. Al mismo tiempo se aliviaría pensaba, la tarea de los obreros cuya vida se agotaba, al tratar de abrir brechas en las duras rocas. La pólvora servía a medias pues su fuerza expansiva resultaba débil. Es verdad que ya la familia Nóbel tenía la patente industrial de la nitroglicerina, pero su uso práctico era casi imposible, pues se aplicaba en forma líquida y estallaba al menor choque.
      En el curso de un experimento, su hermano menor Oscar y otras cuatro personad quedaron destrozadas. Y como resultado del espanto que le produjo una explosión, su padre quedó paralítico. Pero estas desgracias, que con seguridad hubieran desalentado a otro, no desanimaron al joven inventor sueco. Estaba él llamado a iniciar una nueva etapa en el desarrollo científico de la humanidad.
      Un día de 1886, Alfredo Nóbel notó, al entrar en su laboratorio, que un poco de nitroglicerina goteaba de un recipiente averiado y caía sobre una especie de greda espesa que había al pie. La greda absorbía la nitroglicerina y formaba una sustancia pastosa. Por el cerebro e Nóbel pasó como un rayo a idea de que esa podría ser la fórmula que él buscaba, es decir que la nitroglicerina fuera absorbida y retenida por otra sustancia para que, en esta forma, solamente estallara al recibir el fogonazo de un fulminante, Así su poder destructivo se aumentaría como jamás se había pensado, y se podría manejar sin peligro.
      Nóbel perfeccionó el experimento y lanzó al mercado el nuevo producto. Recibió el nombre de dinamita.
      Fundó poderosas fábricas y el dinero empezó a acumularse en sus manos en forma gigantesca. Se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo.
      Pero al darse cuenta que el producto comenzaba a utilizarse para destruir la propia humanidad, en espantosas batallas y de que los gobiernos seguían almacenando fabulosas cantidades con fines agresivos, la tristeza se apoderó de su espíritu. 《Yo debí morir en la cuna》exclamó un día, lleno de amargura. Y de ahí en adelante, melancólico y solitario, iba de país en país, en busca de repiso para su atormentado espíritu.
      Lo embargaba la idea de cómo, en que firma, podría reparar, siquiera en parte, el daño involuntario causado por él a la especie humana.
      Y al final de sus días creó una gran recompensa en dinero que se conoce con el nombre de “Premio Nóbel”, en favor del estadista o intelectual que en ese año haya luchado más por la paz. Quiso demostrar así, una vez más, su odio a la guerra. También estableció premios para los mejores trabajos en química, física, medicina y literatura.
      El nombre de Nóbel se repite todos los años, no tanto en relación con la dinamita sino asociado a las extraordinarias personalidades que afanosamente luchan por la paz, en todo el mundo.

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