El mito de Chiminigagua

«Jesús Arango Cano en  L. Lectura Felix A. Soler»

(Leyenda colombiana)

En el panteón de los dioses chibchas, Chiminigagua ocupa lugar de preeminencia, por ser, en su cosmogonía, una divinidad creadora.
Según relatos, acopiados por los cronistas que llegaron con los conquistadores, el mundo, en sus orígenes, se hallaba en tinieblas, en la oscuridad absoluta. Pero, un buen día, Chiminigagua quiso iluminar el universo y, para el efecto, envió por el cosmos infinito, dos grandes aves negras, a que lo recorrieran dándole lumbre. Esto hicieron esparciendo un vapor incandescente, que arrojaban por el pico. Y se hizo la luz.
Todavía más, a este dios se le debe la creación del universo y de todas las maravillas de la tierra.
Creó el fulgente astro -el Sol- para darle calor y lumbre al mundo, siendo, el mismo, el Sol, la Luz. Por eso, cuando los chibchas adoraban el Sol, en realidad veneraban al supremo creador, no obstante que muchos también reconocieron en el astro rey la personificación de
Bochica. Pero como Chiminigagua era el dios supremo, las demás divinidades, y los símbolos que las representaban, eran, tan sólo, un camino hacia ese dios absoluto.
Sin embargo, a pesar de la grandeza de este dios omnisapiente, los chibchas, por lo que sabemos, no le rendían ofrendas y sacrificios, como si hacían con otras divinidades inferiores de su majestuoso olimpo.
Era el dios de los dioses, pero de él únicamente se recordaba que había creado la luz, sacando el mundo de la tenebrosa oscuridad. Era, en fin, el supremo hacedor del universo, pero no era el dios tutelar y protector de su pueblo; no era un dios beligerante y perpetuamente activo. Era, más bien, un dios estático, omnipotente, omnisciente, que se
recreaba a través de siglos infinitos en la grandeza de su esplendorosa creación.
En cierto modo, Chiminigagua parecíase al Zeus griego, al Júpiter romano y al Odín de los escandinavos. Para los chibchas, Chiminigagua tenía el mismo significado que Hunab-ku-,para los mayas, o de Itzamná- hijo de Hunab-ku-, creador del universo. O, también, al dios
todopoderoso de la mitología peruana, Pachacámac, “el que sostiene y vivifica el universo”.
Así, en la cosmogonía de todos los pueblos del mundo, a través de todas las edades, siempre ha existido un dios supremo, excepción hecha hoy de los países comunistas, que son ateos por excelencia, que dio forma y vida al universo. Este dios, indefectiblemente, ha tenido lugar preferido en las leyendas y mitos, pero no en el caso de los chibchas,
quienes no lo relacionaban con el diario vivir, sino que, más bien, permanecía como algo abstracto y del que no se preocupaban nunca. Era un dios supremo, nada más; o sea sin boato de ninguna naturaleza, sin manifestaciones ardorosas de una fe ciega e irreflexiva. Este dios era Chiminigagua.

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