Archivo de la categoría: Rafael Pombo

Las redoblantes

«Rafael Pombo»


Hay muchas niñas parleras,
en quienes la educación
de los músculos vocales
tal perfección alcanzó
antes que hiciesen la suya
la modestia y la razón,
que parece que habla sola
su boquita, y muy veloz,
sin intervención ninguna
de autoridad superior;
y tántas y tales cosas
ensartan sin ton ni son,
que redoblan despropósitos
como redobla un tambor.

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El pajarito de oro

«Rafael Pombo»

Despiértenme muy temprano,
que quiero al campo ir a ver
aquel pajarito de oro
que canta al amanecer.
Dicen que nada hay más lindo
ni trina con tal primor,
pero que nadie lo ha visto
pasando el primer albor.
De rubíes y esmeraldas
bordado su cuerpo está,
y hay en su frente una estrella
que alumbra por donde va.
y es pajarito casado,
siempre anda con su mujer,
y al cantar conversan juntos
y hapajaritosta se dan a entender.
El repite rico, rico,
a cuantos niños lo ven;
y ella linda, linda, linda
dice a las niñas también.
Y cuentan que los muchachos
que suelen dar madrugón
para ir a ver su hermosura
y oír su conversación,
paran en hombres muy ricos,
como el pájaro anunció,
y en muchacha muy graciosa
la que sin gracia nació.
La aurora quiere a los niños,
ella su color les da,
con ese brillo y frescura
que alumbra por donde va.
y aquel pajarito de oro
que canta al amanecer,
es su niño, y nos convida
a que lo vamos a ver.

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La niña curiosa

«Rafael Pombo»


Curiosa, perversa.
estúpida, es Pepa.
Tuvo una muñeca
muy guapa, muy bella,
vestida de fiesta,
cual una princesa,
con rizos y medias
y aretes de perlas.
Amábala tierna,
dormía con ella,
y siempre, doquiera
llevábala a cuestas.
Mas, ¡ay! que las necias
no duran contentas;
sus bienes no aprecian
ni el de otros respetan
un día que a Pepa
la indujo pateta
a darse fiel cuenta
de cosas secretas,
armóse tremenda
con unas tijeras
y asiendo con fuerza
la linda muñeca
la zaja, la opera
la hurga la observa.
De rizos a piernas,
destroza sus prendas,
por dentro y por fuera;
la vuelve miseria,
y ¡oh grande sorpresa!
¡qué chasco! ¡qué pega!
la mona no encierra
ni un chícharo: ¡Es hueca!
al punto la necia
en llanto se suelta,y muérdese,
y pégase,y grita frenética:
“¡oh bárbara! ¡oh bestia! ¡ay! ¡pobre
Muñeca! ¡curiosas polluelas! cuidado,
¡Que os pesa!

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La limosna

«Rafael Pombo»


Iba Matilde para su escuela
ágil, gustosa, de buen humor,
cuando un anciano que el hambre hiela
una limosna le demandó.
Ella al momento sondó el bolsillo
ansiando hacerle la caridad,
pero, ¡la pobre! no halló un cuartillo;
¡mortificante contrariedad!
¿qué hizo Matilde? Vacióle entonces
su otro bolsillo, la provisión
con que pensaba tomar las onces
en el descanso de la lección.
Y dijo: “Almuérza, doliente amigo;
“siento en el alma no tener más,
“mas si otras veces te hallas conmigo
“mejor provista me encontrarás.”
y siguió andando veloz, contenta
pues no hay delicia como hacer bien;
y así dio al Cielo muy buena cuenta
y a su maestro la dio también.

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El Paseo

«Rafael Pombo»

Hermosa está la mañana;
y como Sara y Mariana
y Valentín y Ramón
han dado bien la lección,
se decreta un gran paseo
con tal de que con aseo
toda la gente se vista.
hé allí la canasta, lista
con fiambre de tomo y lomo.

¡Vámonos, o me lo como!
ataos bien los sombreros,
muchachos y caballeros,
porque vamos a apostar
al que más rápido corra,
y aquel que pierda la gorra
tiene después que ayunar.
nombro capitán a Irene,
y el ama irá con el nene.

Iban ya por el portón
cuando el amable Ramón
sabiendo que la criada
estaba medio baldada,
detúvose con placer
para ayudarle a meter
la leña de la cocina.
y el padre al verlo exclamó:
-“Al que ayuda, lo ayudó
“la Providencia Divina”.

En cuanto al bobo de Máximo,
como la lección dio pésima,
quedó encerrado estudiándola
con una cara famélica.
“¡ay!” rezongaba, “¡qué lástima!
“¡que un día tan lindo, qué pérdida!”
y a sus pies gruñía -“¡Embrómate!”
su condiscípula América.

Ya llegaron. Hizo alto la gente
en un campo a la orilla del río.
Desataron las chicas el lío
y empezaron metiéndole diente
Valentín desafió guapamente
a correr, y ganó el desafío.
Sara, Irene, Mariana y Dolores
entretanto jugaban con flores,
y tejieron coronas tan bellas
que adornaron las gorras con ellas.
Luégo entraron a un bote pintado
y pasaron de un lado a otro lado.

Cuando el fiambre se acabó
se hizo el dormido papá
y a Sarita le ocurrió
ver qué tan dormido está.
trajeron montones de heno
para echárselos encima;
él da un brinco de lo bueno
así que a ella se le arrima.
y le dice: “¡Ah picarona!
“El enemigo está preso,
“Y en pena de su intentona
“tiene que dejarme un beso”.

Al punto que regresan del paseo
va Mariana a buscar a Maximino
llevándole la fruta más hermosa
que le tocó del suculento avío.
Abre la puerta de la odiosa cárcel,
América se escapa dando un brinco
y cansado de libros y muñecas
estaba el niño Máximo dormido.

Los demás fueron al cuarto
De su dulce tía Victoria
Y le contaron la historia
De la excursión, y el reparto
De la gran manducatoria.
Nada quedó por decir,
Y después de repetir
Todo, todo la otra hermana,
Se marcharon a dormir;
Con lo cual, hasta mañana.

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Las peleadoras


La mamá de Blanca y Rosa
trajo de la calle un día
una muñeca preciosa,
vestida como una diosa,
de seda y argentería.
“¡Para mí, ¡No! ¡para mí”
gritó al verla cada una;
y ella les dijo: ¡Alto ahí!
si la disputáis así
será más bien de ninguna.
°°°°°
Voy a dársela esta noche
a quien se porte hoy mejor;
y si os portáis sin reproche
todas dos, a la otra un coche
daré del mismo valor.
°°°°°
La madre condescendiente
dejó que una y otra niña
viesen de cerca el presente;
tomáronlo, y prontamente
entre las dos se armó riña;
pues cada cual se empeñó
con manos, uñas y brazos
en que a ella se le dio
la muñeca; y resultó
que el dije se hizo pedazos.
°°°°°
No hay cosa más tonta y fea
que dos niñas peleando;
las detesta el que las vea,
y pierden en la pelea
eso que están disputando

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Arrullo

Duérme, duérme, vida mía;
No más juego y parlería.
Ciérra, ciérra los ojitos,
Que los ángeles benditos
Mientras haya quien los vea
No te vienen a arrullar.
°°°°
Duérme pronto, dulce dueño,
Que yo misma tengo empeño
De quedarme dormidita
Y gozar de la visita
De esos ángeles que vienen
A mecerte y a cantar.
°°°°
Duérme, duérme vida mía,
No se vayan a enfadar.
Duérme, duérme, ya que vienen
Y dormido los verás,
Que te mecen y remecen
Y te besan a compás.

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