La rosa y el tulipán

«Rafael Pombo»


Aunque vecinos Tulipán y Rosa
en jardín hechicero,
y ambos en hermosura peregrinos,
la Rosa cayó en gracia al jardinero,
y de sus manos recibir solía
mayor cariño y preferente esmero.

Tal vez aun entre flores el gorgojo
de los celos acosa;
ello es que el Tulipán vio de mal ojo
los cariños del amo, y ya creía
que requebrar y acariciar la Rosa
era su oficio todo el Santo día.

Esto dio punto al sufrimiento. Al cabo
díjole en voz quejosa:
“¿Por qué así me desquieres, jardinero?
¿Qué te hice yo? ¿mis gracias no merecen
una caricia tuya? ¿mis colores
mas varios y brillantes no aparecen
que el de aquella vecina
perpetuamente carirroja, al modo
de ordinaria y estulta campesina?
¿Por qué para ella es tu cariño todo
y  nada para mí?”

No hables al aire,
soberbio Tulipán, contestó el dueño;
harto admiro tu pompa, y no hay desaire
en darte a la medida de tus gracias
mi cuidadoso empeño.
pero sabrás que de su copa escancia
y que a un banquete de simpar fragancia
con sus aromas al pasar me invita;
y allí el largo deleite encuentro ufano
que en la mera hermosura busco en vano.

La que no es más que hermosa
Llámese Tulipán, pero no rosa.

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