El mohan

«Misael Devia en  L. Lectura Felix A. Soler»

Es el más legendario, conocido y respetado mito del Tolima. Se puede decir que es el personaje más importante de la mitología tolimense. Su figura varía de un lugar a otro: en Ambalema es un hombre pequeño, muy musculoso de pelo “candelo”, ágil vivaracho tan social ue muchas veces salía a mercar en compañia de los demas. En Chenque, en cambio, es un hombre de mediana edad, alto, de nariz aguileña, ojos negrísímos, larga y espesa
barba, largos y abundantes cabellos, boca grande bien formada y dentadura toda de oro. Tenía muchas alhajas en los dedos, de puro oro, y con piedras preciosas que brillaban en la inmensidad de las aguas. Habitaba un magnífico palacio construido de oro puro en las moyas profundas, en los remolinos.
Se le ve, por ejemplo, pescar por la playa, río arriba en medio de la oscuridad, y cuando amenaza lluvia, se oye a intervalos regulares el chapoteo de la atarraya cada vez que hace un lance; también lo han visto bajar por la playa, con una sartada de bocachicos anudada a la cintura; lo han encontrado sobre una roca peinándose los largos cabellos, robándose los anzuelos, hoguereando un “viudo enterrado”, haciendo café en la playa o cantando muy quedo a la orilla de los grandes ríos; se escuchan también, sus risas ante las imprecaciones de algún pescador que lucha por desenredar la red que él mismo le ha enredado.
Persigue el Mohán a los hombres que pescan en jueves santo o a los que en el viernes echan más lances de los autorizados; a los que por pescar en día de fiesta no oyen la Santa Misa; a los que maldicen y son inconformes con la pesca. A estos les enreda o ahoga las redes, les roba el pescado o ahuyenta los peces; les roba los anzuelos, las camadas o los enseres de pesca; los desorienta en el río, recoge los anzuelos y destruye las estacadas; hace crecer el río misteriosamente y cuando está muy colérico hace ahogar a los pescadores.
Para alejar las influencias y molestias del Mohán, por parte de los pescadores, hay que bautizar la atarraya; este bautizo consiste en soltar el primer pez que se pesque en su seno; pescar con paciencia y sin protestar por la mala suerte de las pesquerías; no pescar en los días santos, no abusar de la pesca, ni renegar en los ríos; ser bondadoso y regalar parte del pescado entre los vecinos, llevar siempre un escapulario al cuello; y en fin ser honrado y buen pescador.

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