Leyenda Chami

«Teresa Arango Bueno en L. Lectura Felix Antonio Soler»

Las ranas pierden su rabo

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«Había una gran fiesta en el cielo y el sapo tenía muchas ganas de asistir a ella; pero como los sapos no tienen alas, se arregló de la siguiente manera
para que lo llevara allá el gallinazo, que sí las tiene.

«Se fue donde su mujer y la amonestó para que, luego que viniera gallinazo por un costalito que debía llevarle al cielo, necesario para la fiesta, se lo entregara. Luego se fue donde gallinazo, y le dijo:

«Yo no puedo ir a la fiesta esa pero como quiero contribuir a ella te ruego que me lleves una mochilita donde voy a meter algunos víveres para mis amigos que van a ella.

«Gallinazo dijo que si y convinieron la hora. Entonces, sapo se fue a su casa; se metió en una mochila y se quedó quietico esperando. Llegó gallinazo y le pidió a la mujer la mochila que el sapo le había encargado. Se la echó a la espalda y salió volando para las nubes. ¡Rrrrrr!. . ¡Rrrrrrl. .. Ya estaba muy alto gallinazo cuando se puso a decir: “Si quiera no vino a la fiesta el hablador ese del sapo, que se pasa toda la noche contando todo lo que ve”. De dentro de la mochila el sapo le dijo: -¡Aquí estoy!

«Pero como ya estaba tan cerca del cielo, gallinazo lo acabó de llevar, lo descargó allá y estuvieron juntos en la magnífica fiesta.

«Cuando ya llegaba la hora de la bajada, sapo se puso a brindarle vino de palma al gallinazo para que se emborrachara y no se diera cuenta de lo que el iba a hacer. Cuando gallinazo se disponía a volver a la tierra de nuevo, sapo se le montó encima sin que él se diera cuenta.

«Vueltas y vueltas iba dando el gallinazo mientras decía: “Me saqué el clavo, porque el sapo se va a quedar varado allá en la altura”. Desde su espalda, de donde iba agarrado de patas y manos el sapo, le respondió:

«-¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy!

«Entonces, gallinazo se puso a dar volteretas y a sacudirse las plumas para que el sapo se cayera y se destortillara. La situación para sapo era desesperada.

«Cuando ya estaban bajitos y gallinazo más se revolvía, sapo pensó:

«“Voy a botarme porque esto es insufrible”. Y vio una piedra que le pareció chiquita y a propósito para brincar sobre ella. Y se tiró de bruces. Fue tal el golpe, que sapo se rompió el rabo, y llorando decía: “Si de esta escapo y no muero, nunca más fiestas al cielo”.

«Desde entonces, los que toda la noche dicen en la laguna y los pantanos cuá, cuá, cuá, no crían rabo.

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