Historia de Simbad el marino

Vivía en Bagdad un pobre mandadero que se llama Himbad. Fatigado un día de gran calor con el peso de su carga, se paró en una calle estrecha donde reinaba un fresco agradable y perfumado que convidaba a tomar algunos momentos de descanso.
Sentóse frente a un gran edificio, en el que se celebraba sin duda algún festín, a juzgar por los instrumentos músicos que se oían en unión de ese ruido especial que produce siempre la alegría de los convidados. Quiso el buen mandadero averiguar lo que hubiese, y dirigiéndose a uno de lis criados que estaban en el pórtico le preguntó el nombre del dueño de la casa.
__¿Es posible __exclamó el criado__ que vos, vecino de Bagdad. Ignoréis que vive en este palacio el célebre Simbad el Marino, ese famoso viajero que ha recorrido todos los mares que alumbra el sol?
El mandadero había oído, en efecto, hablar de la opulencia del señor Simbad, y no pudo prescindir de comparar las riquezas y el bienestar de éste con la miseria a la que él se veía reducido y los afanes que le costaba mantener a su numerosa familia. Nuestro hombre, entregado a un acceso de desesperación, vio salir del palacio a un criado que le dijo:
__Seguidme; mi amo, el señor Simbad, quiere hablaros al momento __ y condujo al asombrado Himbad a una gran sala donde estaban varias personas alrededor de la mesa del banquete, compuesto de exquisitos manjares.
Véiase en el sitio de honor a un hombre grave, de aspecto respetable y de larga barba blanca. Era Simbad el Marino, que al notar la turbación natural del mandadero, se acercó a él, le sirvió de comer y de beber con el mayor agrado, tratándole de hermano, según la costumbre de los árabes. Concluida la comida, dijo Simbad al mandadero que había escuchado sus exclamaciones desde la ventana, y que iba a sacarle del error en que se encontraba, al creer, sin duda, que había adquirido sus riquezas sin trabajos ni penalidades de ninguna especie.
__Si, señores __continuó Simbad dirigiéndose a los convidados, después de que el pobre mandadero murmuró algunas palabras de excusa__, he sufrido mucho durante una larga serie de años, y los peligros de mis aventuras en los siete viajes que he hecho exceden a cuanto pueda concebir la imaginación. Voy a relataros mi historia para que os sirva de recreo y de enseñanza al hermano Himbad, que hace poco se lamentaba de su triste suerte. ir a primer viaje.   volver a índice

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