7.2. Historia del proveedor

Señor, una persona de categoría me invitó ayer a la boda de una de sus hijas. Después de la ceremonia se sirvió un banquete en el que cada cual comió lo que era de su gusto entre los infinitos manjares que nos presentaron. Pero observamos que uno de los convidados no probaba ninguno de los platos condimentados con ajo, y como le invitáramos a seguir nuestro ejemplo nos contestó:
__Me guardará muy bien de tomar alimentos aliñados con ajo, pues no puedo olvidar lo que me sucedió la última vez que lo hice.
Le rogamos que nos contase el hecho, pero el dueño de la casa, sin darle tiempo para responder, le preguntó:
__¿Es asi como hacéis honor a nuestra mesa?
__Señor __contestó el convidado, que era un mercader de Bagdad__, os obedeceré, por no disgustaros; pero a condición de que, después de comer, me he de lavar las manos cuarenta veces con álcali, cuarenta con ceniza y otras cuarenta con jabón.
__Haced, pues, como todos mis convidados __repuso el dueño de la casa__, esto es, comed, que álcali, ceniza y jabón no ha de faltaros.
El mercader alargó la mano, tomó un bocado y se lo llevó a la boca con visible repugnancia; pero entonces notamos, con la natural sorpresa, que sólo tenía cuatro dedos en la mano.
__¿Cómo habéis perdido el dedo pulgar? __le preguntó al anfitrión.
__Señor __contestó el mercader__, también he perdido el pulgar de la mano derecha así como el de los pies, y estoy cojo por un percance inaudito que os contaré con agrado, si me permitís que antes me lave las. manos. Historia del convidado
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