7.1. Historia del mercader cristiano

image001eñor, antes de comenzar el relato ofrecido, os diré que yo soy extranjero en este país pues nací en Egipto, en la ciudad de El Cairo. Mi padre era corredor y había reunido grandes riquezas. Yo, siguiendo su ejemplo, abrece su profesión.. Hallándozne un dia en El Cairo, se me acercó un joven mercader, montado en un asno, me saludó, y enseñándome una muestra de trigo que llevaba en un pañuelo, me preguntó a cómo se vendía. entonces la fanega. Examiné el trigo y le contesté que la fanega costaba cien dracmas de plata. __Pues bien __me contestó-, si hay mercaderes que lo compren a ese precio, id a. encontrarme en la puerta de la Victoria, a un Kan que veréis aislado del resto de los edificios. Dicho esto, se marchó, dejándome la muestre de trigo que yo me apresuré a enseñar a muchos mercaderes, todos los cuales me dijeron que les comprase cuanto pudiese, a razón de ciento diez dracrnas la fanega.
Contento con la ganancia que esta operación me proporcionaba, me dirigí a la plaza de la Victoria, donde me esperaba el joven.
Este me condujo a. sus almacenes, que estaban atiborrados de grano, y cargamos varios asnos con ciento cincuenta fanegas de trigo. __De la cantidad recaudada __me dijo, una vez hecha la venta__, os corresponden quinientas dracmas. El resto, o sea todo lo que de esa suma me pertenece, os ruego que lo guerdéis hasta que yo os lo reclame.
A1 cabo de un mes se me presentó, diciéndome:
__¿ Dónde están las cuatro mil quinientas dracmas que me debéis?
__En lugar seguro __le conteste__, y ahora mismo os les voy a. entregar.
__No las necesito __replicó__. Ya vendré a. recogerles cuando haya gastado todo lo que poseo ahora. Se que están en buenas manos.
Y se marchó.
__Bueno __dije para mi__, traficaré con esa cantidad y así podré obtener una buena ganancia.
Transcurrido un año, volvió a. presentárseme, pero observé en él una tristeza que me dio que pensar, y le invité a pasar a mi casa.
__Entraré esta vez __me dijo, apeándose de su burro. Cuando la comida estuvo preparada nos sentamos a la mesa, y desde los primeros bocados observé que comía con la mano izquierda.
Terminado el banquete y cuando mis servidores hubieron levantado los manteles, nos sentamos ambos en un diván y le presenté un plato de confites para que se endulzase la boca. Noté que también los cogía con la mano izquierda.
__Señor __le dije entonces intrigado__, ¿sería indiscreción preguntaros por qué no os servis de la mano derecha?
El joven exhaló un hondo suspiro, y sacando el brazo, que hasta entonces habíalo tenido oculto bajo su túnica vi que tenia cortada la mano.
__¿Qué desgracia es ha ocurrido? __le pregunté.
Y él me contó la historia que vais a oír Historia del manco
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