7.4. Historia contada por un sastre

Uno de mis amigos me convidó días pasados a comer con él y con otras personas a quienes había invitado también para que participasen del festín. Entre los asistentes se contaban un cojo y un barbero de la ciudad, y apenas vio el primero al rapabarbas pidió al dueño de la casa permiso para retirarse, porque según dijo, no podía resistir la presencia del barbero, pues aquel hombre era la causa de su cojera y de sus desgracias.
Todos le rogamos que antes contara la historia, y al fin, cediendo a nuestras súplicas, empezó a hablar de este modo con la espalda vuelta al barbero para no verle.
Historia del joven cojo
A1 acabar estas palabras, el mancebo cojo se levantó y salió del aposento. El amo de la casa le acompañó hasta la puerta, manifestándole cuanto sentía haberle dado, aunque sin culpa suya, tanto motivo de sentimiento..
Cuando el joven se hubo marchado __prosiguió el sastre__ quedamos todos atónitos con su historia. Volvimos nuestras miradas hacia el barbero, y le dijimos que era muy culpable, de ser cierto lo que acabábamos de oír.
__Señores __¿nos respondió alzando la cabeza, que hasta entonces había tenido baja__: el silencio que he guardado mientras ese joven ha estado hablando, debe serviros de testimonio de que nada ha dicho en que no convenga con él. Pero como quiera que sea, sostengo que he debido hacer lo que hice, y si no, sed vosotros mismos los jueces: ¿no se había metido en un aprieto del que no hubiera salido tan a su salvo sin mi auxilio? Muy afortunado es en que le cueste sólo una pierna lisiada. ¿No me he expuesto yo a un peligro mucho mayor para sacarle de una casa en donde yo creía que le estaban atropellando? ¿Tiene motivo Para quejarse de mi e insultarme en términos tan violentos? Esto es lo que se gana con servir a ingratos, Me culpa de ser hablador; ésa es una calumnia. De siete hermanos que éramos, yo soy el que hablo menos y el que tengo mas talento, y para que convengáis en ello, señores míos, voy a contaros mi historia y la suya, Favorecedme con vuestra atención:
Historia del barbero       

En esta ocasión fue cuando hice al joven cojo el importante servicio que habéis oído, y sois testigo de su ingratitud y tropelía, prefiriendo apartarse de mi y de su patria más bien que darme pruebas de su reconocimiento.
Cuando supe que se había marchado de Bagdad, puesto que nadie supo decirme de fijo dónde se había encaminado, no por esto dejé de ponerme en camino para buscarle, y hace ya mucho tiempo que corro de una a otra provincia, habiéndole encontrado en este día cuando menos lo pensaba. No esperaba, por cierto, hallarle tan enconado contra mí.
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