7.4.2.2. Historia del segundo hermano del barbero

Mi segundo hermano, llamado Bakbarah, el desdentado, andando un día por la ciudad, encontró a cierta vieja en una calle extraviada, que se le acercó y le dijo: __Tengo una palabrita que deciros y os ruego que os paréis un momento.
Paróse mi hermano, preguntándole lo que venia a querer, y ella repuso: __Si os huelga venir conmigo, os llevaré a un magnífico palacio en donde veréis a una señora más hermosa que la luz. Os admitirá con mucho gusto, y os dará. una colación con exquisitos vinos. No necesito explicarme más.
__¿Y es cierto lo que me decís? __ replicó mi hermano.
__No soy una mentirosa __repuso la vieja__; nada os propongo que no sea positivo; pero escuchad lo que os exijo: hay que manifestar cordura, hablar poco y tener infinita condescendencia.
Bakbarah se sujetó a estas condiciones, la anciana echó a andar delante, y él la siguió. Llegaron a la puerta de un gran palacio, en donde había muchos criados y esclavos que quisieron detener a mi hermano; pero luego que la vieja habló, lo dejaron pasar a sus anchas. Entonces ésta se volvió a mi hermano y le dijo:
__Cuidado, no olvidéis que la señorita a cuya casa os traigo prefiere sobre todo la suavidad y decoro, y que no quiere que la contradigan. Con tal que le deis gusto en todo, podéis contar con que alcanzaréis de ella cuanto podéis apetecer.
Bakbarah le dio gracias por el consejo y prometió aprovecharse de él. La anciana le hizo entrar en un hermoso edificio que correspondía a la magnificencia del palacio; había alrededor una galería, y en el centro se veía un precioso jardín. Díjole que se sentara en un sofá ricamente guarnecido y que aguardara un momento, pues iba a participar su llegada a la dueña. Mi hermano, que en su vida había entrado en paraje tan suntuoso, se estuvo empapando largo rato en tantísimos primores como atesoraba aquella estancia, y juzgando de su ventura por la magnificencia que presenciaba, apenas podía contener su alborozo. Pronto oyó un gran bullicio causado por una cuadrilla de esclavas joviales que se acercaron a él dando carcajadas, y en medio de ellas advirtió una señorita de peregrina hermosura, que se daba fácilmente a conocer como ama por los miramientos que merecía a todas. Bakbarah, que se prometía una conversación particular con la dama, se quedó pasmado al verla llegar con; tanto acompañamiento. Sin embargo, las esclavas se revistieron de mucha gravedad al acercársele, y cuando la beldad estuvo junto al sofá, mi hermano se levantó y le hizo su rendida cortesía. Ocupó la joven el asiento principal, y habiéndole rogado que volviera a sentarse, le dijo con semblante risueño:
__Me alegro mucho de veros, y os deseo cuanta ventura podáis apetecer.
__Señora __le respondió Bakbarah__, ninguna mayor puede caberme que la honra de presentarme ante vuestros ojos.
Me parece que tenéis el genio festivo __replicó__ y que estaréis a que pasemos alegremente el tiempo juntos.
Al punto mandó que sirvieran la colación, y cubrieron una mesa con varios canastillos de frutas y dulces. Sentóse con las esclavas y con mi hermano, y como éste se hallaba enfrente de ella, cuando habría la boca para comer, la dama advertía que era desdentado, y se lo hacía reparar a las esclavas, que se echaban a reír con ella. Bakbarah, que de cuando en cuando alzaba la cabeza para mirarla y la veía reír, se imaginó que era del alegrón de su venida, y que pronto despediría a sus esclavas para quedarse a solas con él. La joven juzgó cuales eran sus pensamientos, y complaciéndose de mantenerla en equivocación tan halagüeña, le dijo mil lindezas y le fue presentando con suma fineza lo más exquisito,
Terminada la colación, se levantaron de la mesa; diez esclavas tomaron. instrumentos y se pusieron a tocar y cantar, mientras que otras empezaron a bailar. Mi hermano bailó también para terciar expresivamente en el regocijo, y la señorita lo hizo igualmente. Después de haber bailado algún tiempo, se sentaron para cobrar aliento; la señora mandó que le dieran un vaso de vino y miró a mi hermano con ojos risueños, para denotarle que iba a beber a su salud. El se levantó y permaneció en pie mientras bebía. Cuando ella hubo acabado, en vez de volver el vaso, lo mandó llenar y lo presentó a mi hermano para que brindara.
– Mi hermano tomó el vaso de mano de la señorita, besándosela, y bebió en pie, reconocido a la distinción que recibía; luego la joven lo hizo sentar a su lado, le estuvo halagando y le pasó la mano por la espalda, dándole palmaditas de tanto en tanto. Embriagado con estas finezas, se juzgaba el mas venturoso de todos los hombres y se sentía dispuesto a retozar con aquella hermosa joven; pero no se atrevía a tomarse esta libertad delante de tantas esclavas que tenían los ojos clavados en él, riéndose continuamente con su diversión. La dama siguió dándole palmaditas, y al fin le descargó tal bofetón que le dejó parado. Sonrojóse, y se levantó para alejarse de ellas; entonces, la anciana que le había traído, le miró de modo que le dio a entender que tenía él la culpa, y que no se acordaba del consejo que le había dado para que fuera condescendiente. Reconoció su yerro, y, para enmendarlo, se acercó a la joven, aparentando no haberse desviado de ella por enfado. Ella le tiró del brazo, le hizo sentar otra vez a su lado y continuó haciéndole mil caricias maliciosas. Sus esclavas, que sólo trataban de recrearla, tomaron parte en la diversión: una le daba al pobre Bakbarah fuertes papirotazos en la nariz, otra le tiraba de las orejas como si quisiera arrancárselas, y algunas le daban bofetones que pasaban de chanza. Mi hermano lo aguantaba todo con asombroso sufrimiento, y aun aparentaba un semblante placentero; y mirando a la anciana con sonrisa forzada, le decía: Bien me lo habíais dicho que hallaría una dama buena, amable y encantadora. ¡Cuanto os debo!
__Aun eso no es nada le respondía la vieja, mas veréis dentro de poco.
La joven tomó entonces la palabra, y dijo a mi hermano:
Sois un hombre honrado y me alegro de hallaros tanta apacibilidad y condescendencia con mis caprichillos, y un genio tan conforme con el mío.
__Señora repuso Bakbarah, prendado de aquel agasajo ,yo no soy dueño de mí; soy todo vuestro y podéis disponer de mi albedrío.
__¡ Qué complacencia me causáis con esa sumisión; replicó la dama, y para manifestároslo, quiero que también la tengáis. Traed __añadió__ el perfume y el agua de rosas. A estas palabras salieron dos esclavas y volvieron al punto, una con un braserillo de plata en el que había madera de aloe de la mas exquisita, con la que le perfumó, y la otra con agua de rosas, con la que le roció rostro y manos. Mi hermano estaba fuera de sí, tal era su alborozo al verse tratar tan honoríficamente. Tras esta ceremonia, la joven mandó a las esclavas que habían tocado y cantado antes, que volvieran a.proseguir sus conciertos.
Obedecieron, y, entretanto, la dama llamó a otra esclava y le dio orden de que se llevara a mi hermano, diciéndole:
__Hacedle lo que sabéis, y cuando hayáis acabado, volvedle aquí. Bakbarah, que oyó esta orden, se levantó prontamente,.y acercándose a la anciana, que también se había levantado para acompañarle, le rogó que le dijera lo que le querían hacer.
__Nuestra ama esta ansiosa __le respondió al oído la vieja__de ver qué facha haríais disfrazado de mujer, y esta esclava tiene encargo de llevaros consigo, pintaros las cejas, afeitaros el bigote y vestiros de mujer
__Pueden pintarme las cejas, si quieren __replicó mi hermano__, porque podré lavarme; pero en cuanto a dejarme afeitar, ya veis que no debo consentirlo, ¿pues cómo me atrevería a presentarme sin bigotes?
__No os opongáis a lo que se os pide, pues lo echaríais a perder todo. Os aman, quieren haceros feliz. ¿Estaría bien que malograseis, por unos feos bigotes, las finezas mas peregrinas que un hombre puede alcanzar? Rindióse Bakbarah a las razones de la vieja, y sin decir palabra se dejó llevar por la esclava a un aposento en donde le pintaron las cejas de encarnado, le afeitaron los bigotes y quisieron cortarle también la barba; pero la docilidad de mi hermano no pudo llegar a tanto.
__¡Oh, en cuanto a mi barba, no consentiré en manera alguna que me la corten! Hízole cargo la esclava de que era por demás haberle quitado los bigotes, si no quería consentir en que le cortaran la barba; que un rostro barbudo no cuadra con un vestido de mujer, y que se pasmaba de que un hombre parase la atención en su barba, cuando iba a casarse con la muchacha más hermosa de Bagdad.
La vieja añadió otras razones a las instancias de la esclava y amenazó a mi hermano con el desagrado de la dama. En suma, le hicieron tantos y tales cariños, que les dejó hacer todo cuanto quisieron.
Luego que estuvo vestido de mujer, se lo llevaron a la señorita, a quien entró tal tentación de risa que se dejó caer sobre el sofá en que estaba sentada. Otro tanto hicieron las esclavas, palmoteando de modo que mi hermano se quedó sumamente corrido. La dama se incorporó, y sin dejar de reír, le dijo:
__Tras la condescendencia que habéis tenido conmigo, fuera cullpable en no amaros de todo corazón, pero es. preciso que aun hagáis algo por amor a mí, esto es, que bailéis con ese traje. Bakbarah obedeció, y así la dama como las esclavas bailaron con él riendo como unas locas. Después de haber bailado largo rato se abalanzaron todas al desventurado, y le dieron tantos bofetones, puñetazos y puntapiés, que cayó al suelo casi sin sentido anciana le ayudó a levantarse, y, sin darle tiempo a que se resintiera de los malos tratamientos’ que acababan de hacerle:
__Consolaos __le dijo al oído; habéis llegado por fin al término de vuestros padecimientos y vais a recibir la recompensa. La vieja- siguió hablando a Bakbarah:
__No os queda que hacer sino una cosilla, pero sumamente frivola. Habéis de saber que mi ama acostumbra no dejarse acercar por los que ama, cuando ha bebido un poco como hoy, a menos que estén en camisa. Cuando se han desnudado, toma un poco la delantera y echa a correr por la galería delante de ellos, de uno a otro aposento, hasta que la alcanzan. Este es uno de sus capricho; pero por mucha ventaja que os lleve, pronto la cogeréis con vuestra ligereza y agilidad. Desnudaos pronto sin ningún reparo.
Mi hermano se había adelantado en demasía para retroceder. Desnudóse, y, entretanto, la dama se quitó el vestido y se quedó en ropas menores para poder correr con mas ligereza. Cuando estuvieron prontos para emprender la carrera, la dama tornó veinte pasos de delantera y echó a correr con velocidad imponderable. Mi hermano la siguió a todo escape, no sin mover la risa de todas las esclavas que estaban palmoteando. La dama, en lugar de perder la ventaja que al pronto le llevaba, iba ganando cada vez más terreno, le hizo dar dos o tres vueltas por la galería, y luego se metió por un pasadizo obscuro, escapándose por una revuelta que tenía muy sabida. Bakbarah, que la seguía siempre, habiéndola perdido de vista en el pasadizo, tuvo que ir menos aprisa, a causa de la obscuridad. Al fin divisó una luz, hacia la cual se encaminó, y salió por una puerta que al punto se cerró a su espalda. Imaginaos su asombro cuando se halló en una calle de los curtidores. No quedaron éstos menos pasmados al verle en camisa, con las cejas pintadas de encarnado, sin barba ni bigotes. Empezaron a palmotear, a acosarle con gritos, algunos echaron a correr tras él y le midieron las nalgas con sus pieles. Detuvíéronle al fin, y, montándole en un asno que encontraron casualmente, le pasearon por la ciudad en medio de las mofas de toda la plebe.
Para coronar su fracaso, al pasar por delante de la casa del Juez de policía, este magistrado quiso saber la causa de aquel alboroto, y los curtidores le dijeron que habían visto salir a mi hermano. en aquel estado por una puerta del aposento de las mujeres del gran Visir, que caía a la calle. Con este motivo, el Juez mandó que le dieran cien palos al desgraciado Bakbarahen- las plantas de de los pies y lo echaron de la ciudad, prohibiéndole volver a ella. He aquí comendador de los de los creyentes le dije al califa Mostanser Billah __ la aventura de mi hermano segundo que deseaba referir a vuestra Majestad. Bakbarah ignoraba que las damas de nuestros principales señores se divierten a veces a costa de los jóvenes bastante mentecatos para caer en semejantes lazos.
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