6.2.3. Viaje de Chemsedin Mohamed en busca de Bedredin Hasán (parte 3)

Luego que regresó, el Visir preguntó por el pastelero y se lo trajeron.
__Señor __le dijo Bedredin, anegados los ojos en llanto__, haced el favor de decirme en qué os ofendí.
__¡Ah desdichado! __respondió el Visir__. ¿No eres tú el que el que hizo el pastel de crema que me enviaste?
__Confieso que soy yo __repuso Bedredin__; ¿qué crimen hay en ello?
__Te castigaré como mereces __replicó Chemsedin Mohamed y te costará la vida el haber hecho un pastel tan malo.
__¡Cielo santo! __exclamó Bedredin__. ¿Qué es lo que oigo? ¿Es acaso un crimen que merezca la muerte el haber hecho un pastel malo?
__Si__d.ijo el Visir__, y no debes esperar que te trate de otro modo.
Mientras que así conversaban, las damas, que estaban ocultas, observaban atentamente a Bedredin, a quien no tuvieron dificultad en reconocer, a pesar de los años que habían mediado desde que le habían visto. El gozo que les cupo fue tan extremado que cayeron desmayadas, y cuando hubieron vuelto en sí, querían ir a arrojarse a los brazos de Bedredin; pero la palabra que habían dado al Visir de no presentarse, refrenó los impulsos más entrañables de la naturaleza. Como Chemsedin Mohamed había determinado marcharse aquella misma noche, mandó recoger las tiendas y disponer los carruajes para emprender el viaje, y con respecto a Bedredin, que le metieran en una jaula bien cerrada y le colocasen encima de un camello. Luego que todo estuvo dispuesto, el Visir y su comitiva se pusieron en marcha. Caminaron el resto de la noche y el día siguiente sin detenerse, y sólo hicieron alto a la caída de la tarde. Entonces sacaron a Bedredin-Hasán de la jaula para que tomara algún alimento, pero cuidando de tenerle desviado de su madre y de su mujer, y durante veinte días que duró el viaje, le trataron del mismo modo.
Al llegar a El Cairo, acamparon fuera de la ciudad por orden del visir Chemsedin Mohamed, quien mandó que le trajeran a Bedredin, delante del cual dijo a un carpintero que había enviado a llamar:
Vete a buscar madera y levanta al punto una horca.
__Ay de mi! Señor __dijo Bedredin__, ¿qué queréis hacer con ella?
__Colgarte __replicó el Visir__, y luego pasearte por todos los barrios de la ciudad, para que vean en tu persona un indigno pastelero que hace pasteles de crema sin ponerles pimienta.
A estas palabras, Bedredin-Hasán exclamó de un modo tan gracioso que Chemsedin Mohamed tuvo trabajo en conservar su formalidad:
__¡Cielo santo! ¡Conque me quieren sentenciar a una muerte tan cruel como ignominiosa por no haber puesto pimienta en un pastel de crema ¡Cómo! __decía Bedredin__. ¡ Me han roto todo cuanto tenia en mi casa, me han metido en una jaula, y finalmente se afanan por colgarme, y todo esto porque no puse pimienta en un pastel de crema! ¡Dios mío! ¿Quién oyó jamás hablar de semejante rareza? ¿Son éstas acciones de musulmanes, de personas que se jactan de probidad y justicia y que practican toda clase de obras buenas?
Diciendo esto lloraba amargamente; y luego, renovando sus quejas:
__No __añadía__, nunca fue tratado viviente alguno con tanta injusticia y atropellamiento. ¿Es posible que haya quien sea capaz de quitar la vida a un hombre por no haber puesto pimienta en un pastel de crema? Malditos sean todos los pasteles y la hora en que nací. ¡Ojala hubiera muerto en aquel momento!
El inconsolable Bedredin no cesó de lamentarse, y cuando trajeron la horca, prorrumpió en agudísimos gritos
__¡Oh cielos! __dijo__. ¿Podéis consentir que muera de un modo tan infame y doloroso? Y esto, ¿por qué crimen? No es por haber robado, asesinado o renegado de mi religión, sino por no haber puesto pimienta en un pastel de crema.
Como la noche estaba ya adelantada, el Visir Chemsedin Mohamed mandó que volvieran a meter a Bedredin en la jaula y le dijo:
__Quédate ahí hasta mañana; no pasara el día sin que te mande ahorcar.
Llevaron la jaula y la colocaron sobre el camello que le había traído desde Damasco. Cargaron al mismo tiempo las demás acémilas, y el Visir, habiendo montado a caballo, mandó que marchara delante el camello que llevaba a su sobrino, y entró en la ciudad acompañado de su comitiva. Después de haber atravesado varias calles por donde nadie pasaba, porque todo el vecindario estaba ya recogido, llegó a su casa y mandó descargar la jaula, prohibiendo que la abriesen hasta que él lo mandara.
Mientras descargaban las demás acémilas, llamó aparte a la madre de Bedredin-Hasán y a su hija, y volviéndose a ésta:
__Loado sea Dios, hija mía __le dijo__, que nos ha hecho tan afortunadamente a tu primo y marido. Sin duda, te acordarás cómo estaba dispuesto tu aposento la primera noche de bodas. Vete, manda que lo arreglen todo como estaba entonces, y dado caso que no te acuerdes, yo supliré con los apuntes que mandé tomar. Por mi parte, voy a cuidar de lo demás.
Reina de Hermosura fue a ejecutar alborozadamente cuanto su padre acababa de mandarle, y este empezó a disponerlo todo la sala del mismo modo que se hallaba cuando Bedredin-Hasán había visto al palafrenero jorobado del Sultán de Egipto. Al paso iba leyendo sus apuntes, los criados ponían cada mueble en su lugar. No se olvidaron del trono, ni tampoco de las hachas encendidas y cuando estuvo todo dispuesto en la sala, el Visir entró en el aposento de su hija y colocó en un asiento el vestido de Bedredin y la bolsa de los cequíes. Hecho esto, le dijo a Reina de Hermosura:
__Desnúdate, hija mía, y acuéstate, y cuando entre Bedredin, quéjate de que ha estado mucho tiempo fuera y dile que has -extrañado sobremanera no hallarle a tu lado al despertarte. Instale para que se vuelva a la cama, y mañana nos divertirás contándonos lo que haya ocurrido entre vosotros.
A estas palabras salió del aposento de su hija y dejó que se acostase.
Chemsedin Mohamed mandó que salieran de la sala todos los criados que en ella había, y que se marcharan, excepto dos o tres a quienes mandó quedarse. Encargóles que fueran a sacar as Bedredin de la jaula, que lo pusieran en camisa y calzoncillos y lo llevaran a la sala en donde le dejarían solo y cerrarían la puerta. Bedredin-Hasán, aunque oprimido de dolor, se había quedado dormido, de modo que los criados del Visir llegaron a sacarlo de la jaula y ponerlo en camisa y calzoncillos antes que se despertara, transportándolo a la sala con tanta prontitud, que no le dieron tiempo de volver en sí. Cuando se vio solo en la sala, tendió la vista por todas partes, y trayéndole a la memoria los objetos que estaba viendo el recuerdo de sus bodas, advirtió con asombro que era la misma sala en que había visto al palafrenero jorobado. Aumentó su pasmo cuando, acercándose a la puerta de un aposento que estaba entreabierta, vio dentro su vestido en el mismo asiento en que se acordaba haberlo dejado la noche de sus bodas.
__¡Cielo santo! -dijo restregándose los ojos__. ¿Estoy despierto o dormido?
Reina de Hermosura, que estaba observando, después de haberse divertido con sus extrañezas, descorrió de improviso las cortinas de la cama, y asomó la cabeza
__Mi querido dueño__ le dijo con acento cariñoso__, ¿qué hacéis a la puerta? Volved a acostaros. Bastante tiempo habéis estado fuera. Quedé atónita, al despertarme, de no hallaros a mi lado.
> Bedredin-Hasán se inmutó, cuando conoció que la dama que le hablaba era aquella hermosa joven con quien se acordaba haber dormido. Entró en el aposento ; pero, en vez de encaminarse hacia el lecho, embargado como estaba con las especies de cuanto le había sucedido durante diez años, no pudiendo persuadirse que todos aquellos acontecimientos hubiesen ocurrido en una sola noche, se acercó al asiento en donde estaban sus vestidos y la bolsa de cequíes, y habiéndolos examinado con sumo placer:
__¡ Por Dios vivo __exclamó__, éstas son extrañezas que sobrepujan a mis alcances!
La dama, que se complacía en ver su turbación, le dijo:
__Otra vez os pido, dueño mío, que os volváis a la cama ¿En qué os entretenéis?
A estas palabras, se acercó a Reina de Hermosura.
__Os ruego, señora __le dijo__, que me enteréis de si hace mucho tiempo que estoy a vuestro lado.
__¡Qué pregunta me hacéis! __respondió la joven__. Pues que ¿no os levantasteis poco ha? Debéis de estar muy absorto.
__Señora __repuso Bedredin__, ciertamente que no estoy muy en mi. A la verdad, me acuerdo de haber estado a vuestro lado ; pero también hago memoria de haber residido, desde entonces, diez años en Damasco. Si efectivamente he pasado aquí esta noche, no puedo haber estado ausente tanto tiempo. Estos dos actos son opuestos, y así, por favor, decidme lo que debo conceptuar acerca de ellos, y si mi casamiento es una ilusión, o si mi ausencia es un sueño.
__Si, señor __repuso Reina de Hermosura__, sin duda soñasteis que habíais estado en Damasco.
__Chistoso lance por cierto __exclamó Bedredin, riéndose a carcajadas__. Estoy cierto, señora, que mi sueño va a divertiros mucho. Imaginaos que me halle a las puertas de Damasco en camisa y calzoncillos, como estoy ahora; que entré en la ciudad en medio de la gritería del populacho que me venía insultando ; que me refugié en casa de un pastelero, que me prohijó, enseñó su oficio y dejó a su muerte todos sus bienes, y que desde entonces seguí con tienda abierta. En suma, señora, me sucedieron tantas aventuras que sería muy largo de contarlas, y cuanto puedo expresar es que hice acertadamente en despertarme, porque iban a colgarme de una horca.
-¿Y qué motivo tenían para trataros con tanta crueldad? __dijo Reina de Hermosura mostrándose admirada__. Sin duda, habíais cometido algún atentado.
__No, por cierto __respondió Bedredin__; era por la causa extraña y ridícula del mundo. Todo mi delito se reducía a haber vendido un pastel de crema sin pimienta.
__¡Cómo! ¿Por eso os querían colgar? __dijo Reina de Hermosura__ ; no cabe duda que obraban injustísimamente. __Aún hay mas __añadió Bedredin__; habían roto y hecho pedazos todo lo que tenía mi tienda, por aquel maldito pastel en que me reconvenían de no haber puesto pimienta y maniatándome luego, me enjaularon tan estrechamente, que me parece que todavía me siento condolido; Finalmente, habían llamado a un carpintero y mandándole que levantara una horca para colgarme, ¡Pero bendito sea Dios, ya que todo esto es efecto de un sueño
Bedredin no pasó la noche con sosiego ; despertábase de tanto en tanto y se preguntaba a si mismo si soñaba o estaba despierto. Desconfiaba de su felicidad, y procuraba cerciorarse de ella, descorría las cortinas y paseaba la vista por la habitación.
__No me engaño __se decía__, este es el mismo aposento donde entre en lugar del jorobado, y estoy acostado con la hermosa joven que le estaba destinada.
El día que asomaba no había desvanecido aún su desasosiego, cuando el visir Chemsedin Mohamed, su tío, llamó a la puerta y entró casi al mismo tiempo para saludarle.
Grandísimo fue el pasmo de Bedredin-Hasán, viendo de repente a un hombre que le era tan conocido, pero que ya no tenía el semblante justiciero con que había pronunciado la sentencia de su muerte.
__¡Ah! ¿Sois vos? __exclamó__. ¡El que me trató tan indignamente y me condenó a una muerte que todavía me horroriza, por un pastel de crema sin pimienta!
El Visir se echó a reír, y, para sosegarle de una vez, le refirió cómo había venido a su casa y se había casado en lugar del palafrenero del Sultán por la mediación de un Genio, porque la narración del jorobado le había hecho adivinar la verdad ; también le informó que había descubierto el. parentesco que mediaba entre ellos por un cuaderno escrito de puño de Nuredin-Ali, y que por consecuencia de aquel descubrimiento, se había marchado del Cairo e ido hasta Bassora para buscarle y saber noticias suyas.
__Mi querido sobrino __añadió abrazándole con mucha ternura-, espero que me perdones cuanto te hice padecer desde que conocí quién eras. He querido traerte a mi casa sin enterarte de tu ventura, que debe serte tanto más grata cuanto te ha costado mayores quebrantos. Consuélate de todos tus pesares con el júbilo de verte restituido a unas personas que deben serte sumamente queridas. Mientras te vistes voy a avisar a tu madre, que esta muy ansiosa de abrazarte, y te traeré tu hijo, a quien viste en Damasco Y manifestaste tanta inclinación sin conocerlo.
No hay voces adecuadas para expresar debidamente cuál fue el gozo de Bedredin cuando vio a su madre y a su. hijo Ajib. Estas tres personas no cesaban de abrazarse con todas las demostraciones que traen consigo los vínculos de la sangre y del cariño más entrañable. La madre dijo a Bedredin las mayores ternezas, hablándole del pesar que le había estado causando una ausencia larga, y del llanto que había derramado. Ajib, en vez de esquivar como en Damasco los abrazos de su padre, los recibía continuamente ; y Bedredin-Hasán, dividido entre dos objetos tan dignos de su amor, les daba a porfía entrañables pruebas de su cariño.
Mientras que esto ocurría en casa de Chemsedin Mohamed, había este Visir ido a Palacio para dar cuenta al Sultán del éxito venturoso de su viaje. El Sultán quedó tan prendado con la narración de aquella historia asombrosa, que la mandó escribir para que se conservara esmeradamente en los archivos del reino. Luego que Chemsedin Mohamed volvió a casa, se sentó a la mesa con toda su familia, pues había mandado disponer un magnífico banquete, y toda su servidumbre pasó aquel día en medio de regocijos.  ir a las tres manzanas       volver a indice

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