6.2. Historia de Chemsedim Mohamed, Nuredin-Ali y Bedredin-Hasán

Comendador de los creyentes, había en otro tiempo en Egipto un Sultán sumamente justiciero, y al propio tiempo benéfico, misericordioso, desprendido y cuyo valor causaba grandísimo respeto a sus vecinos. Amaba a los pobres y apadrinaba a los sabios encumbrándolos a los primeros cargos del Estado. E1 Visir de aquel Sultán era varón cuerdo, instruido, perpicaz y consumado en todas las ciencias. Este ministro tenia dos hijos muy hermosos y que seguían entrambos sus propias huellas el mayor se llamaba Chemsedin Mohamed, y el menor Nurendin-Alí. Este segundo atesoraba principalmente cuantas prendas son dables en el hombre. Muerto el Visir su padre, el Sultán envió por ellos, y habiendo mandado que los revistiesen con una túnica de Visir:
__Siento en el alma __les dijo__ la pérdida que acabáis de tener. Me causa tanto desconsuelo como a vosotros mismos, para manifestaros mi aprecio, ya que vivís juntos y estáis perfectamente hermanados, os revisto a entrambos con la misma dignidad. Id, e imitad a vuestro padre. Los dos nuevos Visires dieron gracias al Sultán por su dignación, y se retiraron a su casa, en donde atendieron a las exequias del padre. Al cabo de un mes hicieron su primera salida y fueron al consejo del Sultán; y desde entonces continuaron asistiendo puntualmente los días que se reunían. Siempre que el Sultán iba a cazar, uno de los dos hermanos lo acompañaba y lograban alternativamente aquella distinción. Un día que conversaban después de cenar sobre diferentes asuntos, la víspera de una cacería en que el mayor debía acompañar al Sultán aquel joven dijo a su segundo:
__Hermano mío, ya que todavía no nos hemos casado y vivimos tan unidos, se me ocurre una idea: casémonos entrambos en un mismo día con dos hermanas escogidas en cualquier familia. que nos corresponda. ¿Qué dices de mi propuesta?
__Digo hermano __respondió Nuredin-Ali­­__, que es digna de nuestra amistad. Es un pensamiento excelente, y por mi parte estoy dispuesto a hacer cuanto quieras.
__¡Oh! aún mas __repuso Chemsedin Mohamed__; mi fantasía es muy voladora: suponiendo que nuestras mujeres conciban la primera noche de nuestras bodas, y que luego den a luz en un mismo día, la tuya un hijo y la mía una hija, los casaremos una con otro cuando lleguen a la edad competente.
__¡Ah! en cuanto a eso __exclamó Nuredin-Alí__ es menester confesar que el intento es preciosísimo. Ese casamiento estrechara nuestra hermandad, y te doy gustoso mi consentimiento. Pero, hermano __añadió__, si sucediera que hiciésemos este casamiento, ¿exigirías que mi hijo diese un dote a tu hija? __No hay dificultad en ello __replicó el mayor__, y estoy persuadido de que además de los pactos corrientes del contrato matrimonial, no dejarías de conceder en su nombre a lo menos tres mil cequíes, tres buenas haciendas y tres esclavos.
__En eso no convengo __dijo el menor.
__¿ No somos hermanos y compañeros, revestidos ambos con la misma dignidad? Además, ¿no sabemos, así tú como yo, lo que es justo? Siendo el varón más noble que la hembra, ¿no te correspondería a ti dar un crecido dote a tu hija? A lo que veo, quieres mejorar tu caudal a costa ajena.
Aunque Nuredin-Ali decía estas palabras en tono de chanza, su hermano que era un tanto caviloso, se mostró agraviado.
__¡Pobre hijo tuyo __contestó con enfado__, ya que te atreves a preferirle a mi hija! Me extraña esa osadía tuya de conceptuarlo el único digno de sus prendas. Debes haber perdido el juicio para quererte comparar conmigo, diciendo que somos compañeros. Has de saber, loco, que después de tu desvergüenza, no quisiera casar a mi hija con tu hijo, aun cuando le dieras más riquezas de las que tienes.
Esta chistosa contienda de los dos hermanos sobre el matrimonio de sus hijos, que aún no habían nacido, trascendió mucho mas de lo regular. Chemsedin Mohamed se arrebató hasta amenazar a su hermano.
__Si no hubiera de acompañar mañana al Sultán __dijo__, te trataría como mereces; pero a la vuelta te desengañaras de que un hermano menor no debe hablar al mayor con esa insolencia como acabas de hacer,
A estas palabras, se retiró a su habitación, y su hermano fue a acostarse en la suya.
Chemsedin Mohamed se levantó al día siguiente de madrugada, y marchó a Palacio, de donde salió con el Sultán, quien siguió el camino del Cairo hasta la parte de las Pirámides. En cuanto a Nuredin-Alí, había pasado la noche sumamente desazonado, y después de haber considerado que no le era dable vivir por mas tiempo con un hermano que le trataba con tanta altivez, tomó pronto una determinación. Mandó que le dispusieran una buena mula, se pertrechó de dinero, joyas y algunos víveres, y, habiendo dicho a sus criados que iba a hacer un viaje de dos o tres días y que había de ir solo, se marchó. historia de Nuredin Ali
Luego que Nuredin-Ali se hubo marchado del Cairo, con ánimo de no volver jamás, Chemsedin Mohamed, el mayor, que había ido a cazar con el sultán de Egipto, habiendo vuelto al cabo de un mes porque el Sultán se habia dejado llevar de su afición a la caza, y estado ausente todo aquel tiempo corrió al aposento de Nuredin-Alí, y se quedó atónito al saber que se había, marchado en una mula el mismo día de la caza del Sultán, pretextando un viaje de tres días, y que desde entonces no se le había vuelto a ver. Sintiólo más puesto que no dudó de que la dureza, con que le había hablado era causa de su ausencia. Despachó un correo que pasó por Damasco y llegó hasta Alepo; pero Nuredin-Alí se hallaba entonces en Bassora Cuando regresó el correo diciendo que no había podido adquirir noticia alguna de su paradero Chemsedim Mohamed determinó buscarle por otra parte y entretanto tomó la determinación de casarse celebró su desposorio con la hija de uno de los principales y más poderosos señores del Cairo el mismo día que su hermano se casó con la hija del gran Visir de Bassora. Al cabo de los nueve meses, la mujer de Chemsedin Mohamed dio a luz una niña en El Cairo, y el mismo día la de Nuredin dió a luz en Bassora un niño, que fue llamado Bedredin-Hasán. historia de Bedredin
Mientras Bedredin estaba siendo adoptado por el pastelero Damasco, la hija de Chemsedín se despertó, y no hallando a Bedredin a su lado, creyó que se había levantado sin querer interrumpir su sueño, y que pronto volvería. Aguardaba su vuelta, cuando el visir Chemsedín, su padre, hondamente apesadumbrado con la afrenta que creía haber recibido del sultán de Egipto, llamó a la puerta de su aposento para llorar con ella su triste suerte, Llámola por su nombre, y apenas hubo oído su voz, cuando se levantó para abrirle la puerta. Le besó la mano y recibió con ademán tan satisfecho, que el Visir, que esperaba hallarla anegada en llanto y tan afligida como él, quedó sumamente admirado.
__¡Desastrada! __le dijo enojado__, ¿así te presentas delante de mí? ¿Puedes estar contenta después del espantoso sacrificio que acabas de hacer?
Cuando la recién casada vio que su padre la reconvenía del contento que manifestaba, le dijo:
__Señor, no me hagáis, por favor, tan injusta reconvención; no me casé con el jorobado, que aborrezco más que a la muerte; no es mi esposo aquel monstruo, pues todos le rechiflaron de tal modo que tuvo que esconderse, sino un joven hermosísimo, a quien tuvo que ceder su lugar y que es mi verdadero marido.
__¿Con qué cuentos me vienes? __contestó adustamente Chemsedin Mohamed__. ¡Cómo-¿No pasó la noche contigo el jorobado?
__No, señor __respondió la joven__; no he dormido sino con el mozo de que os hablo, que tiene unos ojos rasgados y grandes cejas negras.
A estas palabras el Visir perdió la paciencia y se enfureció contra su hija.
¡Ah, bribona! __le dijo__. ¿Quieres que pierda el juicio con lo que me estás diciendo?
__Sois vos, padre mío __replicó la hija__, el que me volvéis: loca con vuestra incredulidad. Dejémonos del jorobado ; ¡mal haya él! ‘Es terrible empeño que siempre me han de estar hablando de ese jorobado. Vuelvo a repetiros, padre mío, que pasé la noche con el querido esposo que ya os dije, y que debe de estar cerca de aquí.
Chemedin Mohamed salió para buscarle ; pero se quedó muy atónito al ver en su lugar al jorobado, que estaba arrímado a la pared cabeza abajo, en la misma posición en que le había colocado el Genio
__Que significa eso? __le dijo__. ¿Y quién te ha puesto así? El jorobado conoció al Visir. y le respondió: -¡ Ah! ¿Sois vos el que me queríais casar con la amante de un búfalo, la dama de un horroroso Genio? No me cogeréis ni seré ya vuestro dominguillo.
Chemsedin Mohamed creyó que el jorobado deliraba cuando le oyó hablar así, y le dijo: tu __Quítate de ahí y ponte en pie.
__No haré tal __replicó el jorobado__, a menos que haya salido el sol. Habéis de saber que habiendo venido aquí ayer noche, se me apareció de repente un gato negro, que se fue volviendo del tamaño de un búfalo; no me he olvidado de lo que me dijo, por lo tanto, id a vuestros quehaceres y dejadme en paz. El Visir, en vez de retirarse, cogió al jorobado por los pies y le obligó a quedarse derecho. Entonces el jorobado echó a correr fuera de si y, sin mirar atrás, llegó a Palacio, se presentó al sultán de ‘Egipto y le divertió mucho refiriéndole cómo le había tratado el Genio.
Chemsedin Mohamed volvió al aposento de su hija mas azorado que nunca sobre lo que estaba deseando saber.
__Hija alucinada __le dijo__, ¿no puedes aclararme más una aventura que me tiene atónito y caviloso?
__Señor __respondió la joven__, nada más puedo añadir, sino lo que ya tuve el honor de deciros. Pero aquí están __añadió__ los vestidos de mi esposo que ha dejado en este asiento; quizá. os despejaran vuestras confusiones.
Y diciendo estas palabras, presentó el turbante de Bedredin al Visir, quien lo cogió, y habiéndolo examinado muy de intento:
Se parece __dijo__ al turbante de un Visir, ni no fuera a la moda de Musul.
Pero advirtiendo que había algo cosido entre tela y forro, pidió unas tijeras, y habiéndolo descosido, halló unos papeles plegados. Era el cuaderno que- Nuredin-Alí había dado al morir a su hijo Bedredin, quien lo había ocultado allí para conservarlo mejor. Chemsedin Mohamed abrió el cuaderno, reconoció la letra de su hermano Nuredin-Alí y leyó este titulo:
Para mi hijo Bedredin-Hasán.
Antes que pudiera hacer refiexión alguna, su hija le puso en la mano la bolsa que había hallado debajo del vestido. Abrióla también; y, como ya dije, estaba llena de cequíes, porque, a pesar de las liberalidades de Bedredin-Hasan, siempre había quedado llena por voluntad del Genio y del hada. Y leyó estas palabras, rotuladas sobre la bolsa:
Mil cequíes pertenecientes al judío Isaac, y debajo éstas que el judío había escrito antes de separarse de Bedredin-Hasan: Entregados a Bedredin-Hasan por el cargamento que me ha vendido del primero de los buques de la pertenecía del difunto Nu-redin-Alí, su padre, de feliz recordación, cuando hayan llegado a este puerto.
Apenas acabó esta lectura, cuando prorrumpió en un grito y se desmayó.
Luego que el visir Chemsedin Mohamed volvió de su desmayo con auxilio de su hija y de las esclavas que había llamado:
__Hija mía __le dijo__, no extrañaos cuanto acaba de sucederme. La causa es tal que apenas podrás darle crédito. Ese esposo que ha pasado la noche contigo es tu primo, el hijo de Nuredin-Alí. Los mil cequíes que están en esta bolsa me traen a la memoria la contienda que trabé con aquel hermano del alma; sin duda, es el regalo de boda que te hace. Loado sea Dios en todo y por todo, y particularmente por esta maravillosa aventura que evidencia tan extremadamente su poderío.
Luego miró la letra de su hermano y la besó repetidas veces, derramando copiosas lágrimas. __¿ Por que no me es dado __decía__ ver también aquí al mismo Nuredin y reconciliarme con él?
Leyó el cuaderno de extremo a extremo; halló las fechas de la llegada de su hermano a Bassora, de su casamiento, del nacimiento de Bedredin-Hasan y cuando, después de haber confrontado estas fechas con las de su enlace y del nacimiento de su hija en el Cairo, hubo admirado la relación que mediaba entre ellas, y reflexionando que su sobrino era su yerno, se arrebató con ímpetus de sumo regocijo. Tomó el cuaderno y el rótulo de la bolsa, y fuera enseñárselos al Sultán, quien le perdonó lo pasado, y quedó tan pasmado con aquella historia, que la mandó poner por escrito con todas sus circunstancias para que pasara a la posteridad. Sin embargo, el visir Chemsedin Mohamed no podía comprender porque su sobrino había desaparecido; no obstante, esperaba verle llegar a cada momento, y le aguardaba con la mayor impaciencia para abrazarle. Después de haberle aguardado en  por espacio de siete días, le hizo buscar por todo el Cairo; pero no  pudo adquirir noticia alguna por muchas pesquisas que hizo. lo cual le causó extremado desasosiego.
__He aquí __exclamaba__ una aventura muy extraña; a nadie le sucedió otro tanto.
con la incertidumbre de lo que podía suceder más adelante, creyó del caso poner por escrito en qué estado se hallaba entonces su casa, como se había celebrado la boda y estaban alhajadas la sala y la habitación de su hija. Hizo también un lío con el turbante, la bolsa y el vestido de Bedredin, y lo guardó bajo llave.
Al cabo de algunos días, la hija del visir Chemsedin Mohamed advirtió hallarse embarazada y, en efecto, dio a luz un hijo terminados los nueve meses. Suministraron una nodriza al niño, y otras mujeres y esclavas para servirle, y su abuelo le llamó Ajib.
Cuando el niño llegó a los siete años, el visir Chemsedin Mohamed, en vez de hacerle aprender a leer en casa, le envió a la escuela con un maestro que merecía gran reputación, y dos esclavos estaban encargados de llevarle e ir por él todos los días. Ajib jugaba con sus compañeros, y como eran todos de una clase inferior a la suya, guardaban con él el mayor miramiento, guiándose en esto por su maestro, quien le disimulaba tal cual desliz que no solía perdonar a los demás. La ciega condescendencia que tenían con Ajib le vició en gran manera, volviéndose altivo e insolente queriendo que sus compañeros le consintiesen todo, sin que él les consintiese nada. Dominaba siempre, y si alguno m atrevía a oponerse a su voluntad, le decía mil baldones, y a una no paraba hasta darle golpes. Al fin, llegó a ser insufrible  todos sus compañeros, quienes se quejaron de él al maestro. Éste les encargó al principio que tuvieran paciencia ; pero cuando vio que no servia más que para insolentar de remate al niño Ajib, aburrido él mismo de las molestias que le daba, les dijo:
__Hijos míos, ya veo que Ajib es un insolente. Ya os enseñaré el medio de escarmentarle en términos que no vuelva a molestaros, y aun creo que no volverá más a la escuela. Mañana, mudo llegue y estéis jugando con él, rodeadle todos, y diga uno m alta voz:
__Queremos jugar, pero a condición de que los que jueguen digan su nombre y el de sus padres. Miraremos como bastardos a todos los que rehúsen hacerlo, y no permitiremos que jueguen con nosotros.
El maestro les dio a entender el empacho que iban a causar al niño con aquel arbitrio y se retiraron a sus casas muy contentos. Al día siguiente, hallándose todos reunidos, no dejaron de hacer lo que el maestro les había encargado. Rodearon a Ajib, y tomando uno de ellos la palabra:
__Juguemos __dijo__ a un juego; pero a condición de que no jugará. el que no pueda decir su nombre y el de sus padres. Asintieron todos, y aun el mismo Ajib accedió.
Entonces el que había hablado les fue preguntando uno por uno, y todos respondieron a satisfacción, excepto Ajib, que dijo:
__Me llamo Ajíb, mi madre se llama Reina de Hermosura, y mi padre Chemsedin Mohamed, visir del Sultán.
A estas palabras, todos los niños exclamaron:
__¿ Qué es lo que dices? Ajib, ése no es el nombre de tu padre, sino el de tu abuelo.
__Malditos seáis de Dios __replicó Ajib enojado__; ¿cómo os atrevéis a decir que el visir Chemsedin Mohamed no es mi padre?
Los niños prorrumpieron en grandes carcajadas:
__No, no, es tu abuelo, y no jugaras con nosotros, y aun nos guardaremos de acercarnos a ti. Y al decir esto, se desviaron de él con mil mofas y continuaron riendo mas y más entre ellos. Ajib quedó muy apesadumbrado con sus burlas y se echó a llorar.
El maestro, que estaba escuchando y lo había oído todo, entró en aquel momento y encarándose con Ajib:
__¿ No sabes todavía __le dijo__ que el visir Chemsedin Mohamed no es tu padre? Es tu abuelo, padre de tu madre Reina de Hermosura. Ignoramos como tú el nombre de tu padre, y sólo sabemos que el Sultán quería casar a tu madre con un palafrenero jorobado, pero que un Genio pasó con ella la noche. Esto te amarga, y así debe enseñarte a tratar a tus compañeros con menos altivez de .la que hasta ahora has usado.
Ajib, apesadumbrado con el escarnio de sus compañeros, se marchó de la escuela y volvió a casa llorando. Corrió al aposento de su madre Reina de Hermosura, la cual, sobresaltada al verle tan desconsolado, le preguntó el motivo de su pena. No pudo contestarle si no con medias palabras y con sollozos, tan extremo angustiado estaba con su pesar, y sólo en repetidas pudo referir la causa de su dolor. Cuando hubo acabado:
__En nombre de Dios, madre __añadió__, decidme quién es mi padre.
__Hijo mío __le respondió__, tu padre es el visir Cbemsedin que te está abrazando todos los días.
__No me decís la verdad __repuso el niño__; no es mi padre, sino el vuestro. Pero yo, ¿de quién soy hijo?
A esta pregunta, Reina de Hermosura, trayendo a la memoria la noche de sus desposorios seguida de tan larga viudez, empezó a. derramar lágrimas, lamentándose amargamente de la pérdida de la de un esposo tan peregrino como Bedredin.
Mientras Reina de Hermosura lloraba por una parte y Ajib por otra el visir Chemsedin entró y quiso saber la causa de su desconsuelo. Reina de Hermosura se la dijo, y le refirió el malísimo rato que Ajib había pasado en la escuela. Aquella narración conmovió entrañablemente al Visir, quien mezcló su propio llanto con aquellas lágrimas, y juzgando que todos hablaban en iguales términos del honor de su hija, prorrumpió en ímpetus desesperados. En aquella emoción tan amarga y vehemente, marchó al palacio del Sultán, y, habiéndose postrado a sus pies, le suplicó humildemente que le permitiera hacer un viaje por las provincias del Levante, y particularmente a Bassora, en busca de su sobrino Bedredin-Hasán, diciendo que se le hacía insufrible el rumor de la ciudad sobre que un Genio hubiese dormido con su hija Reina de Hermosura. El Sultán acompañó al Visir en su pesar aprobó su determinación y le permitió ejecutarla, y aun le hizo extender un pliego, rogando en los términos más corteses a los Príncipes y Señores de los lugares en donde pudiera hallarse Bedredín, que consintieran en que el Visir se le llevase consigo.
Chemsedin Mohamed no halló palabras bastante expresivas para dar gracias al Sultán por su dignación. Contentóse con postrarse ante su  Príncipe por segunda vez; pero las lágrimas que corrían por sus ojos, manifestaron bastante su reconocimiento. Por fin se despidió del Sultán, después de haberle deseado toda clase de prosperidades, y de vuelta a su casa, no pensó mas que en disponerse para el viaje. Los preparativos se hicieron con tanta prontitud, que al cabo de cuatro días marchó acompañado de su hija, Reina de Hermosura, y de su nietecito Ajib.
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