6.2.3. Viaje de Chemsedin Mohamed en busca de Bedredin Hasán (parte 2)

viajeEntraron en Damasco por la puerta del Paraíso, que era la más inmediata a las tiendas del visir Chemsedin Mohamed. Recorrieron todas las plazas, sitios públicos y privados en que se vendían las mas ricas mercancías, y vieron la antigua mezquita de los Omiades cuando el gentío se iba agolpando para hacer la oración entre el mediodía y el ocaso. Luego pasaron por delante de la tienda de Bedredin-Hasán, a quien hallaron otra vez afanado en hacer pasteles de crema.
__Os saludo __le dijo Ajib__; miradme. ¿Os acordáis de haberme visto?
A estas palabras, Bedredìn le echó una mirada, y conociéndole (¡ oh efecto asombroso del amor paternal ), sintió las mismas corazonadas que la primera vez; se turbó y, en vez de responder, enmudeció por largo rato. Sin embargo, habiendo vuelto en sí:
__Señor mío __le dijo__, hacedme otra vez la merced de entrar en mi tienda con vuestro ayo, y probaréis otro pastel de crema.
Os suplico que me perdonéis la molestia que os causé siguiéndoos fuera de la ciudad; no era dueño de mi ni sabía lo que me hacía; me arrastraba tras vos, sin que pudiera resistir a tan entrañable impulso.
Ajib, pasmado al oír lo que le decía Bedredin, respondió:
__Hay exceso en la amistad que me manifestáis y no quiero entrar en vuestra tienda hasta que os hayáis comprometido con juramento a no seguirme cuando salga. Si lo prometéis y sois hombre de palabra, os volveré a ver mañana, mientras el Visir mi abuelo compre los regalos para el sultán de Egipto.
__Señor mío __replicó Bedredin-Hasán__, haré todo cuanto me mandéis.
A estas palabras, Ajib y el eunuco entraron en la tienda. Bedredin les sirvió al punto un pastel de crema, que no era menos delicado y exquisito’ que el anterior. ‘
__Venid __le dijo Ajib__, sentaos junto a mi y comed con nosotros.
Bedredin se sentó y quiso ir a abrazar a Ajib para manifestarle el gozo que le cabía al verse a su lado; pero Ajib le rechazó diciéndole: –
__Estaos quieto, vuestra amistad se enardece en demasía. Contentaos con mirarme y conversar. Obedeció Bedredin y se puso a entonar una canción, cuyas palabras compuso de repente, en alabanza de Ajib ; no comió y no hizo mas que servir a sus huéspedes. Cuando hubieron acabado de comer, les presentó agua para lavarse y una toalla muy blanca para enjugarse las manos. Después tomó un vaso de sorbete y les preparó una gran taza, en la que puso nieve muy limpia, y presentándosela a Ajib:
__Tomad __le dijo__, es un sorbete de rosa y el mas delicioso que se puede hallar en toda la ciudad ;- nunca habéis probado re- galo mas precioso. Ajib bebió con mucho gusto, y luego Bedredin-Hasan presentó la taza al eunuco, quien la vació hasta la última gota. Finalmente Ajib y su ayo, satisfechos, dieron gracias al pastelero de haberlos agasajado con aquel extremo, y se retiraron prontamente porque era ya algo tarde. Llegaron a la tienda de Chemsedin Mohamed y se encaminaron primeramente a las de las damas. La abuela de Ajib se alegró al verle, y como tenía siempre en la mente a su hijo Bedredin, no pudo contener sus lágrimas al abrazar a Aiib.
__¡ Ay, hijo mío __le dijo__, mi gozo sería cabal si tuviera el gusto de abrazar a tu padre Bedredin-Hasan como te estoy abrazando!
Iba a ponerse entonces a la mesa para cenar; le hizo sentar: a su lado, con muchas preguntas acerca de su paseo, y diciéndole que debía tener apetito, le sirvió un pastel de crema, que ella misma había hecho y que era excelente, porque ya se ha dicho que los sabía hacer mejor que los mas afamados pasteleros. También se presentó un pedazo al eunuco; pero así él como Ajib habían comido tanto en casa de Bedredin, que ni siquiera lo probaron.
Ajib apenas tocó el pedazo de pastel que su abuela le había presentado, cuando aparentando no ser de su gusto lo dejó entero; y Chabán, que así se llamaba el eunuco, hizo otro tanto. La viuda de Nuredin-Alí advirtió con pesar que su nieto hacia poco caso de su pastel.
__¡ Cómo, hijo mío __le dijo__, es posible que así desprecies la obra de mis propias manos. Sabe que nadie en el mundo es capaz de hacer tan buenos pasteles de crema, excepto tu padre Bedredin-Hasán, a quien enseñe el arte de hacerlos iguales.
__¡ Ah, mi buena abuela! __exclamó Ajib; permitid que os diga que si no los hacéis mejores, hay un pastelero en esta ciudad que os aventaja en ese arte: acabamos de comer en su tienda uno que estaba mucho mejor que éste.
A estas palabras la abuela, mirando de reojo al eunuco:
__Cómo, Chaban __le dijo enojada__, ¿os han confiado lacustodia de mi nieto para que le llevéis a casa de los pasteleros como un mendigo? ‘
__Señora __respondió el eunuco__, es cierto que hemos estado conversando un rato con un pastelero; pero no hemos comido en su tienda.
__Si tal __interrumpió Ajib__, entramos en su casa y comimos un pastel de crema. ‘
La dama, todavía mas enojada que antes contra el eunuco, se levantó prontamente de la mesa y corrió a la tienda de Chemsedin Mohamed, a quien dio parte de la demasía del eunuco, en términos mas propios para enojar al Visir contra el delincuente que para hacerle disimular su yerro.
Chemsedin Mohamed, quien era naturalmente arrebatado, no perdió tan buena ocasión de encolerizarse. Pasó al punto a la tienda de su cañada y dijo al eunuco:
__Cómo, desastrado, has tenido el atrevimiento de abusar de la confianza que hice de ti?
Chabán, aunque -estaba descubierto por el testimonio de Ajib, tomó el partido de negar otra vez el hecho; pero, sosteniendoel niño lo contrario, decía:
__Abuelo, os aseguro que hemos comido tanto uno y otro, que no necesitamos cenar, y aun el pastelero nos ha querido agasajar además con una gran taza de sorbete.
__Y bien, pícaro esclavo __exclamó el Visir volviéndose al eunuco__, ¿aún no quieres confesar que ambos entrasteis en casa de un pastelero y que habéis comido alli?
Chabán volvió a jurar descaradamente que no era verdad.
__Eres un mentiroso __le dijo entonces el Visir__, y doy más crédito a mi nieto que a ti. Sin embargo, si te comes este pastel de crema que está sobre la mesa, quedaré persuadido de que dices la verdad.
Aunque Chabán se había llenado hasta el gargüero, se sujetó a esta prueba, y tomó un pedazo de pastel; pero tuvo que arrojarlo de la boca, porque le entraron náuseas. No obstante siguió mintiendo y dijo que había comido tanto la víspera, que aún no le había vuelto el apetito. El Visir, enojado con las mentiras del eunuco y convencido de que era delincuente, mandó que le tendiesen en el suelo y le dieran de palos. El desgraciado lanzó grandes alaridos al sufrir este castigo y confesó la verdad.
__Es cierto __exclamó__ que hemos comido un pastel de crema en casa de un pastelero, y era cien veces mejor que el que esta en la mesa.
La viuda de Nuredin-Alí creyó que Chaban ensalzaba la habilidad del pastelero sólo por enojo contra ella y para apesadumbrarla; por lo tanto, dirigiéndose a él, dijo:
__No puedo creer que los pasteles de crema de ese pastelero sean mas exquisitos que los míos. Quiero cerciorarme de ello; sabes donde vive, por lo tanto,vete a su casa y tráeme al punto uno.
Hablando así, dio dinero al eunuco para que comprara el pastel, y éste se marchó a la ciudad. Habiendo Llegado a la tienda de Bedredin:
__Buen pastelero __le dijo__, dadme un pastel de crema, pues una de nuestras damas desea probarlos.
Casualmente los había entonces que salían del horno ; Bedredin escogió el mejor, y dándoselo al eunuco:
__Tomad éste __le dijo__ ; os respondo de que es excelente, y puedo aseguraros que nadie es capaz de hacerlos iguales, sino mi madre, que quizá vive todavía.
Chabán regresó prontamente a las tiendas con el pastel de crema y lo presentó a la viuda de Nuredin, quien lo tomó con afán. Cortó un pedazo para comerlo; pero apenas lo hubo metido en la boca cuando dio un grito y cayó desmayada. Chemsedin Mohamed, que estaba presente, se quedó atónito con lo ocurrido. Roció él mismo con agua el rostro de su cuñada y se afanó en asistirla. Luego que volvió en si:
__Oh cielos! __exclamó__, sin duda debe ser mi hijo, mi querido Bedredin, el que hizo este pastel.
Cuando el Visir Chemsedin Mohamed oyó decir a su cuñada que debía ser Bedredin-Hasán el que había hecho el pastel de crema que el eunuco acababa de traer, sintió una alegría imponderable; pero, reflerionando que era sin fundamento y que, según todas muestras, debía ser equivocada la suposición de la viuda de Nuredin, le dijo:
__Pero, señora, ¿por qué creéis eso? ¿No puede hallarse un pastelero que sepa hacer tan bien los pasteles de crema como vuestro hijo?
__Convengo __respondió la viuda__ en que habrá pasteleros capaces de hacerlos tan buenos; pero como yo los hago de un modo particular y nadie sabe el secreto sino mi hijo, fuerza es que sea el quien lo hizo. Alegrémonos, hermano mío __añadió con alborozo__, al fin, hemos hallado lo que buscamos y anhelamos tanto tiempo hace.
__Señora __replicó el Visir__, os ruego que moderéis vuestro ímpetu; pronto sabremos a qué atenernos. Mandaremos buscar al pastelero. Si es Bedredin-Hasán, fácilmente le conoceréis, así vos como mi hija. Pero es preciso que ambas -os ocultéis y le veáis sin ser vistas, porque no quiero que nuestro reconocimiento se verifique en Damasco. Es mi ánimo dilatarlo hasta que estemos de vuelta en El Cairo, y allí os daré un consejo muy agradable.
Al terminar estas palabras, dejó a las damas en su tienda y pasó a la suya. Allí mandó venir cincuenta sirvientes y les dijo:
__Tomad cada uno un palo y seguid a Chabán, quien os conducirá a casa de un pastelero de esta ciudad. Luego que lleguéis, romped y despedazad todo cuanto halléis en su tienda; si os pregunta por qué cometéis aquel descalabro, preguntadle solamente si es o no quien hizo el pastel de crema que fueron a buscar a su casa. Si os responde que sí, apoderaros de él, atadle y traédmelo; pero guardaos de golpearle ni hacerle el menor daño. Idos y no
perdáis tiempo.
El Visir fue prontamente obedecido; sus criados, armados con garrotes y capitaneados por el eunuco negro, llegaron prontamente a casa de Bedredin-Hasán, en donde rompieron platos, cazos, mesas y todos los demás muebles y utensilios que bailaron e inundaron la tienda de sorbete, crema y dulces. A esta vista, Bedredin-Hasán, todo despavorido, les dijo con voz lastimera:
_¿Qué es eso, buenas gentes? ¿Por qué me atropelláis así? ¿De que se trata, qué he hecho? __¿No eres tú -le dijeron el que hiciste el pastel de crema que vendiste a este eunuco? __Sí, soy yo mismo __respondió__; ¿qué tienen que decir?
Desafío a cualquiera que lo haga mejor.
Pero, en vez de responderle, continuaron rompiéndolo todo, y ni siquiera respetaron el horno.
Sin embargo, los vecinos acudieron al estruendo, y, pasmados al ver cincuenta hombres armados cometiendo semejante estrago, preguntaban la causa de tamaña tropelía. Bedredin preguntó otra vez a los desaforados:
__Por favor, decidme, ¿qué crimen he cometido para que rompáis todo cuanto poseo ?
__¿ No eres tú __respondieron__ el que hiciste el pastel de crema vendido a este eunuco?
__Sí soy yo __repnso Bedredim__; sostengo que era bueno, y no merezco que me tratéis tan injustamente.
Asiéronle sin escucharle, y habiéndole quitado la tela del turbante, se valieron de ella para maniatarlo, y luego, sacándolo por la fuerza de la tienda, se lo llevaron.
La vecindad, agolpada y compadecida de Bedredin, quiso oponerse a lo que intentaban los criados de Chemsedin Mohamed; pero llegaron a aquel punto algunos oficiales del gobernador de la ciudad, que separaron al pueblo y favorecieron la prisión de Bedredin, porque Chemsedin Mohamed había ido a casa del gobernador de Damasco a informarle de la orden que había dado y pedirle auxilio, lo cual aquél, que mandaba en toda la Siria en nombre del sultán de Egipto, no había podido negar al

Visir de su amo. Se llevaron, pues, a Bedredin, a pesar de sus lágrimas y alaridos.
Por más que Bedredin-Hasán preguntaba por el camino a las personas que lo llevaban que era lo que habían hallado en su pastel de crema, éstas no le contestaban. Al fin, llegó a las tienda donde le hicieron aguardar hasta que Chemsedin Mohamed de casa del gobernador de Damasco.

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