6.2.1. Historia de Nuredín Alí

Nuredín marchó fuera del Cairo, por el desierto hacia la Arabia; pero, muriéndosele la mula en el camino, tuvo que proseguir su viaje a pie. Afortunadamente, un correo que iba a Bassora le encontró y le llevó a la grupa. Cuando llegó a la ciudad, Nuredin-Ali se apeó y le dio gracias por el favor que le había hecho. Yendo por las calles en busca de un alojamiento, vio venir hacia él un señor acompañado de crecido séquito y a quien todos los habitantes tributaban grandes obsequios, deteniéndose rendidamente hasta que hubiera pasado. Nuredin-Ali se paró como los demás, y vio que era el gran Visir del sultán de Bassora, que recorría la ciudad para mantener con su presencia el orden y el sosiego. _ Aquel ministro fijó por casualidad los ojos en el joven, y le pareció de fisonomía agraciada: le miró con afecto, y viendo al pasar a su lado que estaba en traje de viandante, se detuvo para preguntarle quién era y de dónde venia. __Señor __le respondió Nmredim-Alí, soy egipcio, natural del Cairo, he abandonado mi país, tan justamente enojado contra un pariente, que estoy decidido a viajar por todo el mundo y a morir antes que volver allá.
__El gran Visir, quo era un venerable anciano, al oír estas palabras, le dijo:
__Hijo mio, guárdate de ejecutar tu intento, No hay más que desdicha por el mundo, y tú ignoras las penalidades que habrías de sufrir. Vente conmigo, y quizá te haré olvidar el motivo que te precisó a dejar tu país.
Nuredin-Alí acompañó al gran Visir de Bassora, quien, habiendo pronto conocido sus relevantes prendas, le cobró afecto, de modo que un día, hablando con él en particular, le dijo:
__Hijo mío, ya ves que me hallo en edad muy avanzada, y que, según las apariencias, no viviré mucho tiempo. El Cielo me ha concedido una hija única, no menos hermosa que tú, y que se halla ahora en edad casadera. Varios señores de esta corte me la han pedido ya para sus hijos; pero no he podido determinarme a concedérsela. En cuanto a ti, te amo y te hallo tan digno de mi parentesco, que, prefiriéndote a todos los que me la han pedido, estoy pronto a aceptarte por yerno. Si admites gustoso l ofrecimiento que te hago, le declararé al Sultán, mi señor, que te prohíjo con este casamiento, y le suplicaré que te conceda la herencia de mi dignidad de gran Visir en el reino de Bassora. Al mismo tiempo, como necesito ya sosiego en la edad que tengo, tu traspasaré, no sólo el régimen de todos mis bienes, sino también la administración de los negocios del Estado.
Aún no había acabado el gran Visir de Bassora estas razones, tan halagüeñas y generosas, cuando Nuredin-Ali se arrojó a sus plantas, y, con expresiones que manifestaban el alborozo y reconocimiento que rebosaban de su corazón, le respondió que estaba dispuesto a hacer cuanto le mandase. Entonces el gran Visir llamó a los principales empleados de su casa y les mandó que dispusieran la sala principal y preparasen un gran banquete luego mando a casa de todos los señores de la Corte y de la ciudad para que se tomaran la molestia de avistarse con él, y cuando estuvieron todos juntos, informado por Nuredin-Alí de su linaje, dijo a estos señores, juzgando oportuno hablar así para satisfacer a aquellos cuyo entronque había rehusado:
__Voy a comunicaros, señores, una especie que he guardado reservada hasta el día. Tengo un hermano que es gran Visir del sultán en Egipto, así como me cabe a mi la honra de serlo del sultán de este reino. Este hermano tiene un hijo único, que no ha querido enlazar en la corte de Egipto y me lo ha enviado para casarse con mi hija y estrechar mas y mas nuestra intimidad. Este hijo, a quien he reconocido como sobrino a su llegada, y a quien elijo por yerno, es este joven que aquí veis y que os presento. Me lisonjeo de que le haréis el honor de .asistir a su desposorio que he determinado celebrar en este día.
Ninguno de aquellos señores podía llevar a mal que hubiera preferido su sobrino a todos los grandes partidos que se le habían ido presentando, y así todos respondieron que obraba cual debía efectuando aquel casamiento, que asistirían gustosos a la ceremonia y deseaban que Dios le concediera muchos años de vida para ver los frutos de aquella venturosa unión.
Apenas los señores que se habían reunido en casa del gran Visir de Bassora hubieron manifestado a aquel ministro la complacencia que les cabía por el enlace de su hija con Nuredin-Alí, se sentaron a la mesa. A los postres sirvieron dulces, de los que, según costumbre, tomó cada cual lo que pudo llevarse, y entraron los cadíes con el contrato matrimonial. Los principales señores lo firmaron, y hecho esto, se retiraron los convidados.
No habiendo quedado sino los de casa, el gran Visir encargó de los que cuidaban del baño que había mandado preparar, que llevasen a Nuredin-Ali, quien halló la ropa que no había servido aún, de una finura y aseo que hechizaban, como también todo lo demás necesario al intento. Cuando hubieron limpiado, lavado frotado al esposo, quiso volverse a vestir el traje que acababa de quitarse, pero le presentaron otro de mayor magnificencia. tal estado y perfumado con las mas exquisitas esencias, se volvió a la presencia del gran, Visir, su suegro, quien quedó prendado de su hermosura, y habiéndole hecho sentar a su lado:
__Hijo mío -le dijo-, me has declarado quién eres y el lugar que ocupas en la corte de Egipto; me dijiste también que has tenido una contienda con tu hermano, y que por eso te ausentaste de tu país; te ruego que me hagas una entera confianza y y que me digas cual fue el motivo de vuestra disputa. Debes tener ahora, toda tu confianza en mi. y no ocultarme nada.
Nuredin-Alí le refirió todas las circunstancias de su desavenencia con el hermano y el gran Visir no pudo oírlas sin reírse.
__¡Vaya una aprensión extraña __le dijo__ ¿ Es posible hijo mío que vuestra disputa halla llegado hasta ese punto por un casamiento imaginario? Siento que te hallas indispuesto con tu hermano por una causa tan frívola; veo, sin embargo que él tuvo culpa en ofenderse de lo que dijiste chanceándote , y debo dar gracias al Cielo de una desavenencia que me proporciona un yerno como tú. Pero ya es tarde __añadió el anciano__ y es hora de que te retires. Vete, hijo mío; tu esposa te aguarda;» mañana te presentaré al Sultán y espero que te recibirá en términos muy satisfactorios para entrambos.
Nuredin-Ali se desvió del ya suegro para pasar al aposento de su esposa.
Lo mas extraño es __prosiguió el visir Giafar__ que el mismo día que se celebraba su boda en Bassora, Chemsedin Mohamed se casaba también en El Cairo. Al cabo de los nueve meses, la mujer de Nuredin dió a luz en Bassora un niño, que fue llamado Bedredin-Hasan el mismo día que la mujer de Chemsedin Mohamed dio a luz una niña en El Cairo. El gran Visir de Bassora manifestó su regocijo con grandes limosnas y funciones públicas que mandó hacer por el nacimiento de su nieto. Luego, para dar a su yerno una prueba de lo satisfecho que estaba con él, fue a Palacio a pedir humildemente al Sultán que le concediera a Nuredin-Alí la herencia de su empleo, para que tuviera antes de morir el consuelo de ver a su yerno gran Visir en su lugar.
El Sultán, que había visto con .suma complacencia a Nuredin-Alí cuando se lo habían presentado-después de su casamiento, y que desde entonces había oído .hablar siempre de él con muchos elogios, concedió la gracia que se le pedía con todo el agrado que podía desearse, y mandó revestirlo en su presencia con el manto de gran Visir.
El suegro rebosaba de júbilo al día siguiente, cuando vio a su yerno presidiendo el Consejo en su lugar y desempeñando todas las funciones de gran Visir. Nuredin-Alí las ejecutó tan cumplidamente que parecía haber estado ejerciendo toda su vida aquel cargo. Continuó posteriormente ‘asistiendo al Consejo, cuando los achaques de la vejez no permitieron la asistencia de su suegro. Este buen anciano falleció cuatro años después de aquel desposorio, con la satisfacción de ver un vástago de su familia que prometía sostenerla por mucho tiempo con lucimiento.
Nuredin-Alí le tributó los últimos deberes con todo el cariño y reconocimiento debidos, y luego que Bededrin-Hasan .su hijo hubo cumplido siete años, lo entregó a un excelente ayo, quien empezó a darle una educación digna de su nacimiento. Es cierto que halló en el niño un entendimiento despejado, perspicaz y abarcador de cuantas lecciones le suministraban. ‘
Dos años después que Bedredin-Hasan fue encargado al maestro que le enseñó a leer con perfección, aprendió el Alcorán de memoria; su padre Nuredin-Alí le proporcionó después otros profesores, que cultivaron de tal modo su entendimiento, que a    los doce años ya no los necesitaba. Entonces, como se habían formado ya sus facciones. causaba. admiración a cuantos le miraban
Hasta entonces Nuredin-Alí no había pensado sino en hacerle estudiar, y no le había presentado en público. Llevóle a Palacio para proporcionarle el honor de saludar al Sultán, quien le recibió con distinción. Los primeros que le vieron en la calle quedaron: tan prendados de su hermosura, que les produjo arrebatos de entusiasmo y le dieron mil bendiciones.
Como su padre trataba de hacerle capaz de ocupar un día su puesto, nada perdonó al intento, y le hizo tomar parte en los mas arduos negocios, para imponerle desde luego en su desempeño. Finalmente hacia cuanto cabe para el adelantamiento de un hijo que le era tan querido, y empezaba ya a disfrutar del fruto de sus afanes, cuando le acometió de repente una enfermedad, cuya violencia fue tal, que conoció que no estaba muy distante de su última hora. Así que no quiso hacerse ilusión, y se dispuso a morir como un verdadero musulmán. En aquel preciso momento, no se olvidó de su querido hijo Bedredin; lo mandó llamar y le dijo:
__Hijo mío, ya ves que el mundo es perecedero; sólo aquel adonde voy a pasar es el duradero por los siglos de los siglos. Menester es que empieces desde ahora a seguir las mismas disposiciones que yo; prepárate a hacer este viaje sin sentimiento y sin que tu conciencia pueda remorderte por nada tocante a las obligaciones de un musulmán, ni a las de un hombre honrado. En cuanto a tu religión, estas bastante instruido con lo que te han enseñado tus maestros y con lo que has leído. Por lo que toca al hombre de bien, voy a darte algunas instrucciones de que procurarás aprovecharte. Como es necesario conocerse a sí mismo, y no puedes tener de esto un conocimiento cabal sin saber quién soy, voy a comunicártelo.
Nací en Egipto, y mi padre, tu abuelo, era primer ministro del Sultán de aquel reino. Yo mismo obtuve el honor de ser uno de los Visires del mismo Sultán, con mi hermano, tu tío, que aun supongo vivo, que se llama Chemsedin Mohamed. Tuve que separarme de él y vine a este país, donde llegue al encumbrado puesto que hasta ahora he ocupado. Pero sabrás todas estas particularidades mas circunstanciadamente por un cuadernito que tengo que darte.
Al decir esto, Nuredin-Alí sacó aquel cuaderno escrito de su puño y que llevaba, siempre consigo, y dándoselo a Bedredin-Hasán:
__Toma__le dijo__, lo leerás muy despacio; hal1aras, entre varias especies, el día de mi matrimonio y el de tu nacimiento. Son circunstancias de las que necesitarás quizá en lo sucesivo, y que deben obligarte a guardarlo cuidadosamente.
Bedredin-Hasan, entrañablemente condolido al ver a su padre en aquel estado, y conmovido con sus razones, recibió el cuaderno anegados los ojos en lágrimas y prometiéndole no desprenderse nunca de él.
En aquel momento le sobrevino a Nuredin-Alí un desmayo que hizo creer que iba a expirar; pero volvió en si, y recobrando el habla:
__Hijo mío __le dijo__, la primera máxima que debo enseñarte es que no te entregues fácilmente a intimidades con toda clase de personas. El medio de vivir seguro es comunicarse consigo mismo y ser reservado con los demás:
»La segunda, no cometer violencia con nadie, porque, en mi caso, todos se levantarían contra ti, y debes mirar el mundo como un acreedor que tiene derecho a tu moderación, compasión y tolerancia.
»La tercera, no contestar palabra cuando te injurien: cuando uno guarda silencio, dice el refrán, está fuera de peligro. en semejante ocasión debes particularmente practicarlo. También sabes que con este motivo un poeta nuestro dijo que el silencio es la gala y salvaguardia de la vida, y que nunca debemos parecernos al hablar a la lluvia de una tormenta que todo lo destruye. Nunca se arrepintió nadie de haber callado y sí muchas veces de haber hablado.
»La cuarta, no beber vino, porque es el origen de todos los vicios.
»La quinta, economizar tus bienes: si no los malgastas, te servirán para precaverte de la necesidad; no por eso hay que acaudalar en demasía y ser avaricioso: por pocos haberes que tengas, como los gastes cuando convenga, tendrás muchos amigos, y, por el contrario, si tienes muchas riquezas y haces mala uso de ellas, todos se apartaran de ti y te abandonaran.
Finalmente, continuó dando buenos consejos a su hijo hasta el último momento de su vida, y cuando hubo muerto se le hicieron magníficas exequias.
Enterraron a Nuredin-Alí con todos los honores debidos a, su dignidad. Bedredin-Hasán de Bassora, que así le apellidaron, porque había nacido en aquella ciudad, sintió entrañable desconsuelo con la muerte de su padre. En vez de contar un mes, según costumbre pasó dos llorando y solitario, sin ver a nadie, ni aun salir para rendir acatamientos al Sultán de Bassora, el cual, enojado de tamaña desatención y mirándolo como un menosprecio de su corte y persona, se dejó arrebatar de la ira. Mando llamar enfurecido al nuevo gran Visir, porque había nombrado uno luego que supo la muerte de Nuredin-Alí, y le ordenó que pasara a la casa del difunto y la confiscara, como también todas las haciendas y bienes, sin dejar nada a Bedredin-Hasán, mandando que se apoderase de su persona.  Historia de Bedredin Hasán volver a historia de Chemsedin Mohamed       volver a índice

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