6.2.2. historia de Bedredin Hasán (parte 2)

Abriéronse las puertas de la ciudad de Damasco, y la gente, que estaba ya reunida para salir, quedó sumamente admirada, viendo a Bedredin-Hasán tendido en el suelo, en camisa y calzoncillos. __¡Mirad -decían algunos__ a lo que esta uno expuesto! ¡Ha pasado una parte de la noche bebiendo con sus amigos, se  embriagado, y luego, habiendo salido para alguna urgencia, en vez de volver a la casa, habrá venido hasta aquí sin saber lo que hacia y le habrá sobrecogido el sueño!
Otros hablaban diversamente, y nadie podía adivinar por qué aventura se hallaba allí. Un vientecillo que empezó a soplar levantóle la camisa y dejó ver un pecho más blanco que la nieve. Quedaron tan atónitos con aquella blancura que dieron un grito de admiración y despertaron al joven. Su asombro no fue menor que el de ellos, y viéndose a la puerta de una ciudad en donde nunca había estado, y rodeado de un sinnúmero de gentes que le estaban mirando atentamente:
__Señores __les dijo__, decidme, por favor, en dónde me hallo y lo que queréis de mí.
Uno de ellos tomó la palabra y le respondió:
Joven, acaban de abrir la puerta de esta ciudad, y al salir, os hemos hallado tendido en el suelo en que estáis, y nos hemos parado a miraros. ¿Habéis pasado aquí la noche y sabéis que os halláis en una de las puertas de Damasco?
__¡En Damasco! __replicó Bedredin__.. ¡Os burláis de mi Anoche, al acostarme, me hallaba en el Cairo.
A estas palabras, algunos, movidos a compasión, dijeron que era lástima que un joven tan hermoso hubiese perdido el juicio, y prosiguieron su camino;
__Hijo mío __le dijo un buen anciano__, ¿qué estáis diciendo? Ya que os halláis esta mañana en Damasco, ¿cómo podíais estar ayer noche en el Cairo? Eso no cabe.
__Sin embargo, no hay duda en que así es __repuso Bedredin__, y aun os juro que pasé todo el día de ayer en Bassora.
Apenas hubo dicho estas palabras, cuando todos prorrumpieron en carcajadas y empezaron a gritar:
__Esta, loco, está loco.
No obstante, algunos le compadecían por su juventud, y uno de los circunstantes le dijo: , __Hijo mío, debéis haber perdido el juicio; no pensáis en lo que decís. ¿Cómo puede ser que un hombre pase el día en Bassora, la ,noche en el Cairo, y esté a la mañana siguiente en Damasco? Sin duda que aun no estáis despierto: volved en vos.
__Lo que digo __repuso Bedredin-Hasán__ es tan cierto, que ayer noche me case en la ciudad del Cairo.
Todos los que antes se reían volvieron a burlarse al oír estas palabras.
__Cuidado __le dijo el mismo que acababa de hablar__, habréis soñado todo eso, y la ilusión tiene embargada vuestra mente.
__Yo sé muy bien lo que digo __respondió el j oven__; decidme vos mismo cómo es posible que haya ido en sueños al Cairo, en donde estoy persuadido que efectivamente estuve, en donde trajeron siete veces delante de mí a mi esposa, vestida cada vez con un traje nuevo, y en donde finalmente ví a un asqueroso jorobado con quien querían casarla. Decidme, además, lo que se han hecho mi vestido, turbante y bolsa de cequíes que tenia en el Cairo.
Aunque aseguraba que todo esto era positivo, las personas que le escuchaban no hicieron mas que reírse, lo ¿cual le causó tanto trastorno que el mismo no sabía ya que pensar de todo lo que le había sucedido.
Después que Bedredin-Hasan se empeñó en sostener que cuanto había dicho era cierto, se levantó para entrar en la ciudad, y todos le siguieron voceando:
__Está loco, loco, está loco!
A estos gritos, unos se asomaron a las ventanas, otros salieron a las puertas, y algunos, juntándose con los que seguían a Bedredin voceaban también que estaba loco, sin saber de quién se trataba. El joven, confuso, llegó a la casa de un pastelero que abría su tienda, y entró dentro para salvarse de aquella gritería.
Aquel pastelero había sido en otro tiempo capitán de una cuadrilla de salteadores que robaban las caravanas, y aunque, desde que se había avecindado e Damasco, no daba motivo de queja él, no dejaba de ser temido de cuantos le conocían. Por eso desde la primera mirada que echó a la plebe que acompañaba a Bedredin, consiguió alejarla. El pastelero, viendo que ya no quedaba nadie, hizo varias preguntas al joven, inquiriendo quién era y lo que le había traído a Damasco. Bedredin-Hasan no le oculto su nacimiento ni la muerte del gran Visir, su padre. Luego le refirió de qué modo había salido de Bassora, y cómo, habiéndose dormido la noche anterior sobre el sepulcro de su padre, se había hallado al despertarse en el Cairo, en donde se había casado con una dama. Finalmente, le manifestó la extrañeza que la causaba  hallarse en Damasco, sin poder comprender tantas maravillas
__Vuestra historia es en extremo portentosa __le dijo el pastelero__ , pero, si queréis seguir mis consejos, no confiéis a nadie cuanto acabáis de decirme, y aguardad con paciencia que el Cielo se digne terminar las desgracias que permite os aquejen. Quedaos conmigo hasta entonces, y como no tengo hijos, estoy pronto a reconoceros como tal, si consentís en ello. Cuando yo os haya prohijado, iréis libremente por la ciudad y no estaréis expuesto a los insultos de la plebe.
Aunque esta adopción no fuese muy honrosa para el hijo de un gran Vìsir, Bedredin no dejó de admitir la proposición del pastelero, conceptuando que era el mejor partido que debía tomar en su situación. El pastelero le dio un vestido, tomó testigos y fue adeclarar delante de un cadí que le reconocía por hijo; y desde entonces Bedredin vivió en su casa bajo el nombre de Hasán y aprendió a hacer pasteles. regresar a la Historia de Chemsedin   volver a índice

 

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