6.2.2. historia de Bedredin Hasán (parte 1)

El nuevo gran Visir, acompañado de gran número de palaciegos, ministros de justicia y otros empleados, no tardó en ponerse en camino para desempeñar su comisión. Un esclavo de Bedredin-Hasan, que se hallaba casualmente entre el concurso, apenas supo el intento del Visir, se adelantó y corrió a avisar a su amo. Hallóle sentado en el umbral de su casa, tan afligido como si su padre acabase de morir, y arrojándose a sus pies, sin aliento, después de haberle besado el extremo de la túnica:-
__Huid, señor __le dijo__, huid prontamente.
__¿Qué ocurre? __le preguntó Bedredin alzando la cabeza.__,
¿qué noticias me traes ?
__Señor __respondió el esclavo__, no hay que perder un instante. El Sultán está furioso contra vos, vienen por orden, suya a confiscar cuanto tenéis y aun a apoderarse de vuestra persona.
Las razones de aquel esclavo fiel turbaron el animo de Bedredín-Hasán.
y aquí comienza la historia de Bedredin-Hasán
A la muerte de su padre Nuredin-Alí, y víctima de la furia del Sultán, avisado por su fiel esclavo que iba a ser despojado de sus bienes y apresado, le pregunta a éste ¿ Pero no tengo tiempo para entrar en mi aposento y tomar algún dinero y algunas joyas?
__No, señor __replicó el esclavo__; el gran Visir estará. aquí dentro de un momento. Marchaos al punto; huid.
Bedredin-Hasán se levantó atropelladamente de su asiento, se calzó las chinelas, y habiéndose cubierto la cabeza con el extremo de su vestido, para ocultar su rostro, huyó sin saber haciadónde encaminaría sus pasos para librarse del peligro que le amenazaba la primera idea que le ocurrió fue llegar a la puerta más inmediata de la ciudad. Corrió sin detenerse hasta el cementerio público y como se acercaba la noche, determinó pasarla en el sepulcro de su padre. Era un edificio de bastante aparato, en forma de cúpula, que Nuredin-Ali había mandado construir durante su vida; pero encontró en el camino un judío muy rico, que era banquero y mercader de profesión. Volvía de un pueblo donde había tenido negocios y regresaba a la ciudad.
Este judío conoció a Bedredin, y, parándose, le saludó atentamente, y después de haberle besado la mano, le dijo:
__Señor, ¿me atreveré a preguntaros a dónde vais a estas horas solo y tan azorado? ¿Tenéis alguna pesadumbre?
__Si -respondió Bedredin__; me he quedado dormido hace poco y mi padre se me ha aparecido en sueños. Me dirigía terribles miradas, como si estuviese enojado conmigo. Me he despertado con sobresalto y pavor y he venido al punto a orar sobre su sepulcro.
__Señor __replicó el judío, que no podía saber por qué Bedredin-Hasan había salido de la ciudad-, como el difunto gran Visir, vuestro padre y mi señor de dichosa memoria, había cargado con mercancías varios buques que están en el mar y que os pertenecen, os ruego que me deis la preferencia sobre los demás mercaderes. Me hallo en estado de comprar al contado los cargamentos. de todos vuestros buques, y para empezar, si queréis cederme el del primero que llegue a. salvamento, estoy pronto a contaros mil cequíes. Los traigo aquí en una bolsa y os los entregaré por adelantado.
Y diciendo esto, sacó un bolsón que llevaba debajo del brazo, oculto con el vestido, y se lo enseñó, sellado con su sello. En el estado en que se hallaba Bedredin-Hasan, echado de su casa y despojado de todo cuanto poseía en el mundo, consideró la propuesta del judío como un favor del Cielo, y no dejó de aceptarla con suma alegría.
__Señor __le dijo entonces el judío__, ¿Me dais, pues, por mil cequíes el cargamento del primero de vuestros buques que llegue este puerto? __Sí, te lo vendo en mil cequíes __ respondió Bedredin-Hasán__, y es negocio concluido.
Al punto el judío le entregó la bolsa de los mil cequíes, ofreciéndose a contarlos ; pero Bedredin le excusó la molestia, diciéndole que se fiaba de él.
__Ahora, pues __repuso el judío__, tened, señor, la bondad de darme un recibo que exprese el ajuste que acabamos de hacer.
Y diciendo esto, sacó su tintero que llevaba en la cintura, y tomando de el un cálamo muy bien cerrado, se lo presentó con un pedazo de papel que halló en su cartera. y mientras tenia en la mano el tintero, Bedredin-Hasán escribió estad palabras:
«Este sirve documento sirve para dar testimonio de que Bedredin Hasán vendió al judío Isaac, por la cantidad de mil cequíes, que he recibido, el cargamento del primero de sus bajeles que llegue al puerto.
«Bedredin-Hasán de Bassora»
Después de haber firmado este escrito, lo entregó al judío, quien lo metió en su cartera y se despidió. Mientras Isaac proseguía su rumbo hacia la ciudad, Bedredin-Hasán se encaminó hacia el sepulcro de su padre Nuredin-Alí. Al llegar, se postró con el rostro contra el suelo, y anegados los ojos en llanto, empezó a lamentarse de su desdicha.
__¡Ay de mi! __decía__. ¿Qué será de ti, desgraciado Bedredin? ¿ A dónde irás en busca de asilo contra el injusto Príncipe que te persigue? ¿No bastaba tener que llorar la muerte de un padre tan querido? ¿ Era preciso que la fortuna añadiese una nueva desventura a mi justísimo quebranto?
Permaneció mucho tiempo en aquel estado; pero, al fin, se levantó, y habiendo apoyado la cabeza contra el sepulcro de su padre, se renovó su dolor con mayor vehemencia que antes y no de suspirar y quejarse, hasta que, rendido al sueño, alzó la cabeza ; y tendiéndose a lo largo sobre el enlosado se quedó dormido.
Apenas gozaba el regalo de aquel sosiego, cuando un Genio que había fijado aquel día su residencia en el cementerio, disponiéndose a correr el mundo por la noche, según su costumbre, advirtió aquel joven tendido en el sepulcro de Nuredin-Alí. Entró, y como Bedredin estaba echado de espaldas, quedó absorto y pasmado de su hermosura.
Cuando el Genio hubo considerado atentamente a Bedredin-Hasan, habló así consigo:
Si se ha de juzgar de esta criatura por su buen aspecto, no puede menos de ser un ángel del paraíso terrenal que Dios envía para encender los corazones con su belleza.
Finalmente, después de haberle mirado con asombro, se montó por los aires y encontró casualmente un hada. Saludáronse recíprocamente, y luego el Genio le dijo:
__Os ruego que bajéis conmigo al cementerio donde tengo mi residencia, y os haré ver un portento de hermosura, no menos digno de vuestra admiración que de la mía.
Consintió el hada, y se apearon entrambos en un instante, y al asomar sobre el sepulcro:
__¿Qué tal? -dijo el Genio al hada, enseñándole a Bedredin-Hasan__. ¿Habéis visto nunca un joven tan peregrino como éste?
El hada contempló atentamente a Bedredin, y luego, volviéndose al Genio:
__Os confieso le respondió__ que es un portento ; pero acabo de ver en el Cairo algo aun más asombroso, de que voy a hablaros, si queréis escucharme. ‘
__Me daréis mucho gusto __replicó el Genio.
__Habéis de saber __dijo el hada__, porque voy a tomar mi narración de muy atrás, que el sultán de Egipto tiene un Visir llamado Chemsedin Mohamed, padre de una hija que ha cumplido veinte años. Es la mujer mas hermosa y cabal que se haya visto ni oído. El Sultán, enterado por la ,voz pública de la belleza de esta joven, mandó llamar uno de estos días al Visir su padre y le dijo:
__He sabido que tenéis una hija en edad de tomar estado; estoy en ánimo de casarme con ella; ¿queréis concedérmela? El Visir, que no aguardaba semejante propuesta, se quedó algo cortado ; pero siempre en sí, en vez de aceptar gozoso lo que otros no hubieran dejado de hacer en su lugar, respondió al Sultán:
Señor, no soy digno del honor que Vuestra Majestad quiere dispensarme, y le ruego humildemente que no lleve a mal si me opongo a su intento. Ya sabéis que tenía un hermano llamado Nuredin-Ali, distinguido como yo con la dignidad de Visir vuestro. Tuvimos una disputa, que dio motivo a que se ausentase, y desde entonces no he tenido noticia suya hasta hace cuatro días, que he sabido que murió en Bassora, honrado con el alto cargo de gran Visir de aquel reino. Ha dejado un hijo, y como en otro tiempo nos comprometimos a casar los que uno y otro tuviésemos, siendo de diferente sexo, estoy persuadido de que ha muerto con el ánimo de celebrar este enlace. .Por mi parte yo quisiera cumplir mi promesa, y suplico a Vuestra Majestad que me conceda esta gracia. Otros muchos señores hay en esta corte que tienen hijas como yo, y a quienes podéis honrar con vuestro parentesco.
Grande fue el enojo del sultán de Egipto contra Chemsedin Mohamed, y le dijo en un arrebato de cólera que no pudo contener:
__¿ Así correspondéis a las mercedes que os dispenso, humillándome hasta el punto de enlazarme con vuestro linaje? Sabré vengarme de la preferencia que os atrevéis a dar a otros, y juro que vuestra hija no tendrá. por marido sino el más vil y contrahecho de todos mis esclavos.
Al decir estas palabras, despidió disparadamente al Visir, quien se retiró a su casa. confuso y en extremo apesadumbrado. Hoy el Sultán ha mandado llamar a uno de sus palafreneros, que es jorobado y tan feo que horroriza, y, después de haber dado orden a Chemsedin Mohamed que consienta en el casamiento de su hija con este asqueroso esclavo, ha mandado extender y firmar el contrato matrimonial por varios testigos en su presencia. Están concluidos los preparativos de este desposorio extravagante, y ahora mismo todos los esclavos de los señores pertenecientes a la corte de Egipto se hallan a la puerta de un baño, cada uno con su hachón en la mano. Aguardan que el palafrenero jorobado, que está dentro, se haya lavado y salga para llevarle a casa de su esposa, quien, por su parte, está ya peinada y vestida. Cuando salí del Cairo, las damas reunidas se disponían a acompañarla con todas las galas nupciales a la sala en donde debe recibir al jorobado y le está ahora aguardando. La he visto, y os aseguro quo no cabe mirarla sin embeleso.
Cuando el hada hubo dejado de hablar, el Genio le dijo:
__Por mucho que digáis no puedo persuadirme de que la hermosura de esa joven aventaje a la de este mozo
__No quiero disputar con vos __replicó el hada__; confieso que mereciera casarse con la hermosa doncella destinada al jorobado ,y me parece que haríamos una acción digna de nosotros, si oponiéndonos a la injusticia del sultán de Egipto, pudiéramos sustituir este joven en lugar del esclavo.
__Tenéis razón -respondió el Genio__; no podéis creer cuanto os agradezco esa idea; burlemos la venganza del sultán de Egipto, consolemos a un padre afligido, y hagamos a su hija tan dichosa como desgraciada se está contemplando: vamos, pues, a echar el resto en el intento ; estoy persuadido de que por vuestra parte haréis otro tanto; yo me encargo de llevarle al Cairo sin que se despierte, y dejo a vuestro cargo el trasladarle a otra parte cuando hayamos ejecutado nuestro proyecto.
Luego que el Genio y el hada tuvieron dispuesto cuanto conducía a su objeto, el Genio arrebató suavemente a Bedredin, y llevándole por los aires con increíble velocidad, le dejó a la puerta de una hostería inmediata al baño de donde iba a salir el jorobado con el séquito de esclavos que le aguardaban.
Bedredin-Hasan se despertó en aquel punto y quedó atónito viéndose en medio de una ciudad que le era del todo desconocida.
__Quiso preguntar en dónde se hallaba, pero el Genio le dio una palmada en el hombro, le avisó que no dijera palabra, y entregándole, un hacha:
__Vete __le dijo__, júntate con aquellas gentes que ves a la puerta de aquel baño, y sigue con ellas hasta que entres en una sala en donde se van a. celebrar ciertas bodas. El novio es un jorobado que fácilmente conocerás. Ponte a su derecha al entrar, y desde ahora abre la bolsa de cequíes que tienes en el pecho, y ve distribuyéndolos a los músicos, bailarines y bailarinas. Cuando llegues a la sala, no dejes de dar también a las esclavas que veras junto a la novia, al acercarse a ti. Pero siempre que metas la mano en la bolsa, sácala llena de cequíes y guárdate de economizarlos. Haz puntualmente cuanto te digo con mucha presencia de animo; no te asombres de nada, a nadie temas, y confía en cuanto a lo demás en una potestad superior que dispone de tu suerte.
El joven Bedredin, enterado de lo que debía hacer, se adelantó hacia la puerta del baño; su primera diligencia fue encender su hacha en la de un esclavo; revuelto luego con los demás, como si perteneciera a algún señor del Cairo, siguió con ellos y acompañó al jorobado, quien salió del baño y montó en un caballo de la caballeriza del Sultán.
Bedredin-Hasán, confundido con los músicos, bailarines y bailarinas que iban delante del jorobado, sacaba de cuando en cuando de la bolsa puñados de cequíes que los distribuía. Como iba repartiendo su dinero con indecible gracejo, todos los que participaban de sus generosidades volvían los ojos a él, y luego que le habían mirado, le conceptuaban tan donoso y guapo, que no podían quitar de él la vista.
Llegaron, al fin, a la puerta del visir Chemsedin Mohamed tío de Bedredin-Hasán, quien estaba muy ajeno de imaginarse que tenia tan cerca a su sobrino. Los palaciegos, para evitar toda confusión, detuvieron a los esclavos que llevaban hachas y no quisieron dejarlos entrar; También rechazaron a Bedredin-Hasán; pero los músicos, que tenían entrada libre, se pararon protestando que no entrarían si no le dejaban pasar con ellos.
__No es un esclavo __decían__; basta mirarle para conocerle. Sin duda, es un forastero que quiere ver por curiosidad las ceremonias que se observan en los desposorios en esta ciudad. Y diciendo esto, le colocaron en medio de ellos y le hicieron entrar a pesar de los palaciegos. Le quitaron el hacha, que dieron al primero que se presentó, y después de haberle introducido en la sala, le colocaron a la derecha del jorobado, quien se sentó en un trono magníficamente adornado, junto a la hija del Visir.
Se hallaba ésta lujosamente ataviada ; pero se veía en su rostro una languidez o mortal tristeza cuya causa no era difícil adivinar, viendo a su lado a un marido tan contrahecho y poquísimo acreedor a su cariño. El tropel de mujeres de los emires, visires y palaciegos, con otras muchas damas de la corte y de la ciudad, estaban sentadas por ambos lados, algo más abajo, cada una según su categoría, y todas vestidas con tanta magnificencia, que formaban una perspectiva vistosísima. Tenían todas hachas encendidas.
Cuando vieron entrar a Bedredin-Hasán, echaron sobre él los ojos, y, pasmadas por su hermosura, no podian dejar de mirarlo.
Cuando estuvo sentado, no hubo una que no dejara. su asiento para arrimarse a él y contemplarle mas de cerca, y fueron pocas las que, al retirarse para ocupar otra vez sus asientos, no se sintieron conmovidas entrañablemente.
La diferencia que había entre Bedredin-Hasán y el jorobado, cuyo aspecto repugnaba, promovió quejas en el concurso.
__A ese hermoso joven __dijeron las __damas__ hay que entregar la novia, y no a ese horroroso jorobado.
No pararon en esto, pues se atrevieron a prorrumpir en censuras contra el Sultán, quien, abusando de su potestad absoluta, enlazaba así a. la fealdad con la hermosura. También llenaron de improperios al jorobado y le dejaron confusísimo, muy a satisfacción de los circunstantes, cuyas rechiflas interrumpieron por un rato la música que resonaba en el salón. A1 fin, los músicos volvieron a proseguir sus conciertos, y las mujeres que habían vesti-do a la novia se acercaron a ella.
Cada vez que la novia mudaba de traje, se levantaba de su asiento y, seguida de las mujeres, pasaba por delante del jorobado sin dignarse mirarle, e iba a presentarse a Bedredin-Hasan para mostrarse a él con sus nuevos atavíos. Entonces Bedredin-Hasan, siguiendo el consejo que le había dado el Genio, no dejaba de meter la mano en la bolsa y sacar puñados de cequíes, distribuyéndolos a las mujeres que acompañaban a la novia ; tampoco se olvidaba de los músicos y bailarines, y era una diversión ver cómo se empujaban unos a otros para recogerlos, se le manifestaban agradecidísimos, y le estaban denotando con señas cuánto deseaban que la novia fuera para él y no para el jorobado. Las mujeres que la rodeaban le decían lo mismo y se recataban muy poco de que el jorbado las oyese, haciéndole mil escarnios, lo cual tenia divertidos a los circunstantes.
Cuando estuvo ya corriente, se cambió de traje, los músicos dejaron de tocar y se retiraron haciendo seña a Bedredin-Hasan para que se quedara. Otro tanto hacían las damas al marcharse con todos los que no eran de la casa. La novia entró en un gabinete, a donde sus doncellas la siguieron para desnudarla, y no quedaron en la sala sino el jorobado, Bedredin-Hasán y algunos criados. El jorobado, enfurecido contra Bedredin, le miró de reojo y le dijo:
¿Qué aguardas? ¿Por qué no te retiras como los demás? Vete de aquí,
Como Bedredin no tenía ningún pretexto para quedarse allí, se salió, en efecto; pero apenas estaba fuera de la sala, cuando el Genio y el hada se presentaron a él y le detuvieron.
¿Adónde vas? __le dijo el Genio__, Quédate; el jorobado no está ya en la sala, pues ha salido para cierta necesidad; entra y metete hasta el aposento de la novia. Cuando estés solo con ella, dile osadamente que eres su novio; que el ánimo del Sultán era divertirse del jorobado, y que para consolar a este supuesto marido, le has mandado disponer un plato de crema en la caballeriza. Luego dile cuanto se te ocurra para persuadirla, lo cual no te será difícil, con una presencia tan aventajada, y quedará prendada de que la hayan engañado por un rumbo tan halagüeño. Entretanto vamos a dar orden para que el jorobado no vuelva, y no te estorbe de pasar la noche con tu esposa; porque es la tuya, y no la de él.
Mientras que el Genio estaba así alentando a Bedredin, enterándole de cuanto debía practicar, el jorobado había salido de la sala. El Genio entró en donde estaba, y tomando la forma de un gran gato negro, empezó a mayar horrorosamente. El jorobado echó a correr tras el gato, dando palmadas para sacarlo de allí; pero el gato, en vez de retirarse, se estiró con ojos centelleantes, encarándose atrevidamente con el jorobado, dando mayidos más espantosos que antes, y creciendo de modo que pronto fue del tamaño de un asno. Entonces el jorobado quiso pedir auxilio; pero era tal el pavor que le tenia poseído, que se quedó con la boca abierta sin poder articular palabra.
El Genio, sin darle tiempo para volver en sí, se transformó al punto en un enorme búfalo, y bajo esta forma le gritó con una voz que aumentó su espanto:
__Asqueroso jorobado.
A estas palabras, el aterrado palafrenero fue a parar al suelo, y cubriéndose la cabeza con la falda de su vestido, para no ver aquel espantoso animal, le respondió temblando:
__Príncipe soberano de los búfalos, ¿qué quieres de mí?
__Desdichado bicho __le replicó el Genio__, ¿tienes la temeridad de pensar en casarte con mi amante?
__Señor __dijo el jorobado__, os suplico que me perdonéis: si soy delincuente, es por ignorancia; no sabía que esta dama tuviera un novio búfalo; mandad cuanto queráis, y os juro que estoy pronto a obedeceros.
__Por vida mía __repuso el Genio__, que si no sales de aquí, o no te estás callado hasta que salga el sol, si dices una sola palabra, te aplasto la cabeza. Entonces te permito que salgas de esta casa ; pero a condición que te marches sin mirar atrás, y si te atreves a volver a ella, te costara la vida.
Dichas estas palabras, el Genio se trasformó en hombre, asió al jorobado por los pies, y habiéndolo arrimado a la pared cabeza abajo:
__Si te mueves antes que salga el sol, como ya te dije __añadió__, te cogeré por los pies y te estrellaré la cabeza contra la pared.
Volviendo a Bedredin-Hasán: alentado éste por el Genio y la presencia del hada, entrando de nuevo en la sala, se había introducido en el aposento nupcial, y sentado, aguardó el desenlace de su aventura. Al cabo de algún tiempo, llegó la novia acompañada por una buena anciana, que se detuvo a la puerta exhortando al marido a que cumpliera con sus obligaciones, sin parar la atención en si era el jorobado o no, y luego cerró la puerta y se retiró.
La novia se quedó atónita, viendo, en vez del jorobado, a Bedredin-Hasán, que se acercó a ella con ademán halagüeño.
¿Cómo os halláis aquí a estas horas? __le preguntó__. Sin duda, sois un compañero de mi marido.
__No, señora __respondió Bedredin__, soy de otra clase que ese asqueroso jorobado.
__¿Qué es lo que decís? __repuso la novia__. ¿Cómo habláis así de mi esposo?
__¡El vuestro esposo, señora! __replicó Bedredin__.
¿Cómo podéis manteneros tanto tiempo en ese concepto? Desengañaos de una vez, tantos primores no quedaran sacrificados al mas despreciable de todos los hombres. Yo soy, señora, el venturoso mortal a quien están destinados. El Sultán ha querido divertirse, engañando así al Visir, vuestro padre, y me ha elegido por vuestro verdadero esposo. Ya habéis podido notar cuánto se divertían de esta comedia las damas, músicos, bailarines, vuestras criadas y demás sirvientes de casa. Hemos despedido al infeliz jorobado, quien se está comiendo ahora una fuente de crema en la caballeriza, y podéis contar con que no volverá. a presentarse delante de vuestros hermosos ojos.
A estas palabras, la hija del Visir, que había entrado en el aposento nupcial más muerta que viva, mudó de semblante, derramándosele por el rostro un júbilo que le dio nuevo realce a los ojos de Bedredin.
__No me esperaba yo __le dijo__ una sorpresa tan agradable, y ya me creía condenada a ser infeliz por todos los días de mi vida; pero mi ventura es tanto mayor por cuanto que voy a poseer hombre digno de mi ternura.
Cuando los dos esposos se hubieron dormido, el Genio, que se había juntado con el hada, le dijo que era hora de acabar lo que habían empezado tan bien y dirigido hasta entonces.
__No nos dejemos sorprender por el día, que asomará pronto __dijo__; id y arrebatad al joven sin despertarle__. El hada entró en el aposento de los esposos, que dormían profundamente, arrebató por los aires a Bedredin-Hasán en el estado en que se hallaba, esto es, en camisa y calzoncillos, y volando son el Genio en ímpetu velocísimo hasta la puerta de Damasco en Siria, llegaron precisamente en el momento en que los ministros de las mezquitas llamaban al pueblo en alta voz a la oración del amanecer. El hada depositó a Bedredin en el suelo, y dejándole junto a la puerta, se alejó con el Genio. ir  a parte 2 historia de Bedredin  regresar  a Ha.  de Chemsesedin Mohamed…     volver a indice

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