4.4.1. Historia del reino petrificado

__Esta ciudad era la capital de un poderoso reino, que llevaba el nombre del Rey mi padre. Este Príncipe y su Corte y todos los habitantes de la ciudad eran magos, adoradores del gran fuego de Nardun, antiguo Rey de los gigantes rebeldes a Dios. Aunque nacido de padres idólatras. Tuve la fortuna de que mi aya supiese de memoria el Alcorán y que me lo explicase muy bien. Me enseño a leer el Árabe, dándome el Alcorán para que me ejercitase en la lectura. Murió mi aya, pero no sin que antes me hubiese instruido suficientemente en la religión musulmana, así es, que odiaba yo cordialmente el falso dios Nardum. Habían Transcurrido tres años y algunos meses, cuando se dejó oír en el aire una voz tonante que decía estas palabras:«Habitantes, abandonad el culto de Nardun, adorad  al Dios único y misericordioso». La misma voz se dejó oír durante tres días seguidos en distintos puntos; pero no habiéndose convertido ninguno, a las cuatro de la mañana, todos los habitantes quedaron convertidos en piedra. A mi padre cupo igual desgracia, lo mismo que a mi madre, quedando transformados en estatuas de mármol negro. Yo soy el único a quien Dios preservó de tan tremendo castigo. Desde entonces continuó sirviéndole con más fervor que antes. Y estoy persuadido, mi bella señora, de que os ha enviado para mi consuelo.
Conmovida con este relato ofrecí al Príncipe llévarlo a Bagdad, proposición que aceptó inmediatamente, y así es que al amanecer nos dirigimos al buque. El capitán y mis hermanas estaban con inquietud sin saber qué pensar de mi ausencia, pero pronto les tranquilicé refiriéndoles lo sucedido, y no sin haber embarcado lo que se pudo de las inmensas riquezas que existían en la ciudad, nos volvimos a Bassora. El Príncipe se enamoró de mí durante la travesía, y me pidió, formalmente mi mano, lo cual hizo palidecer a mis celosas hermanas, quienes desde aquel momento formaron el criminal proyecto de arrojarnos al Príncipe y a mí, como lo ejecutaron en el Golfo Pérsico. El infortunado Príncipe se ahogo, pero yo pude por milagro sobrenadar un poco hasta que encontré fondo y arribe a una isla situada a veinte millas de Bassora.  regresar a la historia de zobeida    volver a índice

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