2.1.3. Historia del anciano y la princesa Scirina (parte 2)

Volví al bosque y, entrando en mi caja, me traslade al aposento de la princesa.
Hermosa Scirina __le dije apenas estuve a su lado__ , un cortesano de vuestro padre se ha permitido dudar de que os habéis casado con Mahoma, y, por castigarle, desencadené una tempestad fin de que su caballo se espantase y el incrédulo se rompiera una pierna al caer.
Al siguiente día, el rey de Gazna reunió a su Consejo y le propuso ir a todos juntos a pedir perdón a Mahoma y desagraviarlo por la incredulidad del cortesano que tan cara había pagado la falta.
Así lo hicieron, presentándose todos a la princesa.
__Scirina le dijo el rey__, venimos a suplicarte que intercedas con el Profeta por un hombre que se ha hecho merecedor de su justa cólera.
__Sé de lo que se trata, señor ___contestó la Princesa__, porque Mahoma me lo ha referido.
Todos los ministros quedaron convencidos de que Scirina era, realmente la esposa del Profeta, y, postrados a sus pies, le rogaron que intercediera por el desgraciado cortesano y por ellos.
La Princesa les ofreció que los complacería.
Entretanto avíanseme agotado las provisiones y, como además había gastado en trajes y perfumes todo el dinero de que disponía, no sabía cómo arreglármelas.
Ocurrióseme entonces una idea que puse en práctica aquella noche.
Cuando volví a reunirme con Scirina:
__Esposa mía __le dije__, nos hemos olvidado de una formalidad en nuestro casamiento: no me habéis entregado vuestra dote y esto me contraría. Pero como yo no deseo la dote, sino llenar esa formalidad, bastará con que me deis una de vuestras joyas.
La princesa quiso entregarme todo su tesoro, pero yo me contenté con dos diamantes de gran tamaño que al día siguiente vendí en la ciudad
Un mes había transcurrido ya desde que me convertí en el Profeta cuando llegó a Gazna un embajador.
Este embajador, en nombre de su soberano, iba a pedir en matrimonio a Scirina.
__Siento mucho __le contestó Bahaman__ no poder acceder a lo que vuestro Rey me pide, pues ya he dado a mi hija por esposa al profeta Mahoma.
Al oír estas palabras, el embajador creyó que el rey de Gazna ha perdido el juicio.
Despidióse, pues, del soberano y volvió a su país.
Al principio, el Rey fue del mismo parecer que su embajador acerca del estado mental de Bahaman; pero, reflexionándolo mejor, creyó que la negativa envolvía un desprecio imperdonable, y reuniendo al punto un poderoso ejército invadió el reino de Gazna.
Aquel Rey se llamaba Cacem, y Bahaman, que era menos fuerte que él, hizo, además sus preparativos guerreros, pero con tal lentitud, que no pudo impedir el avance del enemigo.
Sabedor el rey de Gazna del número y de las hazañas del ejército de Cacem, se consideró perdido, y reunido su Consejo, el cortesano que se había roto una pierna habló en estos términos:
__Me sorprende que el Rey demuestre tanto temor en la ocasión presente. ¿Qué daño pueden causar todos los príncipes reunidos al suegro del Profeta?
__Tenéis razón; a Mahoma debemos dirigirnos __repuso Bahaman.
Dicho esto fue a encontrar a Scirina y le dijo:
__Hija mía, apenas despunte el nuevo día, Cacem asaltará la ciudad, y temo no poder resistir el ataque; por lo tanto, he venido a rogarte para que intercedas en nuestro favor ante Mahoma.
__Señor __ repuso la Princesa__ no dudo que el Profeta estará de nuestra parte y que, deshaciendo el ejército enemigo, enseñará a los demás príncipes, con escarmiento de Cacem, cómo deben tratar al suegro de Mahoma.
__Entretanto__repuso el Rey__, la noche avanza y el Profeta no viene. ¿Nos habrá abandonado?
__No padre mío __contestó Scirina__; el ve desde el cielo al ejército que nos asedia y quizá en estos momentos lo ha deshecho ya sembrando el pánico entre nuestros enemigos.
Efectivamente, esto era lo que el supuesto Mahoma quería hacer.
Habiendo pues, observado durante todo el día el ejército de Cacem y las posiciones que ocupaban, y muy especialmente el cuartel general del Rey, llené de piedras grandes y pequeñas mi caja, me remonté por los aires y me detuve por encima de la tienda real.
Los soldados dormían a pierna suelta y esto me permitió descender hasta una abertura de la tienda, a través de la cual miré, y viendo a Cacem tendido sobre ricas pieles, le arrojé una piedra con tanta certera puntería que le herí gravemente en, medio de la frente.
El Rey lanzó un gritó que despertó a sus guardias, los cuales acudieron presurosos en auxilio de su soberano.
Yo aproveche la ocasión para remontarme en el aire, dejando caer una lluvia de piedras sobre la tienda y los que la rodeaban.
Entonces el pánico se apoderó de todo el ejército enemigo de Bahaman.
Presa del terror, emprendió tan precipitada fuga, que abandonó en su huída tiendas y bagajes.
__¡Mahoma nos extermina! ¡Estamos perdidos! exclamaban los infelices.
Bahaman, sorprendido al ver que el enemigo había levantado el cerco, lo persiguió con sus mejores tropas y, después de hacer con los fugitivos una horrible carnicería , hizo prisionero a Cacem.
__¿Por qué __le dijo__ has entrado a mis Estados contra toda razón y derecho? ¿Qué motivos te he dado para que me declares la guerra?
__Bahaman__repuso el Rey vencido__, supuse que me negabas por esposa a tu hija con ánimo de ofenderme. No podía creer que el Profeta fuese tu yerno y quise vengarme. Más ahora no tengo duda, pues todo lo que me sucede no puede ser sino obra suya.
Bahaman dejó de perseguir a sus enemigos y volvió a Gazna acompañado de Cacem, el cual murió a consecuencia de la herida que yo habíale producido.
En todas las mezquitas se celebraron fiestas para dar gracias al Profeta por haber confundido a los enemigos de Gazna, y el Rey se trasladó enseguida la palacio de la Princesa.
__Hija mía, vengo para expresar mi gratitud a Mahoma por los beneficios que me ha dispensado, y ojalá pudiera hacerlo personalmente.
Pronto pudo satisfacer ese deseo, pues a los pocos instantes aparecí en el aposento, entrando como de costumbre por la ventana.
En cuanto me vió el Rey postróse a mis plantas, y besando el suelo exclamó:
__¡Oh gran Profeta! ¡No se como expresarte lo que siento…!
Levanté a Bahamas amorosamente y besándole la frente le dije:
__Príncipe, ¿Podíais suponer que yo os abandonase en el terrible trance que por amor mío os encontrabais? He castigado el orgullo de Cacem, que pretendía apoderarse de vuestros Estados y robar a Scirina para encerrarla en su harén.
Dos días después del entierro de Cacem, el Rey de Gazna decretó grandes festejos para celebrar, no sólo la derrota de sus enemigos, sino también el matrimonio de Mahoma con su hija.
Creí conveniente dar señales de mi con algún nuevo prodigio, y, al efecto, compré en la ciudad buena cantidad de pez, torcidas de algodón, pedernal y eslabón.
Bañé el algodón en la pez, y así tuve pronto hechos unos fuegos artificiales.
Llegada la noche, volví a mi caja, y cerniéndome sobre la ciudad, cuando sus calles estaban mas concurridas y las fiestas en su mayor esplendor, pegué fuego a las mechas y el efecto superó a cuanto podía yo imaginarme.
Al ser de día, fui a la ciudad y oí las conversaciones más peregrinas acerca de lo que yo había hecho la noche anterior. Divertíame esto sobremanera cuando ¡ay! dirigí mi vista al bosque y vi que mi caja, el instrumento de mis prodigios, era presa de las llamas.
Alguna chispa de los fuegos artificiales había prendido en la madera sin que yo lo advirtiese y el fuego tomó incremento durante mi ausencia.
No podría expresar la angustia y desesperación que se apodero de mí.
Pero la cosa no tenía remedio y era preciso tomar una determinación, que no podía ser otra que la de ir a buscar fortuna en otra parte. Así, el profeta Mahoma vióse obligado a abandonar Gazna.
Al cabo de tres días de camino tropecé con una caravana de mercaderes del Cairo que volvía a su país y me uní a ellos. En el Cairo híceme mercader, recorrí muchos países y visite numerosas ciudades sin poder olvidar el pasado. retornar al genio y los 3 viejos    Volver a índice

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