21.1. Historia del reinado de el Príncipe Beder

En el primer año se dedicó Beder al despacho de los asuntos y a todo lo concerniente a la capital, y en el segundo de su reinado fue a recorrer las provincias para enterarse por sí mismo de las necesidades de los pueblos distantes. Al regresar a la Corte, cayó el Rey enfermo de peligro, conoció que se acercaba su última hora y recomendó su hijo a los ministros y señores de la Corte, para que siempre le fueran fieles, muriendo al fin, con gran pesar del rey Beder y de la reina Gulnara, quines mandaron colocar el cadáver en un suntuoso mausoleo.
Beder estuvo un mes sin comunicarse con nadie, y en este intermedio llegaron Saleh, la madre de Gulnara y las princesas sus primas a consolar a los dolientes, regresando al mar cuando Beder, pasado el luto, volvió a empuñar las riendas del gobierno.
Saleh fue a la corte de Persia al cabo de un año, con gran alegría de Beder y de Gulnara. Una noche, después de la cena, comenzó Saleh a elogiar las prendas y cualidades de su sobrino, y éste, ruborizado ante aquellas alabanzas, aparentó que dormía, recostándose en uno de los almohadones que estaban a su espalda.
No sé, hermana mí, dijo Saleh, cómo no has pensado todavía en casar a tu hijo; si quieres, yo mismo cuidaré del asunto y le daré por esposa a una princesa de nuestros reinos que sea digna en un todo de mi sobrino. ¿Y conoces alguna que tenga esas cualidades? Sí, conozco una, respondió Saleh bajando la voz; pero mira. antes si Beder está dormido, porque en este asunto es preciso obrar con cautela.
Puedes hablar sin miedo, porque el Rey duerme profundamente, repuso Gulnara después de haberse acercado al diván donde descansaba su hijo.
No conviene que el Príncipe sepa por ahora lo que voy a decirte. Hay que vencer muchas dificultades, no por parte de la Princesa de quien se trata, sino de su padre, que es el rey de Samandal, y ella se llama la princesa Jiauhara.
¡Qué dices! ¿No está casada todavía ese portento de virtud y de hermosura? Veamos ahora cuales son las dificultades de que hablas, y procuraremos vencerlas.
Has de saber, replicó Saleh, que adolece de una vanidad insufrible, y menosprecia las alianzas con los demás soberanos, por elevada que sea su estirpe. Sin embargo, iré a pedir la mano de su hija, y no quiero que el príncipe Beder sepa nada hasta conocer el resultado, si es feliz, para evitarle los sufrimientos consiguientes si se enamora de la bellísima princesa Jiauhara, nombre que, como sabes, significa piedra preciosa.
Convinose, pues, en que Saleh regresaría inmediatamente a su reino, y de éste iría al de Samandal a pedir la mano de Jiauhara; y el rey Beder, que no había perdido ni una sola palabra de la conferencia, aparentó que se despertaba, e invitó a su tío a que le acompañase al día siguiente a una gran partida de caza.
Atravesaban solos por un espeso bosque cuando Beder, enamorado ya de la Princesa por las noticias que de ella tenia, reveló a Saleh el secreto de su fingido sueño, y le rogó en nombre del cariño que le profesaba, que lo llevase consigo ala corte de Samandal y que no esperara el beneplácito del Rey para darle a conocer a la Princesa su hija.
Atónito Saleh al oír aquellas palabras, viendo descubiertos sus planes, quiso persistir en su propósito de ir solo a Samandal, pero fueron tantas las súplicas de Beder, que al fin cedió a sus deseos.
Quitóse del dedo un anillo en que estaban grabadas las palabras misteriosas del sello de Salomón, lo puso en el dedo de Beder, y le dijo:
Tomad este anillo y no temáis ya las aguas del mar ni sus profundos abismos. Ahora haced como yo. Y el rey Saleh y Beder se levantaron ligeramente por los aires, encaminándose hacia el mar, donde ambos se sumergieron. No empleó el Rey marino largo rato en llegar a su palacio y. al punto presentó a Beder a su abuela y a la familia, que lo recibieron con muestras inequívocas de alborozo. La madre de Gulnara, al saber por Saleh el motivo del viaje de Beder, manifestó ciertas inquietudes, porque conocía bien el carácter del rey de Samandal, pero, no obstante, preparó ella. misma el presente, compuesto de rubíes, esmeraldas y perlas, colocándolo en una caja de gran valor. Al día siguiente despidióse el Rey de ella y de su sobrino y marchó a la corte de Samandal, cuyo soberano le dio audiencia apenas supo su llegada. Saleh se inclinó del trono y dijo al Rey:
Señor, aun cuando no tuviera otro motivo que el de ofrecer mis respetos a uno de los príncipes mas poderosos del mundo manifestaría. escasamente a Vuestra Majestad cuanto le honro y cuan grande es mi aprecio.
Y al decir estas palabras le presentó la caja, rogándole que la aceptase. Príncipe, replicó el rey de Samandal, un regalo de tanto valor debe tener por objeto una petición proporcionada. Hablad y decidme sin rebozo en qué puedo seres útil.
Tengo, en efecto, que pedir un favor a Vuestra Majestad, de quien únicamente depende el concedérmelo, y le ruego que no me lo niegue. Vengo a suplicarle que nos honre con su parentesco por medio del enlace de su hija la princesa Jiauhara, estrechando de este modo la amistad que une a entrambos reinos.
Yo creía, respondió con risa y menosprecio el rey de Samandal, que erais un Príncipe sensato y entendido, pero vuestras palabras revelan que me he equivocado. ¿En dónde tenéis el juicio para hacerme una proposición tan absurda y extravagante?
Considerad bien la inmensa distancia que media entre ambos y no perdáis más tiempo en acariciar proyectos quiméricos que nunca podrán realizarse.
Quiera Dios, señor, dar a Vuestra Majestad más grandeza de la que tiene, replicó Saleh, conteniendo los arrebatos de la ira; no pido para mi la mano de la Princesa, sino para el rey de Persia mi sobrino, cuyo poderío y excelentes prendas personales habrán llegado, sin duda, a noticia del soberano de Samandal. Todos confiesan que la princesa Jiauhara es la joven mas perfecta que existe bajo el firmamento, y también es cierto que nadie entre los monarcas puede ser comparado al rey de Persia.
En una palabra, los futuros esposos son dignos el uno del otro, y este enlace merecerá la aprobación universal.
El Rey no dejaría que Saleh le hubiese hablado tanto rato a no sentirse ahogado por el enojo. Al fin, prorrumpió en denuestos y baldones impropios de un rey. ¡Infame!, exclamó; ¿te atreves ni aun a pronunciar delante de mí el nombre de la princesa Jiauhara? ¿Crees que pueda compararse con ella el hijo de Gulnara? ¿Quién eres tú? ¿Quién era tu padre? ¡Guardias! ¡Prended a ese insolente y cortadle al momento la cabeza!
Los palaciegos que cercaban al rey de Samandal se disponían ya a obedecer a, su señor, pero el rey Saleh, joven y ágil en extremo, pudo salir del aposento antes que  desenvainaron los sables, y llegó a la puerta del palacio, donde le esperaban mil hombres de su escolta. Refirióles Saleh en pocas palabras lo sucedido, y poniéndose al frente de una parte de la fuerza, mientras la otra se apoderaba de la puerta, volvió hacia atrás, y prendió
fácilmente al rey. de Samandal, a quien abandonaron los cortesanos. En seguida se dirigió en busca de la princesa Jiauhara, pero al primer estruendo ésta había huido, refugiándose en una isla desierta. Entretanto, algunos oficiales de Saleh fueron a los dominios de éste a dar noticia del suceso a la Reina madre, y el rey Beder, temeroso de sufrir las reconvenciones de su abuela, puesto que Saleh exponía la vida por causa suya, salió del mar, y no sabiendo qué camino seguir para volverse al reino de Persia, entró en la misma isla donde se había refugiado la princesa Jiauhara.
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