20. Historia del Sultán de las Indias y sus tres hijos

Señor, dijo la sultana Scheznarda, uno de los antepasados de Vuestra Majestad, que ocupó largos años el trono de las Indias con aplauso y admiración de los pueblos, tenía la dicha de ver que sus tres hijos, cabales imitadores de sus virtudes, y una princesa sobrina suya, eran el realce y el principal ornamento de la Corte. El mayor de los príncipes se llamaba Husán, el segundo Ali, el más pequeño Amed, y la sobrina tenía por nombre Nuruniar.
Era esta última hija de un príncipe, hermano menor del Sultán, el cual murió a, poco de haberse casado, dejando a la joven encomendada al afecto y a la protección de su tío. El Sultán la hizo educar en Palacio con los Príncipes sus primos, y Nuruniar reunía a una extraordinaria belleza, un claro talento y el alma mas inocente y bondadosa que pueda imaginarse. Así es que los tres Príncipes se prendaron de ella, acontecimiento que sintió mucho el Rey, porque preveía que iba a ser origen de disgustos y desavenencias entre sus hijos. Los llamó uno por uno para disuadirles de su propósito y hacer que dejasen libre en su elección a la Princesa; pero el buen padre nada pudo conseguir, y entonces reunió a los tres y les dijo:
Hijos míos, ya que no logro la idea, que me propuse al hablaros particularmente, voy a proponeros el único medio que hay para que quedéis contentos y avenidos. Id a viajar por separado a un país diferente, de modo que no podáis encontraros nunca, y como sabéis que a mi me agrada todo lo que es raro y peregrino, prometo la mano de la Princesa a aquel de los tres que me traiga la preciosidad más notable y desconocida. Os daré a cada uno una cantidad igual para los gastos de viaje, que debéis hacer sin comitiva ni ostentación alguna, a fin de obrar con entera libertad en vuestras pesquisas, y al regreso, comparados los objetos, veremos cuál de vosotros es el que se lleva la victoria.
Acogieron los Príncipes con júbilo esta proposición, y después de despedirse de su padre y de hacer los preparativos, se pusieron en camino sin pérdida de tiempo. Salieron por una misma puerta de la ciudad, bien montados y equipados, con traje de mercaderes y seguidos de su respectivo oficial de confianza disfrazado de esclavo, y al llegar a la primera parada, en donde el camino se dividía en tres, siguió cada cual el viaje por diverso rumbo. Antes
convinieron en que la expedición duraría un año, citándose para el mismo sitio, a condición de que el primero que regresara esperaría allí a los otros dos, y éstos al tercero, para presentarse juntos al Sultán, según le habían prometido. ir a El Viaje de los tres príncipes
El sultán de las Indias, después de escuchar el relato de sus hijos, se quedó muy pensativo, sin saber al pronto qué responderles, hasta que al fin rompió el silencio y les dijo:
Hijos míos, no puedo declarar en justicia cuál de vosotros es el vencedor. La Princesa debe la vida a tu manzana, Amed, es cierto, pero ¿de qué habría servido si no hubierais visto el peligro por medio del canuto de marfil ni hecho el viaje con tanta rapidez en la alfombra milagrosa? Los tres objetos son inestimables, pero inútiles sin el auxilio uno de otros; lo más que les concedo es una perfecta igualdad entre si, y como no puedo conceder la mano de la Princesa sino a uno solo de vosotros, ya veis que el único fruto de vuestro viaje consiste en la satisfacción de haber contribuido por iguales partes a devolver la salud a mi sobrina.
Es preciso recurrir a otra prueba, y quiero hacerla hoy mismo.
Tomad cada uno el arco y una flecha, y salid de la ciudad a la extensa llanura donde se verifican los ejercicios de la caballería; voy a disponerme para marchar allá, y declaro que daré la mano de la Princesa a aquél cuya flecha vaya más lejos.
Los Príncipes no tuvieron nada que replicar a la sabia decisión de su padre, y fueron a la llanura, seguidos de un inmenso gentío, noticioso ya por los oficiales de Palacio de la prueba que iba a ejecutarse.
Luego que se presentó el Sultán, el príncipe Husán, como mayor entre sus hermanos, tiró primero; luego el príncipe Alí, cuya flecha fué más lejos que la de su hermano, y Amed tiró el último, pero se perdió de vista la flecha, y nadie la vió caer, sin haberla podido encontrar después por ninguna parte. Como era indispensable hallar la flecha para decidir el juicio, el Sultán no titubeó en declarar vencedor al príncipe Alí; cuyas bodas con Nuruniar se celebraron a los pocos días en medio de suntuosos festejos
El príncipe Husán no asistió a la ceremonia, y, desesperado y lleno de tristeza, abandonó la Corte, renunció al derecho que tenía para heredar la corona, y se hizo derviche, retirándose a la soledad de los campos.
El príncipe Amed tampoco asistió a los desposorios de Alí, pero no abandonó el mundo como su hermano Husán. Preocupado siempre con la pérdida de su flecha, se decidió a buscarla ir a Historia del Príncipe Amed y el Hada
Amed cedió al príncipe y a la princesa Nuruniar una provincia de consideración con su correspondiente capital, e hizo igual oferta a su hermano mayor Husán; pero éste, contento en su soledad, dio las gracias a Amed por el obsequio que le hacía, jurándole obediencia y pidiéndole, como principal favor, que le permitiese continuar viviendo en el retiro durante el resto de sus días Volver a índice

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s