16.7. Historia de Aboulhassan Ali Ebn Becar y de Schesnselnihar (Parte 7/11)

El Joyero ofrece su ayuda al Príncipe de Persia

El joyero no tuvo necesidad de oír mas para quedar plenamente convencido de la violenta pasión del príncipe de Persia, de que Ebn Thaher le había informado.
La simple amistad no habla un lenguaje tal; sólo el amor puede inspirar sentimientos tan vivos.
El Príncipe quedó algunos momentos sumido en sus tristes pensamientos.
Levantó después la cabeza, y, llamando a uno de sus criados:
Id, le dijo, a casa de Ebn Thaher. Hablad con alguno de sus criados y aseguraos de si es cierto que haya partido para Bassora. Id y volved de prisa a decirme lo que habéis averiguado.
Esperó el joyero el regreso del enviado, que al volver dijo que era cierto que Ebn Thaher hacia dos días que había partido para Bassora.
Al salir de la casa de Ebn Thaher, añadió, una esclava bien compuesta ha venido a encontrarme y, después de preguntarme si tenía el honor de pertenecereros, al decirle que sí, me han. dicho que tenía que hablar con vos y me ha rogado que la condujese aquí. Está en la antecámara y creo que tiene que entregaros una carta de una persona distinguida.
El príncipe mandó que entrase inmediatamente. Era la confidente de Schesnselnihar.
El joyero la reconoció, porque la había visto varias veces en casa de Ebn Thaher.
No podía llegar en mejor ocasión para impedir al Príncipe que se entregase a la desesperación.
El príncipe de Persia devolvió el saludo que le dirigió la confidente Schesnselnihar.
El joyero se levantó al verla, apartándose un poco para de hablar con libertad.
La confidente se despidió después de haber hablado con el dejándolo hecho otro hombre que antes. Sus ojos eran más brillantes y su rostro más alegre, de lo que dedujo el joyero la esclava le habría dicho cosas favorables a su amor.
El joyero, habiéndose restituido al sitio inmediato al Príncipe, le dijo sonriendo:
A lo que veo, Príncipe, tenéis negocios importantes en el palacio del Califa.
El príncipe de Persia, maravillado y alarmado, contesto;
¿De dónde sacáis esta deducción?
De la esclava que acaba de salir, repuso el joyero.
¿A quién suponéis que pertenece esa esclava?
-A Schesnselnihar, favorita del Califa, respondió el joyero. Conozco a esa esclava y también a su ama, que me ha hecho el honor de venir alguna vez a mi casa a comprar piedras finas. Sé también que Schesnselnihar no tiene secretos para esta esclava que muchos días veo por las calles muy atareada; y creo se trate de algún negocio que afecte a su ama.
Estas palabras turbaron mucho al Príncipe.
Ese hombre no hablaría así, dijo para sí, si no sospechase o quizá no conociese mi secreto.
Permaneció callado por algunos momentos, dudando qué partido tomar. Por fin, dirigió otra vez la palabra al joyero diciéndole:
Me habéis dicho cosas que me hacen sospechar que tal vez sepáis algo más de lo que decís. Es necesario para mi seguridad que habléis claro; por lo tanto, os suplico que no me ocultéis nada.
Entonces el joyero, que no deseaba otra cosa, le hizo un exacto relato del coloquio que tuvo con Ebn Thaher, añadiendo que éste. atemorizado por el peligro en que se hallaba, había resuelto partir para Bassora hasta que se hubiese disipado la tormenta.
Esto es lo que ha hecho -continuó el joyero, y estoy sorprendido de que haya podido abandonaros en el estado en que os encontráis. En cuanto a mí, ¡oh Príncipe!, vengo a ofreceros mis servicios, y, si me concedéis la gracia de aceptarlos, me empeño en ser tan fiel como Ebn Thaher. Os prometo, por otra parte, mayor firmeza, hallándome pronto a sacrificaros mi honor y mi vida.
Estas palabras tranquilizaron al Príncipe, consolándole de la ausencia de Ebn Thaher.
Estoy muy contento, dijo al joyero, de tener en vos el medio de reparar la pérdida ocurrida. No tengo palabras para expresaros todo el reconocimiento que os profeso. Ruego al Cielo que os recompense tanta generosidad y acepto de buen grado vuestro ofrecimiento. La confidente de Schesnselnihar ha venido a hablarme de vos, diciéndome que habéis sido el que aconsejó a Ebn Thaher que se marchase de Bagdad; pero no os hace justicia: estará. equivocada, seguramente.
Príncipe, replicó el joyero, he tenido el honor de haceros una relación fiel del coloquio que tuve con Ebn Thaher; es cierto que cuando me dijo que quería retirarse a Bassora yo no me
opuse, diciéndole que procedía como sabio y prudente; pero esto no quita que tengáis confianza en mí, que estoy dispuesto a serviros con todo el ardor posible. Si creéis mejor gobernaros de otra suerte, esto no impedirá que yo os guarde religiosamente el secreto, según lo he prometido con juramento.
Ya os he dicho, dijo el Príncipe, que no prestaba fe a las palabras de la confidente. Su celo le ha inspirado esta sospecha. que no tiene fundamento alguno, y debéis excusarla como la excuso yo.
Todavía siguieron hablando un poco más respecto a los medios de mantener la correspondencia del Príncipe con Schesnselnihar.
Siendo preciso desengañar a la confidente, tan injustamente prevenida, contra el joyero, el Príncipe se encargó de esto en cuanto se ofreciese ocasión.
Por fin, el joyero se levantó y retiróse.
Pero, al retirarse, vio en el suelo una carta que alguien había dejado caer, y como no estaba cerrada, la abrió y vio que estaba concebida en estos términos:
Ir a parte 8 Segundas cartas entre la favorita del Califa y el Príncipe de Persia
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