16. 6. Historia de Aboulhassan Ali Ebn Becar y de Schesnselnihar (Parte 6/11)

El Príncipe de Persia es abandonado por su amigo confidente

Ebn Thaher, disgustado de la obstinación del príncipe de Persia, le abandono bruscamente y volvióse a su casa, donde recordando las reflexiones del día anterior, se puso a. meditar seriamente que partido debía tomar,
En tal ocasión, un joyero, antiguo amigo suyo, vino a visitarle
Este joyero se había dado cuenta de que la confidente de Schesnselnihar iba a casa de Ebn Thaher con más frecuencia que solía, y que Ebn Thaher estaba casi siempre en casa del príncipe de Persia, cuya enfermedad era conocida por todos sin que se
conociese la causa de ella.
Todo esto le había inspirado sospechas. Y como le parecía que Ebn Thaher estaba meditabundo, imaginó que algún negocio importante le desazonaba. Creyendo, pues, aproximarse a la verdad, le preguntó qué quería de él la esclava confidente de Schesnselnihar.
Ebn Thaher quedó un tanto azorado a esta pregunta, y trató de ocultar la verdad, diciéndole que era por una bagatela por lo que iba con frecuencia a su casa.
Pero el amigo le contestó:
No me habláis con sinceridad, y con vuestro disimulo me demostráis que esa bagatela es un negocio mas importante de lo que yo había supuesto al principio.
Ebn Thaher, viéndose cogido, dijo:
En verdad que ese negocio es de la mayor importancia; yo había resuelto tenerlo secreto; mas como sé el interés que os tomáis en todo aquello que me pertenece, prefiero tener confianza en vos antes que sospechéis cosas que no sean ciertas. Yo no os impongo el secreto; pero vos mismo podréis juzgar cuán importante será el guardarlo.
Después de este preámbulo, le refirio los amores del príncipe de Persia y Schesnselnihar.
Sabéis, añadió después, en qué consideración se me tiene en la Corte y en la ciudad, cerca. de los señores más respetables. ¡Qué vergüenza para mi si esos amores llegasen a descubrirse ¡Pero qué digo! ¿no estaríamos perdidos yo y toda mi familia? He aquí lo que me oprime el ánimo; pero he tomado ya mi partido. Tengo deudores y acreedores; me daré mucha prisa en pagar mis deudas y cobrar mis créditos, y, apenas haya puesto mis bienes en seguridad, me retiraré a Bassora, donde permanecerá hasta que haya pasado la tormenta.
La amistad que tengo con Schesnselnihar y el príncipe de Persia me contrista por las desgracias que les podrán sobrevenir, y pido al Cielo que les haga conocer el peligro a. que están expuestos y preservarles de él; pero si quiere el destino que sus amores lleguen a conocimiento del Califa, yo por lo menos estaré a cubierto de su resentimiento, puesto que no le creo tan malo que quiera envolverme en su desgracia.
Su ingratitud seria. extremada: si llegase a tanto, sería cambiar los servicios que les he prestado y los buenos consejos que les he dado en malas acciones; particularmente al príncipe de Persia, que, si quisiera, podría aún zafarse del precipicio junto con Schesnselnihar, saliendo de Bagdad como yo; la ausencia le curarla insensiblemente de una pasión que aumentará. si se obstina en permanecer aquí.
El joyero escuchó con sorpresa a Ebn Thaher.
Lo que me habéis confiado es tan importante, que no comprendo cómo Schesnselnihar y el príncipe de Persia han sido capaces de abandonarse a una pasión tan violenta.. Cualquiera que fuese la simpatía que les arrastrase el uno hacia el otro, en vez de ceder vilmente, debían resistir a ella y hacer mejor uso de la reflexión. ¿Han podido no darse cuenta de las tristes consecuencias de sus amores? ¡ Cuán culpable es este empeño; Yo veo, como vos, claramente todas sus consecuencias. Pero vos sois sabio y prudente y apruebo vuestra resolución; de esta sola manera podréis escapar a los tristes acontecimientos que os han de poner espanto.
Dicho esto, el joyero se levantó y despidióse de Ebn Thaher. Sin embargo, antes de marcharse, Ebn Thaher le suplicó, por la amistad que les unía, que no dijese palabra a nadie de todo cuanto le había confiado.,
Podéis estar tranquilo, le respondió el joyero, guardaré el secreto a costa. de mi vida si es preciso.
Dos días después de esta conversación el joyero pasó por frente de la tienda de Ebn Thaher, y viéndola cerrada, creyó que había, realizado ya el plan que le había expuesto.
Para asegurarse de ello, preguntó a, un vecino si sabía por qué no estaba abierta.
El vecino le dijo que no sabía más sino que Ebn Thaher había partido para un viaje.
No tuvo necesidad de saber más y le vino de súbito en mientes el príncipe de Persia. Infeliz Príncipe, dijo entre sí. ¡ Cómo os disgustará, esta noticia cuando la sepáis? ¿Por qué medio continuaréis la correspondencia con Schesnselnihar? Me temo que moriréis de disgusto ¡Cuanta compasión me inspiráis! Es necesario quo yo os indemnice de la pérdida de ese confidente demasiado tímido,
El negocio por el cual había salido no era de gran importancia; lo dejó para otra ocasión y, aun cuando no conocía al príncipe de Persia sino de vista, no vaciló en ir a su casa. Se dirigió a uno de los familiares y le rogó que dijera a su señor que deseaba hablar de de un negocio importantísimo.
El familiar fue y volvió, y le introdujo en la cámara del Príncipe, que estaba medio acostado con la cabeza sobre los almohadones.
Recordando haber visto al joyero, se levantó para recibirlo, dándole la bienvenida, y después de rogarle que se sentase, le preguntó en qué podía servirle.
Príncipe, respondió el joyero, por más que no tengo el honor de que me conozcáis personalmente, el deseo de serviros ha hecho que me tome la libertad de venir a vuestra casa a daros una noticia que os interesa, y espero que me perdonaréis esta audacia en gracia a mi buena intención.
Dicho esto, entró en materia, prosiguiendo así:
Príncipe, tengo el honor de deciros que la identidad en la índole de nuestros negocios ha unido a Ebn Thaher y a vuestro servidor en estrechísima amistad. Sé que le conocéis y que se ha empleado en serviros hasta ahora en todo cuanto ha podido; esto lo he sabido por él mismo, puesto que no tiene secretos para mí, ni yo para él. He pasado hoy mismo por delante de su tienda y con gran sorpresa mía la he visto cerrada; he preguntado a un vecino la causa y me ha contestado que desde hace dos días se despidió de los vecinos, diciéndoles que se marchaba a Bassora para un negocio de gran importancia. Esta respuesta no me ha satisfecho, y el interés que tomo por todo aquello que le afecta me ha determinado a venir a preguntaros si sabéis algo de particular respecto de una partida tan precipitada. Al oír este discurso del joyero, el príncipe de Persia cambió de color.
Lo que me decís me sorprende sobremanera, Y no podía ocurrirme una desgracia mayor. ¡Sí! ¡Si cuanto me decís es cierto, si Ebn Thaher, en quien tenía puestas todas mis esperanzas, me abandona, ya no hay necesidad de que trate de vivir.
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