15. Historia de Ganem llamado el esclavo de amor y de Tormenta (parte 1)

Vivía en Damasco un mercader que se llamaba Abou Aibou y tenía un hijo y una hija. El hijo se llamaba Ganem, pero después tuve el sobrenombre de Esclavo de Amor.. La hija se llamaba Fuerza- de los Corazones.
Abou Aibou murió, y dejó más de cien fardos de brocatel y otras telas de seda en sus almacenes.
Los fardos estaban todos bien acondicionados y en cada uno de ellos se leía, escrito en letras grandes:
Para Bagdad. Ganem dijo:
Ya que mi padre había destinado esas mercancías para Bagdad, y no pudo realizar su designio, haré yo este viaje.
Provisto de todo cuanto le convenía, se puso en camino con otros cinco mercaderes de Damasco. que iban por negocios a Bagdad. ,
Alojarónse en el más famoso Khan de la ciudad ; pero Ganem que quería alojarse con más comodidad y como uno de los vecinos no tomó en él habitación. Se contento con dejar allí almacenadas sus mercancías, para tenerlas en seguridad, y arrendó una hermosa casa, ricamente alhajada.
No le quedaba ya mas que uno de los fardos heredados cuando un día salió a la plaza pública.
Encontró todas las tiendas cerradas, e inquiriendo el porqué, supo que uno de los mas notables mercaderes de la ciudad había fallecido y que, siguiendo la costumbre, todos sus colegas habían ido al entierro.
Informóse Ganem de la mezquita donde se celebraban sus exequias y, enviando a casa al esclavo con el fardo, se encamino a. ella. ,
La ceremonia tenía lugar en una sala tapizada de negro. Anochecia cuando todo hubo terminado.
Ganem observó con sorpresa que después de las exequias se servia una comida bajo las suntuosas tiendas, puestas en circulo, rodeando el sepulcro, según estilo del país.
Soy extranjero, pensó, y paso por ser un rico mercader. Los ladrones podrían aprovecharse de mi ausencia para robar mi casa.
Vivamente preocupado por estos pensamientos, comió algunos bocados apresuradamente y se marchó.
Corría precipitado para llegar mas pronto; pero así como ocurre muchas veces, que cuanta mas prisa se lleva, menos se adelanta, se extravió en la oscuridad y era ya casi la medianoche cuando llegó a la ciudad, cuyas puertas encontró cerradas.
Este contratiempo le contrarió y hubo de buscar un sitio donde pasar la noche. Se refugió en un cementerio muy grande donde había una palmera.
Tendido sobre la hierba, trató de dormir, pero la zozobra se lo impidió. Vio una luz allí a lo lejos. El miedo se apoderó de él y, empujando la puerta, salió y se encaramó a la copa de la palmera.
Apenas hubo subido, vio entrar en el cementerio tres esclavos. Uno de ellos llevaba una linterna y los otros dos le seguían cargados con una voluminoso caja.
Pusìéronla en el suelo y dijo uno de los tres: Sepultemos esta caja, como nos ha sido ordenado
Cavaron un profundo hoyo, enterraron la caja y salieron fuere del cementerio.
Todo lo había oído Ganem desde lo alto de su escondrijo. Resuelto al descubrir el secreto, bajó al momento del árbol y cavó en el hoyo hasta descubrir la caja, que encontró cerrada con un sólido candado.
Con la misma herramienta que había usado para casar y que allí encontrara, forzó el candado y abrió la caja.
En vez de encontrar en ella dinero, como había supuesto, Ganem quedó pasmado viendo allí una doncella de una belleza sin par.
Al ver los frescos y rojos colores de su rostro y su respiración tranquila y regular, conoció que se hallaba llena de vida.
La señora, al contacto del aire, estornudó ; con un esfuerzo que hizo volviendo la cabeza, echó por la boca un extraño licor, y abriendo y cerrando los ojos gritó con una voz que hizo estremecer a Ganem;
Flor del Jardín, Rama de Coral, Caña de Azúcar, Luz del día, Estrella de la Mañana, Delicia del Ambiente, hablad, pues, ¿dónde estáis ?
Ganem entonces se presentó a ella con todo respeto y con la mayor cortesía, diciéndole:
Señora, no puedo expresar sino muy débilmente el placer que siento de haberme encontrado aquí para haceros el servicio que os acabo de hacer, y por poder ofreceros los socorros de que necesitáis en el estado en que os veo.
Le dijo quién era y contó por qué se había encontrado allí, la llegada de los tres esclavos y el enterramiento de la caja. La señora, que se había tapado la cara con el velo, vivamente conmovida, le dijo:
Doy gracias al Cielo por haberme deparado un hombre cortés como vos para librarme de la muerte, pero ya que habéis empezado una obra tan caritativa, os conjuro para que no dejéis de completarla. Id, por favor, a la Ciudad, buscad un arriero que venga con una mula a cargar conmigo y llevadme a vuestra casa. allí os diré quién soy y os referiré mi historia; entretanto, tened por seguro que no habéis obligado a una ingrata.
El joven mercader tomó la caja, volvió a poner dentro de ella a la señora, cerró la tapa y después llenó el hoyo de tierra.
Fue a la ciudad y volvió con el arriero para llevarse la caja a lomos de la mula
Su alegría. fue extrema cuando vio descargar la caja en su casa.
Despedido el arriero, y cerrada la puerta por uno de sus esclavos, abrió Ganem la caja, ayudó a la señora a salir de ella, le dio la mano, y la condujo a su departamento, compadeciéndola de cuanto había sufrido en aquella estrecha cárcel.
Si he sufrido contestó ella, quedo bien resarcida con lo que habéis hecho por el y por el placer de verme en lugar seguro.
Sentóse en un sofá. y, reconocida al mercader, se quitó el velo delante de él.
Ganem por su parte se sintió conmovido por el extraordinaria favor que le hacia una mujer tan amable al mostrarle su rostro al descubierto, y su amor se trocó en una violenta pasión.
La señora adivinó los sentimientos de Ganem y pareció hallarse satisfecha. El quería permanecer de pie, pero la señora, con una gracia encantadora, tomándole dulcemente por la mano, le obligó a sentarse y a comer con ella, después de lo cual, dándose cuenta Ganem de que el velo de la señora, que había esta dejado sobre un sofá, tenía una orla con una leyenda bordada de oro, le pidió permiso para verlo.
La señora tomó aquel velo y se lo presentó diciendo: Leed las palabras escritas sobre este velo.
Ganem tomó el velo en la mano y leyó:
¡Yo estoy con vos, y vos estáis conmigo, oh descendiente del tío del Profeta!
Este descendiente del tío del. Profeta era el califa Aarón-al-Raschid, entonces reinante, y que descendía de Abis, tío de Mahoma.
Ganem entendió el sentido de aquellas palabras y exclamó con tristeza:
¡Ah, señora! Ese escrito me da la muerte. N o comprendo todo el misterio que encierra, pero un presentimiento me dice que soy. el más desgraciado de los hombres. Y rompió a llorar amargamente.
La señora, conmovida, dijo: Escuchad pues mi historia. continuar en:
Historia de Ganem llamado el esclavo de amor y de Tormenta (parte 2)
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