12. Historia de Ali-Babá y de los cuarenta ladrones exterminados por una esclava (Parte 2)

Alí Baba dejó a su cuñada mas consolada de lo que ella podía esperar, y después de haber dado prolijas instrucciones a Margiana, montó en su asno y regresó a su vivienda. Margiana no perdió el tiempo. En cuanto Ali Baba se hubo marchado, encaminóse a casa de un boticario y le pidió una droga que era eficacisima para las enfermedades mas peligrosas.
El boticario se la entregó en seguida, preguntándole .quién era el enfermo.—‘-¡’ Ah __repuso la astuta Margiana lanzando un suspiro. Es mi amo Cassim, que ha perdido ya el uso de la palabra y diríase que agoniza. ¡Pobre amo mío! ¡Qué cosa tan repentina!
Se marchó la esclava y volvió al poco rato, mas compungida y llorosa que la vez anterior, y pidió una medicina que sólo se suministraba a los enfermos en los últimos momentos, cuando ya no había esperanzas de salvarle la vida.
¡Ay! gimió Margiana, me temo que esta droga no sea más eficaz que la otra, si es que llego a tiempo… ¡ Mi pobre amo se muere! Quizá está ya muerto!
Como al mismo tiempo vieron a Alí Baba y a su mujer, llorosos y cariacontecidos, ir y venir de su casa a la de Cassim, el vecindario no se sorprendió al saber por la noche que Cassim había dejado de existir al caer de la tarde.
Margiana se dirigió entonces a casa de un anciano zapatero, que tenia su .tienda en la plaza, y en cuanto le vio, púsole en la mano una moneda de oro, sin pronunciar palabra.
¡Buen negocio! exclamó el zapatero, contemplando la moneda, ¿De qué se trata? Estoy pronto a serviros.
Babá Mustafa repuso Margiana, tomad los útiles necesarios para coser, y venid conmigo; pero os advierto que, apenas lleguemos a cierto sitio, os vendare los ojos.
Ah, no, no ,exclamó Mustafa, Tramáis algo que repugna a mi conciencia y a mi honradez. __¡De ninguna manera! -replicó Margiana, entregándole otra moneda de oro. Venid, venid conmigo y no temáis nada.
Babá Mustafa siguió a la joven, y llegados a las inmediaciones de la casa de Cassim, la esclava vendó los ojos al zapatero y le condujo a casa de su amo.
Mustafa hizo cuanto se le mandó, cosió los pedazos del cuerpo de Cassim, recibió en recompensa otra moneda de oro, y acompañado de la esclava, que le volvió a vendar los ojos, regresó a su tienda.
Entretanto lavaron y perfumaron al cadáver, y al mismo tiempo que volvía Margiana, llegaba el carpintero con el ataúd que le había encargado Ali Baba. Entre éste y Margiana colocaron los restos de Cassim en la caja, con objeto de que el carpintero no pudiese traslucir nada de lo que ocurría. Terminadas estas operaciones, Margiana fue a la mezquita para avisar que podían dar sepultura al cadáver.
La viuda de Cassimm dio, ante sus vecinos, las mayores muestras de dolor, perfectamente fingido, y, tres o cuatro días después del entierro, Ali Baba trasladó su mobiliario a casa de su cuñada, de la que fue esposo desde aquel momento. Y como estos matrimonios no son raros en nuestra religión, nadie abrigó la menor sospecha. ,
Mientras Alí Baba, con su esposa y su hijo, se trasladaban a vivir en unión de la viuda de Cassim, los ladrones descubrieron. en la cueva que habían sido robados, comprendiendo que un hombre, sin duda, conocía el secreto de abrir la puerta de la caverna.
Resueltos a dar muerte al atrevido del mismo modo que a Cassim, enviaron a un ladrón disfrazado a la ciudad para que indagase con astucia si se hablaba o no de la extraña muerte de Cassim. La casualidad hizo que el bandolero viese a Baba Mustafa trabajando ya. en su tienda, aunque apenas había amanecido: y trabó conversación con él, extrañando que viese bien a pesar de su avanzada edad.
Aunque me veis tan viejo, replicó Mustafa, tengo excelente vista, y no hace mucho tiempo que cosí a un muerto en un sitio donde había menos claridad que en éste.
¡Ya estoy sobre la pista! dijo para si el ladrón.
Y, sin desaprovechar la ocasión, dio a Baba Mustafa dos monedas de oro para que hablase.
Pero el remendón sabia poco y se limitó a decirle que le llevaron y le hicieron salir de casa del difunto con los ojos vendados, por cuya razón le era imposible dar mas informes. El ladrón le propuso vendarle los ojos de nuevo y acompañarle por el mismo camino y las mismas revueltas que se acordase haber andado para ver si daban con la casa.
Baba Mustafa accedió, y emprendió la marcha en unión del bandido, que se dejaba guiar por él, hasta que llegaron a un paraje en el que dijo Mustafa:
Me parece que no pasé de aquí.
El ladrón le quitó el pañuelo de los ojos. Estaban frente a la casa de Cassim.
¿Quién vive aquí? preguntó el ladrón; , Como no soy de este barrio, no os lo puedo decir, contestó Baba. Y se alejó.
El bandolero señaló con yeso la puerta de la casa, encaminándose en seguida al bosque en busca de sus compañeros, a darles cuenta de lo sucedido.
Margiana salió muy temprano aquel día a las compras de la casa, y sorprendida al ver la marca blanca sobre la puerta, sospechó si a sus amos tratarían de hacerles algún mal, y con un pedazo de yeso hizo el mismo signo en las casas de los lados.
así es que fue grande la confusión de los bandoleros cuando aquella noche fueron al sitio designado por el bandolero que había ido al amanecer a la ciudad, porque éste juraba que no había marcado mas que una sola puerta. Vueltos al bosque, comisionaron a otro ladrón, que sobornó a Baba Mustafa como el primero señalando la casa con pintura roja para no equivocarse, pero la ingeniosa Margiana repitió la misma operación, y los malhechores quedaron burlados por segunda vez, hasta que el capitán determinó practicar personalmente las gestiones necesarias, valiéndose siempre de Mustafa. En efecto, llevóle este a la casa de Cassim, el bandido tomó bien las señas del edificio y de las menores particularidades, y de regreso a la cueva ordenó a su gente que comprasen veinte mulas y cuarenta grandes pellejos para aceite, uno lleno y los demás vacíos. A los tres días estuvo todo listo el capitán hizo que cada ladrón, con las armas necesarias, se metiese dentro de un pellejo, dejando abierto un pequeño boquete para respirar, y dispuesta así la comitiva, y cargadas las mulas con los ladrones, se dirigió el jefe de la cuadrilla a Casa de Ali Baba, a quien pidió el favor porque, según dijo, las posadas estaban llenas de que él y sus mulas pasasen allí las horas de. la noche, para vender al amanecer el aceite en el mercado.
Gracias al disfraz de aceitero, no pudo Alí Baba reconocer en aquel hombre al capitán de ladrones que viera en el bosque, así es que no tuvo inconveniente en permitir que entrasen en del patio las caballerías, ni en dar alojamiento al bandido, mandando a Margiana que le-preparase la cena. El capitán arregló sus pellejos, dijo a los ladrones que estuviesen alerta cuando oyeran su silbido de seña, y después de cenar se dirigió ,a la habitación que le habían designado. Alí Babá se acostó también para ir al baño temprano, como acostumbraba, y Margiana en la cocina se dispuso a preparar el caldo que debía dar a su amo al regreso de dicho baño. Pero de pronto se apagó la lámpara por falta de aceite ;no lo había en la casa, ni era hora de ir a buscarlo, y en aquel conflicto se acordó de los pellejos que estaban en el patio, bajó con una jarra, se acercó al primer pellejo que encontró y oyó que el ladrón que estaba dentro preguntaba en voz baja:
¿Es hora?
Margiana, sin desconcertarse ni gritar, como otra hubiera hecho, comprendió con su talento natural el riesgo en que se encontraba Ali Baba y la familia, y respondió al ladrón en voz también muy baja:
Todavía no, pero pronto lo será
Acercóse a todos los pellejos, que el capitán había abierto un poco al descargarlos para que los ladrones no se ahogasen ; éstos hicieron a la esclava la misma pregunta, y ella dio igual respuesta, hasta llegar al último pellejo, que era realmente de aceite.
Lleno la jarra, encendió su luz en la cocina, y puso al fuego una gran caldera rebosando de dicho liquido que fue a buscar al patio; hirvió por fin y, cogiendo la caldera, vertió en cada pellejo aceite hirviendo bastante para sofocar a los hombres que estaban dentro y quitarles la vida.
Apenas había pasado un cuarto de hora de esta acción heroica por parte de la esclava, cuando el capitán comenzó a silbar, pero nadie le respondió. Entonces Margiana, oculta tras una puerta, vio que el jefe de los ladrones bajaba azorado al patio; reconoció los pellejos uno por uno, encontró cadáveres a sus compañeros, y, lleno de horror, creyéndose descubierto, se lanzó al jardín y huyó como un rayo saltando por las tapias.
Fácil es comprender la alarma y la sorpresa de la familia
al enterarse al día siguiente, por la relación exacta de Margiana, del drama que se había representado en el patio aquella noche;
Todos bendecían y admiraban a la valerosa esclava?, a quien Alí Baba hizo libre en justa .recompensa del servicio que le había prestado evitándole una muerte segura.
En el jardín de la casa, que era muy extenso, se dio sepultura instantánea a los treinta y nueve cuerpos de los ladrones, y las mulas fueron vendidas por Ali Baba en el mercado de la ciudad.
Entretanto el capitán, solo y desesperado en su cueva, meditaba una terrible venganza que le proporcionase la muerte de Alí Baba y la seguridad del tesoro que poseía.
Al fin, y pasados algunos días, se estableció en la ciudad con gran lujo y ostentación bajo el nombre supuesto de Cojía Hasán; dijo que era un opulento mercader; puso su tienda frente a la que el hijo de Alí Baba tenía en la casa de su padre, y no sin gran astucia y habilidad trabó relaciones con el joven hasta conseguir que este le invitase una noche a cenar con su familia. Acepto el capitán la oferta, Alí Baba le recibió con el agasajo debido al amigo de su hijo.- Pusiéronse a la mesa,.y Cojía Hasán rogó se le perdonase si no probaba alimento alguno, pero que no podía comer ningún manjar que tuviera sal. Alí Baba le contestó que el pan de su casa no tenia sal, y para quitar todo pretexto al huésped, mandó a Margiana que no echase sal a los guisados que pusiese en la mesa.
Mucho extrañó a Margiana esta rareza del extranjero, y llena de curiosidad entró en el comedor para conocerle. Supo inmediatamente quién era a pesar del disfraz, reparó que llevaba un puñal escondido en la cintura, y no extrañó entonces que el malvado no quisiese comer sal con el hombre a quien trataba de asesinar sin duda.
Empezó la cena: Cojía Hasán hizo lo que pudo para embriagar a Alí Baba y a su hijo. Margiana no tenía pretexto para permanecer en el comedor, y resuelta a evitar el crimen a todo trance, vistióse un traje de bailarina, y con una pandereta en la mano, pidió permiso a sus amos, para lucir su habilidad delante del extranjero.
Gozoso Ali Baba, que no esperaba por cierto esta diversión,
dio licencia a la joven, la cual empezó a bailar unas danzas fantásticas, con tanta gracia, que todos prorrumpieron en aplausos. Luego sacó un agudo puñal, con el que hizo hábiles juegos sin dejar nunca la danza, y en una de las rápidas vueltas que daba, se acercó a Cojía Hasán, y le atravesó el corazón de una puñalada, dejándole muerto en el acto;
Alí Babá y su hijo dieron un alarido horrible, creyendo que Margiana había cometido un asesinato involuntario; pero la heroica joven descubrió el puñal .de Cojia Hasán, y demostró que el falso mercader no era otro que el aceitero y el capitán de ladrones, que se había introducido en la casa con la intención de matar a Alí Baba.
Este, en el colmo de la gratitud, abrazó a Margiana, ofreciéndole su hijo como esposo, distinción merecida por la mujer que dos veces le había salvado tan milagrosamente la existencia.
Enterróse el cadáver del capitán en el jardín con la mayor reserva, y poco después se celebraron, en medio de magníficas fiestas, los desposorios de Margíana y del hijo de Ali Baba, aunque nadie supo el verdadero motivo de la boda.
Al cabo de algún tiempo, y viendo que nadie le molestaba fue Alí Baba un día con las debidas. precauciones a, la cueva de los ladrones.
¡Sésamo, ábrete! dijo delante de la puerta.
Ésta. se abrió al instante.
Ali Baba, a la vista de tan ricos tesoros y del orden en que estaban, conoció que nadie había penetrado allí desde la muerte de los cuarenta ladrones.
Ali Baba enseñó a su hijo el secreto para entrar en la cueva, y aprovechándose ambos de su fortuna con moderación, vivieron largos años espléndidamente y honrados como los primeros personajes de la ciudad.
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