12. Historia de Ali-Babá y de los cuarenta ladrones exterminados por una esclava. (parte 1)

En la ciudad Persia situada en los confines de estos reinos vivían dos hermanos llamados el uno Cassim y Alí Babá el otro. Cassim se casó con una mujer muy rica ; pero Alí Baba, por el contrario, lo hizo con una muy pobre, y su único medio de subsistencia era cortar leña que cargaba luego, para venderla en la ciudad, sobre tres. asnos, cuyos pacientes animales constituían todos sus bienes de fortuna.
Estaba un día Alí Baba en el bosque, entregado a su ordinaria ejercicio, cuando vio a lo lejos un grupo de hombres. a caballo que se adelantaban hacia él, envueltos en una espesa nube de polvo.
Aunque en el país no se hablaba de ladrones, Alí los tomó por tales, refugiándose en la copa de un árbol al pie del cual se detuvieron los jinetes. Eran éstos cuarenta hombres, altos, fornidos armados hasta los dientes, y que al llegar al tronco de dicho árbol echaron pie a tierra, descargando unos sacos que Alí Baba juzgó, por lo pesados, que estarían llenos de oro y plata. El que parecía capitán de la partida se acercó a una gran roca inmediata a aquel sitio y pronunció las siguientes palabras:
¡Sésamo, ábrete!
Inmediatamente se abrió una puerta construida en el peñasco, puerta que ,volvió a cerrarse apenas entraron todos los ladrones.
Ali Baba tuvo intenciones de bajar del árbol, apoderarse de dos o tres caballos y huir al pueblo cercano; pero el miedo lo dejó quieto.
No hubo de esperar mucho: a los pocos momentos salieron de la roca los malhechores.
¡Sésamo, ciérrate! dijo el capitán;
Y la puerta se cerró instantáneamente. ,
Montaron luego a caballo con los sacos vacíos, alejándose en la misma dirección por donde habían venido. Cuando Alí los hubo perdido de vista, fue a la roca, repitió las palabras misteriosas que había oído y entró, no en una cueva obscura, como creyera al principio, sino en un local espacioso, claro y lleno de ricas telas, de alhajas y de sacos repletos de monedas de plata y oro. Alí Baba no dudó un momento sobre el partido que debía tomar, así es que, despreciando las telas, se apoderó de los sacos que pudo, en cantidad bastante para hacer su fortuna.
¡Sésamo, ciérrate! dijo a la puerta para que se cerrase, y en seguida cargó de oro los tres asnos, que a los palos de su amo corrían desesperadamente por aquellos campos en dirección a la ciudad.
Ali Baba contó a su mujer en secreto la extraordinaria aventura, y se dispuso luego a enterrar el tesoro para guardarlo con toda seguridad. .
La mujer quiso saber a cuanto ascendía el tesoro; el marido le dijo juiciosamente que lugar tendría de contarlo; pero ella se obstinó en ir por una medida a casa de su cuñada, la esposa de Cassim, no sin que Ali le recomendase la mayor discreción y reserva.
Como Alí Babá y su mujer eran tan pobres, extrañó mucho su pariente que tuviesen granos que medir, y como no fue posible que la mujer de Ali le dijese una sola palabra, a pesar de sus preguntas, untó con sebo el interior de la medida a fin de averiguar el misterio, como en efecto lo consiguió, porque la medida, al ser devuelta, llevaba pegada al borde una moneda de oro. Cassim Y su esposa no podían explicarse el enigma, y lejos de sentir alegría por la suerte de Alí Baba, concibieron la mas negra envidia al considerar que media oro como si fuese trigo. Cassim fue en busca de su hermano para interrogarle con altanería sobre el cambio repentino de su suerte, y Alí Baba, viéndose descubierto, tomó el partido de contar a Cassim la historia de los ladrones, diciéndole exactamente los medios de que había de valerse para penetrar en la gruta de los ladrones.
Cassim era avaro, y ambicioso por consiguiente; así es que fue al amanecer del otro día con diez mulas y diez cofres al lugar designado por Ali Baba.
Sésamo, ábrete, dijo enfrente de la roca.
Y la puerta se abrió, cerrándose inmediatamente.
Al verse en medio de tantas riquezas, no sabia por dónde empezar, hasta que al fin apartó las que podían transportar diez mulas; pero cuando fue a la puerta, se le olvidó la palabra indispensable, y en vez de Sésamo dijo:
¡Cebada, ábrete!
La puerta permaneció cerrada, y fueron infructuosas cuantas frases pronunció Cassim en su aturdimiento, amedrentado y confuso por no poder salir de la cueva. .A todo esto, volvieron los ladrones, ahuyentaron con su presencia las mulas de Cassim, que huyeron espantadas, y sable en mano penetraron en la cueva con gran terror de Cassim, que, al oír el alboroto, no dudó que estaba en poder de los feroces bandidos.
Resuelto, sin embargo, a hacer un supremo esfuerzo para salvar su vida, apenas oyó pronunciar la palabra Sésamo, que se le había olvidado, y vio la puerta abierta, se precipitó hacia ella con el ímpetu de un huracán y echó a rodar al capitán de los bandoleros que habíase interpuesto en su camino; pero no pudo esquivar el encuentro de los forajidos, que le dejaron acribillado a estocadas.
El capitán se levantó prontamente y, seguido de sus hombres, se interno en la cueva y, vistos los sacos que Cassim se disponía a cargar en sus mulas, vaciaron su contenido en el sitio donde había sido robado, pero sin darse cuenta de la merma. hecha por Alí Baba en el montón de oro.
Seguidamente reuniéronse en consejo con objeto de averiguar cómo había podido Cassim entrar en la caverna. Opinaron algunos que pudo haberlo hecho por la abertura existente en la cima de la montaña y por la cual penetraba la luz; pero esta idea fue desechada al punto, porque la escarpada montaña era realmente inaccesible.
Forzoso era convenir en que el intruso había sorprendido en parte su secreto; y como se trataba de sus comunes intereses y de los tesoros que con tantos riesgos habían acumulado, los bandoleros decidieron cortar el cadáver en cuatro partes y clavarlo en la puerta de la caverna para que sirviese de saludable advertencia a .cualquiera otro que se atreviese a acercarse.
Asimismo resolvieron no volver a la gruta hasta que el hedor se hubiese disipado.
Entretanto, la mujer de Cassim estaba llena de zozobra por la tardanza de su marido.
Al fin, no pudiendo dominar su ansiedad, presentase, al atardecer, en casa de su cuñado. Alí Baba, le dijo, os supongo sabedor de que vuestro hermano ha ido al bosque y del motivo que le ha llevado a aquel lugar. Aún no ha regresado, a pesar de que la noche está al caer, y como temo que le haya ocurrido alguna desgracia…
Ali Baba la interrumpió con un gesto. El había supuesto que su hermano se apresuraría a ir al bosque, y se abstuvo de seguirle para que aquél pudiese obrar con mas libertad, y sin dirigir ningún reproche a su cuñada, le dijo que no debía asustarse de antemano, pues era mas que probable que Cassim no quisiese entrar en la ciudad sino a hora muy avanzada de la noche para que no se descubriese el tesoro que conducía.
Un tanto tranquilizada con las refiexionesque le hiciera su cuñado, la mujer de Cassim regreso a su domicilio. Pero a medida que transcurrían las horas, renacía su inquietud, y cuando despuntó la aurora, sin que su esposo regresara, dio rienda suelta a sus lagrimas, conteniendo, empero, los gritos que pugnaban por salir de su garganta, pues comprendía que debía ocultar su dolor al vecindario.
Ali Baba, lleno de inquietud por la tardanza de Cassim, y a ruegos de su cuñada, fue a la roca y vio con espanto el desenlace de la expedición del su hermano. Recogió los miembros ensangrentados de éste, después de llorar su muerte, a pesar de las ingratitudes del difunto, y cargó a los tres asnos de sacos llenos de oro.
Llegado que hubo a su casa, hizo entrar en el patio a dos de los burros cargados de oro, informó a su mujer en pocas palabras de lo que ocurría, y se encaminó, con el asno que conducía el cadáver, a casa de su cuñada.
Margiana, dijo a la esclava que le abrió la puerta, es necesario que guardes el secreto de lo que vas a saber. Aquí traigo el cuerpo descuartizado de tu amo, y es indispensable que le demos sepultura como si su muerte hubiera sido natural. Avisa a tu ama que deseo hablarle, y luego te diré lo que debemos hacer.
Era Margiana una joven y bellísima esclava, discreta si las hay, dotada de un talento sorprendente y fecundísima en recursos ingeniosos para vencer las mayores dificultades.
La esclava anunció a su ama la visita de Alí Baba, y éste, que la seguía, entró en el aposento. _
¿Qué hay, cuñado mío? ¿Qué noticias me traéis de mi marido? preguntó la viuda con ansiedad; Leo en la expresión de vuestro semblante que vais a anunciarme una horrible desgracia.
Nada os diré, querida cuñada, repuso Ali Baba, si no me prometéis escucharme hasta el fin sin despegar los labios.
¡Ay! exclamó, la mujer de Cassim en voz baja, ese preámbulo me dice claramente que mi marido ha muerto. Me hago cargo, sin embargo, de la necesidad de guardar silencio sobre lo que ocurre y de sofocar mis sollozos… Hablad, que no os interrumpiré.
Alí Baba le hizo un fiel relato de lo que havia visto y hecho en la cueva, y terminó diciendo:
La desgracia, pues, es irreparable, querida cuñada; mas para consolaros, os ruego que compartáis conmigo los bienes que he tenido la suerte de adquirir, y al efecto os propongo que consintáis en ser mi mujer. Os aseguro que mi actual esposa no se opondrá y viviréis en la mejor armonía. aceptáis mi proposición, es preciso arreglarse de modo que parezca natural la muerte de mi hermano, y esto podemos dejarlo al cuidado de Margiana y al mío
No podía tomar mejor partido la mujer de Cassim, pues su difunto esposo le dejaba una fortuna considerable y encontraba otro más rico aun gracias al hallazgo que había hecho.
así pues, aceptó, contentísima, y al punto dejó de llorar la violenta muerte del marido que hasta entonces amado.  continua en
Ali-Baba y de los cuarenta ladrones exterminados por una esclava (Parte 2)
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