Seis Hazañas de Hércules

« en L. Lectura 5o. Alvaro Marín»

hercules-588139_1280

I

Los jóvenes de la antigüedad oían relatar la siguiente leyenda:

Hércules era hijo de Júpiter y desde su nacimiento fue la más fantástica encarnación de la fuerza. La diosa Juno le declaró la guerra y envío a dos serpientes para que lo mataran en la cuna, pero la precoz criatura las estranguló con sus propias manos.

Juno no se desalentó por este fracaso sino que, por el contrario, se obstinó más en la persecución de Hércules y logró que lo dejaran al servicio incondicional de Euristeo, para que este semidiós le impusiera los más difíciles y arriesgados trabajos concebibles.

II

Debes ir, le dijo Euristeo a Hércules, (ya convertido en un hombre), al lugar donde habita el rey Gerión, robarle los bueyes que posee y traérmelos.

Después de cruzar varias naciones amigas unas, enemigas otras, llegó por fin Hércules a la frontera del país que dominaba el rey-tirano Gerión; y como se le opusiera una montaña la partió en dos; el mar avanzó. Nació así el Estrecho de Gibraltar. Por esta razón los dos escarpados peñascos, uno en frente del otro, y de acuerdo con la leyenda, se llaman las columnas de Hércules.

Penetró a un país que se supone era España. Los bueyes estaban guardados por el gigante Euritón y su feroz perro de dos cabezas. El héroe mató sin dificultad al gigante y a su perro y se llevó los bueyes. Pero varias jornadas más tarde, a mitad de camino, y ya de regreso a su patria, Caco le robo algunos animales de noche, mientras Hércules dormía. Caco era un gigante descomunal que habitaba en una caverna, en la cima del Monte Aventino y que saqueaba toda la región circunvecina. Era, además, muy astuto. Sus intolerables abusos y la extraordinaria habilidad con que robaba, sin dejarse sorprender nunca, lo habían hecho famoso en todo el mundo.

Para engañar a Hércules del sitio donde había escondido los bueyes los arrastró por detrás, de la cola, en forma de que pareciera que el ganado robado había ido en dirección contraria. Hércules, no obstante, poseer la fuerza física más extraordinaria nunca jamás conocida, habría fracasado si no hubiera sucedido que oyó mugir los animales y así se enteró del lugar donde estaban. Caco pereció a manos de Hércules en combate personal.

A continuación, Hércules reunió pacientemente los bueyes, dispersos en muchos kilómetros a la redonda, y, semanas más tarde, Euristeos los tuvo a su disposición.

III

Poco tiempo después, Euristeo le ordenó a Hércules que matara al león de Nemea que venía asolando esa región.

La hazaña parecía imposible. Todos los esfuerzos realizados hasta entonces habían sido inútiles. Hércules estranguló a la fiera y triunfalmente volvió con ella muerta, a sus espaldas.

Euristeo, no obstante saber que Hércules nunca se rebelaría contra él, por mandato de los dioses, se asustó tanto al verlo que le ordenó que, en lo sucesivo, le diera cuenta de sus peripecias desde fuera de la ciudad. Así lo hizo Hércules posteriormente.

IV

Su cuarta tarea fue eliminar a la Hidra. Tan espantable monstruo devastaba el país de Argos y vivía en un pantano, cerca del pozo de Amimona, del cual se proveían las gentes de agua potable, particularmente en tiempos de sequía. Hércules fue enviado a destruirla.

La Hidra tenía nueve cabezas de las cuales la del medio era inmortal. Hércules le destruyó ocho cabezas con su maza y enterró la última o inmortal, debajo de una enorme roca.

V

Augias, amigo de Euristeo, le pidió a éste que le ayudara a solucionar el siguiente problema: tenía tres mil reses y hacía treinta años que los establos no se limpiaban.

Hércules desvió los ríos Alfeo y Reneo por sobre ellos y los aseó completamente en un día.

VI

A continuación Euristeo, siempre con la idea de que en algunas de las increíbles aventuras que se le encomendaba pereciera Hércules, le ordenó acabar con Anteo.

Anteo era un gigante luchador, invencible mientras tuviera contacto con la tierra de la cual recibía toda su colosal fuerza y aliento. Seguro de esto, Anteo obligaba a cuantos forasteros llegaban allá a pelear con él con la condición de que, si caían vencidos, tal como les sucedía a todos, debían ser ajusticiados. Y para tal efecto había mandado a construir una horca, a la entrada de la población, sobre una pequeña colina y, por consiguiente, visible desde los cuatro puntos cardinales.

Hércules se le enfrentó y al notar que de nada servía derribarlo, pues se volvía a levantar poderoso, resolvió estrangularlo en el aire.

El fin de Hércules fue trágico, como el de la gran mayoría de los héroes. En un ataque de locura mató a su compañero Ifito y fue condenado a convertirse en esclavo de la reina Onfale, después de que los dioses lo privaron de su mitológica fuerza.
Pasado algún tiempo, amargamente arrepentido de haber dado muerte a su amigo, ascendió lentamente a la cúspide de una montaña, levantó una hoguera, entregó su arco y su flecha, regaló la piel del león que siempre usó, se acostó y pidió que le pusieran fuego a leña. Las llamas se extendieron rápidamente y pronto lo consumieron todo.

Así terminó la legendaria vida de Hércules.

Volver a indice

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s