El brasero

«Gabriela Mistral »

 fire-836635_1280Brasero de pedrerías, ilusión para el pobre: mirándote tenemos las piedras preciosas.
      Voy gozándote a lo largo de la noche los grados del ardor: primero es la brasa, desnuda como una herida; después una veladura de cenizas que te da el color de las rosas menos ardientes; y al acabar la noche, una blancura leve y suavísima te amortaja.
       Mientras ardías, se me iban encendiendo los sueños o los recuerdos, y con la lentitud de tu brasa, iban después velándose, muriéndose…
       Eres la intimidad:sin ti existe la casa pero no sentimos el hogar.
    Tu me enseñaste que lo que arde congrega a los seres en torno de su llama y mirándote cuando niña pensé volver así mi corazón. E hice en torno mío el corro de los niños.
       Las manos de los míos se juntan sobre tus brasas. Aunque la vida nos esperanza, nos hemos de acordar de esta red de las manos tejidas en torno tuyo.
Para gozarte mejor, te dejo descubierto; no consiento que cubran tu rescoldo maravilloso.
          Te dieron una aureola de bronce, y ella te ennoblece ensanchando el resplandor.
      Mis abuelas quemaron en tí las buenas hierbas que ahuyentas a los espíritus malignos, y yo también para que te acuerdes de ellas, suelo espolvorearte las hierbas fragantes, que crepitan en tu rescoldo como besos.
       Mirándote, viejo brasero del hogar, voy diciendo:
      __Que todos los pobres te enciendan en esta noche, para que sus manos tristes se junten sobre tí con amor.

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