No doctor usted no me mata


«L. lectura Alvaro Marín»

En una pequeña ciudad, cierto ciudadano, conocida como buen humorista, publicó un día un artículo el periódico de la mañana contra los malos servicios médicos de la localidad, a cargo, en ese momento, de un doctor con buena reputación profesional y merecida fama de hombre iracundo.
El médico se enfureció al leer las críticas, como era de esperarse , y, fuera de sí, salió, paraguas en mano, en busca de quien firmaba el comentario. Y tratándose de un lugar de pocos habitantes, pronto lo encontró al cruzar una calle.
Nuestro humorista, si bien tenía la lengua larga era corto de piernas y, perseguido de cerca por el energúmeno doctor, tuvo que refugiarse en un almacén, pálido de miedo; y para mayor seguridad se escondió debajo angry-154378_1280del mostrador.

_Salga de ahí, cobarde, le gritó el médico.
__No salgo, respondió él
_Salga si es valiente.
_No soy valiente.
_Salga para matarlo, exclamó aún más enfurecido el médico.
_Usted no me mata, doctor.
_¿Que no lo mato? ¡Salga!
_No me mata doctor, porque yo no me dejo recetar de usted.
El médico se puso rojo; sus ojos lanzaban rayos. Trato de decir algo pero no pudo. Las palabras se le atropellaban en la boca.

Enmudeció. Por unos instantes no supo qué hacer. Lentamente fue recobrando la serenidad; primero sonrió con timidez, y después empezó a reir carcajadas, como si le hicieran cosquillas.

Y sin despedirse ni dar ninguna explicación salió a la calle, todavía riéndose, camino de su consultorio.

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