Maluita y el forastero

«Ruyard Kipling en L. lecturas Alvaro marín»

Vivía en los tiempos más remotos un hombre neolítico. Era un primitivo y habitaba en una caverna. No sabía leer ni escribir ni lo deseaba. Se llamaba Tegumai lo que significa «el – hombre – que -no – adelanta – apresuradamente – el – pie». El nombre de la esposa era Uskama o sea « la- dama – que – hace – mil –  preguntas« la hijita se llamaba Maluíta, es decir «la – criatura –  sin – modales que merece buenos castigos».. los tres Vivían muy contentos.
Cierto día, Tegumai, bordeando la laguna de los cocodrilos bajó hasta el río Wugai a pescar. Maluíta iba con su padre. La lanza de Tegumai era de madera y esa mañana se le rompió, al lanzarla al río. Se encontraba a varios kilómetros de su hogar y había olvidado llevar otra lanza.

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_Para arreglarla dijo Tegumai, tendré que emplear todo el día.
_Tienes en casa la lanza grande, de puño negro, observó Maluíta. Permíteme ir a traerla.
_No, porque la casa está muy lejos, repuso Tegumai. Además podrías caerte en la ciénaga de los cocodrilos. Es mejor tratar de componer ésta.
Sentóse en el suelo, abrió una cajita dentro de la cual había tendones de reno, tiras de piel, cera de abejas, resinas y empezó a arreglar la lanza.
_Papá, dijo al cabo de un rato Maluíta, ¿no juzgas tremendamente terrible que ni tú ni yo sepamos escribir? Si supiéramos enviar un mensaje pidiendo la lanza.
_Maluíta, contestó Tagumai, ¿cuántas veces te he dicho que no uses ese lenguaje raro? Eso de tremendamente terrible dista mucho de ser una frase bonita. Pero sí sería conveniente, de veras, poder mandar a casa algún mensaje escrito.
En aquel preciso momento se presentó un extraño a quien llamaremos el Forastero, Pertenecía a una tribu distinta, la de los Stupicong, y no entendía ni una palabra del lenguaje de los Tegumai. Detúvose y sonrío a Maluíta, pues él también tenía en su hogar una hija.
_¿Sabes dónde vive mamá? le preguntó Maluíta.
Pero el Forastero se limitó a contestar hum.. hum… pues era, como ya sabemos un Stupicong,
_No molestes a la gente, dijo Tegumai, tan embebido en su remiendo que ni siquiera levantó la cabeza.
_No moleste a nadie, repuso Maluíta. Solo le estoy diciendo que haga lo que yo quiero, pero él no entiende.
_Oye, le dijo Maluíta al forastero, quiero que vayas donde mi madre y le pidas la otra lanza, la del puño negro.
_El Forastero pensó: qué chiquilla tan asombrosa. Agita los brazos y me dice algo a gritos, pero no entiendo nada. Mas si no hago lo que ella quiere, mucho me temo que este altivo jefe «el- hombre – que – vuelve – la – espalda- a los visitantes» y que parece su papá se enoje de verdad.
El Forastero arrancó un abedul, le quitó la corteza y le dio un pedazo a Maluíta. Con esto deseaba manifestarle que tenía el corazón blanco como la corteza de ese árbol y que no abrigaba ninguna mala intención.
_Ah, exclamó Maluíta ¡Ya comprendo! No sé escribir pero sé dibujar. Préstame ese diente de tiburón que tienes en tu collar.
Y sin esperar, Maluíta alargó la mano y se lo arrebató.
El Forastero pensó: Esta niña es asombrosa, asombrosísima. El diente de tiburón es mágico y siempre me aseguraron de quien lo tocase, sin mi permiso, se inflaría y subiría por el aire y luego estallaría. Pero esta niña ni se infla, ni sube, ni estalla.
_Verás qué dibujos tan lindos hago, aseguró Maluíta.         Puedes mirar por encima de mi hombro. Primero voy a dibujar a mi papá pescando. No se parecerá mucho, pero mamá lo reconocerá pues dibujaré también la lanza rota. Bueno: Quedó como clavada en la espalda de papá pero es que se me resbaló el diente de tiburón.
_Ahora, mucha atención, continuó Maluíta: esta es la lanza que debes traerme, y aquí estoy yo. No tengo los cabellos de punta, claro está, pero es que así es más fácil pintarlos. En seguida te voy a dibujar a tí ¡Ya verás que bien vas a quedar!
El Forastero, recordemos que era un Stupicong, pensó: «debe prepararse una gran batalla y esta niña prodigio que ni se infla, ni estalla, da a entender que es necesario convocar a la tribu inmediatamente».
_Mira, le advirtió después Maluíta al Forastero ya te dibuje a tí y te he puesto en el brazo la lanza que papá necesita, pero es únicamente para recordarte que debes traerla. Ahora te indicaré cómo puedes llegar al sitio donde vivimos, Vas caminando hasta que encuentres estos los árboles que pinto aquí; luego subes un monte y llegas a una ciénaga de cocodrilos. He dibujado solamente las cabezas de los cocodrilos ¡procura no caerte! Más allá esta nuestra caverna. A la entrada encontrarás a mamá. Es muy bonita, pero no se enojará cuando vea que la he pintado tan gorda va a ponerse muy contenta porque ya se dibujar.
_Y por último continuó Maluíta, para que no se te olvide, he dibujado fuéra de nuestra caverna la lanza, la del puño negro. Te repito que mi mamá se va a poner muy contenta; por eso la pinte con las manos en alto. ¿Has comprendido bien el dibujo o quieres que te lo vuelva a explicar?
        Maluíta se incorporó, pues para dibujar se había extendido en el suelo, y le colocó el dibujo al Forastero casi en la punta de las narices.
El Forastero miró, asintió con la cabeza y se dijo: «si no regreso a este lugar con toda la tribu, le van a dar muerte a este gran jefe y a su adorable niña». Y echo a correr como el viento, por entre la maleza, llevando en la mano la corteza de abedul con los enredados dibujos de Maluíta.
_¿Qué hacías? Maluíta, le preguntó Tgumai su papá
        Ya él había compuesto la lanza y la balanceaba cuidadosamente.
_Oh! contestó ella, una idea que se me ocurrió. Si no empeñas en hacer preguntas lo sabrás dentro de un rato y te llevarás la gran sorpresa.
_Bien, bien, dijo Tegumai y empezó a pescar.
El Forastero corrió varios kilómetros hasta que por casualidad encontró a Uskama a la entrada de la caverna, conversando con otras damas neolíticas. Se parecía mucho a Maluíta. El Forastero sonrió y le entregó la corteza de abedul.
Tan pronto como Uskama vió el dibujo chilló y huyó del  Forastero. Las otras damas neolíticas se lanzaron sobre él y lo derribaron a porrazos
_Aquí está mi desdichado marido. Tegumai con el brazo roto y una lanza clavada en el hombro, exclamó Uskama mostrando a sus compañeras el dibujo. aquí un hombre a punto de arrojarle otra lanza; aquí uno más que saca una lanza de una caverna y aquí, miren, una multitud (en realidad eran cocodrilos pero parecían gente) que corre detrás de él.
Las damas empezaron a batir los tambores tribales y convocaron a los jefes de la tribu, a los negus y caciques de la comarca, además de los brujos, hechiceros y bonzos, Y reunidos en gran asamblea, decidieron que antes de cortarle la cabeza al Forastero éste debía guiarlos para mostrarles el sitio donde habían escondido la desventurada Maluíta.
Entonces el Forastero, a pesar de que era Stupicong, se sintió bastante molesto pues lo habían aporreado casi hasta perder el aliento. Sin embargo no se quejó; y cuando estuvo reunida la tribu, el Forastero la guió hacia la orilla del Wugai donde encontraron a Maluíta recogiendo flores y a su papá pescando carpas.
_¡Bravo! Has ido de prisa, exclamó Maluíta al ver al forastero. Pero, ¿por qué viene esa gente contigo? Papá mirá esta es la sorpresa de la cual te hablé.
_¡Caramba! comentó él, toda la tribu viene hacia nosotros; simpática, amable, cariñosa, aseada, pacífica.
Y así era en efecto. Llegaron haciendo cabriolas, lanzando estentóreos gritos y asustando a los peces a diez kilómetros a la redonda.
         Uskama corrió y beso muchas veces a Maluíta; y mientras esto ocurría el Gran Jefe agarró a Tegumai por las plumas del moño y le propinó unos buenos sacudones.

        _Explícate, explícate, le gritaba cada vez más energúmeno.
Sí; explícate, coreaba la tribu.
_¿No le puede ocurrir a úno que se le rompa la lanza sin que todo el mundo se le eche encima? preguntó Tegumai.
Y empezaron a aporrear de nuevo al Forastero. El pobre no podía hacer otra cosa que señalar con el dedo a Maluíta.
_¿Dónde está esa mala gente que te asesinó, maridito? pregunto Uskama.
No sé de que gente me hablas, respondió él.
_Ese hombre, dijo Uskama dirigiendo su dedo acusador hacia el Forastero, me llevó un dibujo en que estabas tú atravesado por una lanza
_Este dibujo lo hice yo, manifestó Maluíta.
_¿Tú? vociferó la tribu « criatura – sin – modales – que – mereces – buenas – zurras».
_Explícate , exclamó el gran Jefe, saltando a la pata coja,
_Quería únicamente, dijo Maluíta, que el Forastero trajera la lanza de papá. en ese dibujo no hay varias lanzas; solamente hay una; fue que la dibuje tres veces y no pude evitar que una de ellas quedara como clavada en la espalda de papá; y eso que mi mamá llama gente mala no es «gente mala» sino cabezas de cocodrilos.
Todos callaron un buen rato hasta que el Gran Jefe se echó a reír. El Forastero y Tegumai también rieron y después la tribu los imitó con carcajadas cada vez más fuertes. Luego uno de los negus cantó:

    ¡Oh! «criatura sin modales» has hecho un gran descubrimiento.
_Yo sólo quería la lanza de papá, la del puño negro, la del puño negro, repitió Maluíta.
_No importa, declaró solemnemente el Gran Jefe. Es un invento extraordinario y algún día los hombres lo llamarán escribir. Por ahora no son mas que dibujos y éstos, según lo hemos podido comprobar, no siempre se interpretan con acierto, Pero después se idearan las letras y entonces expresaremos exactamente lo que queremos. Y en lo sucesivo, gritó, Maluíta y el Forastero merecerán respeto, consideración y agradecimiento de la tribu.
Y en gran procesión se regresaron hacia sus cavernas.

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