Un mil quinientos kilometros

L. lecturas Alvaro Marín

Cuenta la fábula que en cierta ocasión, la tortuga y el conejo apostaron una carrera a ver cuál de los dos llegaba primero a un sitio que se veía allá a lo lejos.

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El conejo, mirando de reojo y con desprecio a la tortuga pensó para sí sólo a este lerdo animal se le ocurre aceptar semejante despropósito. Un solo salto mio abarca más distancia que doscientos pasos suyos.
Y, muy seguro, decidió sentarse, a tiempo que la tortuga iniciaba el viaje hacia la meta fijada. El conejo se quedó profundamente dormido y cuando despertó y se restregó los ojos, para observar dónde iba la tortuga ya ella había llegado al término del a competencia.
Lo que se trata de enseñar con este ejemplo es que nadie puede descuidarse, por seguro que esté del triunfo. Mientras el conejo dormía, la tortuga caminaba.
Pero lo cierto es que la tortuga es una gran caminadora. Paso a paso, sin afanes, cubre distancias colosales, para su tamaño y medios de locomoción.
Con el fin de averiguar lo que recorren las tortugas cuando se movilizan de una playa a otra para depositar sus huevos o desovar, se hizo el experimento de amarrarle a una de ellas una bomba de caucho a la espalda, para no perderla de vista. Se midió después la distancia entre le lugar de salida y el de llegada y se encontró que había recorrido cerca de mil quinientos kilómetros.
¡Se imagina usted cuántos pasos necesitan dar estos pacientes quelonios para llegar la término de tan largo viaje.

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