El tesoro

«María Eastman»

      Juanito oyó que lo llamaban y de un salto se puso en la mitad del cuarto; él sabía quién lo llamaba y para qué. Se acercó a la cama de Bertica y la tocó:
_Levántate, ya es hora! La niña abrió los ojos y lo miró vagamente. Juanito la sacudió. Vamos!
Salieron precedidos por la sombra del mago Barú; pasaron a lo largo del corredor, cruzaron el patio y se internaron por el prado sin necesidad de abrir las puertas. Vieron que la luna brillaba mucho y que el cielo estaba estrellado.
A Juanito le habían dicho en la escuela que los colores no se veían en la oscuridad, pero podía percibir claramente el pantalón rojo del mago, la chaqueta azul, el gorro amarillo y el gran manto blanco que flotaba en sus hombros. Se admiraba el niño de no sentir miedo, tan temeroso como había sido siempre
_Ven a cavar, y le puso la barra en las manos; la levanto y, ¡cosa extraña! no pesaba mas que una pluma; la tierra se iba amontonando a su alrededor y sonaba como si fuera de cristal.

wooden-box-349703_1920     De improviso, Juanito vio aparecer una argolla de hierro que estaba adherida a una plancha, haló de ella y al levantarse, quedó al descubierto el tesoro: diamantas, rubíes, monedas de oro, panes, dulces, cornetas… ¡Qué cosa más rara! Panes y dulces enterrados y cornetas de latón revueltas con perlas y diamantes. Sacaba todo y lo iba poniendo sobre la hierba, pero el cofre nunca se vaciaba. Aparecieron después, vestidos, zapatos, medias y cintas. Como quien dice el ajuar de Bertica! Salieron luego, el gato, el perro, las palomas, unos peces en su acuario, el caballo de papá y todavía el arca estaba llena. 👟 👒 🎩 ⌚👔 👖👕 👗 👚 👜  🎒  👝
Juanito quería llevarse lo que había sacado y dejar el resto en el cofre, pero Barú lo forzó a que siguiera. Metió de nuevo la mano y salió la pizarra; en seguida el lápiz; el niño no quería introducir nuevamente la mano porque temía que salieran los cuadernos y la cartilla; pero como por arte de magia ellos vinieron a ponerse a su lado sin esperar. Juanito cerró los ojos: ya, ya mismo iba a salir la maestra y lo regañaría por no haber ido a estudiar el día anterior.
Quiso tapar el cofre, pero no pudo ya con la plancha; quiso entonces separarse de allí, pero Barú no lo dejo.
_Sigue así sigue! Es preciso terminar pronto porque ya amanece. El niño se armó de valor y metió la mano, pero teniendo el cuidado de cerrar los ojos, y empezó a escoger al tacto.
Vinieron uvas, naranjas, mangos, y aquel arcón seguía repleto.
_No quiero más cosa, decía entre llantos. Salió la cocinera, el muchacho de los mandados, las ollas y después empezó el desfile de los utensilios de la despensa.
De pronto la mano se le quedó prendida a una cosa pesada y fría; metió la otra para ayudarse, pero ambas se le quedaron sujetas. No tuvo más remedio que saltar él dentro del cofre y un frío aterrador lo invadió.
Sí, señor! Estaba dentro de una refrigeradora y él se iba a volver un helado de carne.
_Me muero de frío socórreme Barú. Nadie le respondía.
_Bertica, sálvame, volvió a gritar desesperado. Pero la niña tampoco le contesto.
En uno de sus movimientos paso la mano sobre la nevera y el reloj ⌚ que había encima empezó a sonar:
Juanito despertó aterido. Durante el sueño había arrojado las mantas y por la ventana entraba un aire fresco.

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