El sapo y la zorra


««Arturo Jimenez Borja»»

Un sapo se asoleaba a la orilla de un río cuando de repente se presentó la zorra.

-Sapo, le dijo, ¿qué haces?

-¿Yo? Cazo mosquitos.

-¿Y no te da vergüenza comer mosquitos? Si tu fueras mi sirviente comerías delicados y muy variados alimentos.

-¿Cómo voy a ser tu siervo si tú ni escapar de tus enemigos puedes?

-¿Que no puedo escapar de mis enemigos, has dicho?

-No pretenderás que lo demuestre, bufó la zorra.

-No es por presumir, cantó el sapo, pero en igualdad de condiciones corro más que tú.

La zorra, herida en su amor propio, arreglo una apuesta. El sapo debía correr bajo el agua y la zorra por la orilla Cada cierto tiempo la zorra llamaría al sapo y éste debería contestar.

Así fue. Partió la zorra a todo correr, por entre juncos y cañas y después de algún tiempo se detuvo, tomo aliento y gritó:

-Sapo! Sapo!

-Toc, toc, contestó el sapo.

Partió de nuevo la zorra, río arriba, cruzando baches y salvando piedras.

De nuevo pregunto:

-Sapo!  Sapo!

-Toc, toc, contestó el sapo.

Iba la zorra más rápido que el viento, la cola al aire, las orejas hacia atrás, la lengua afuera.

-Toc …. toc….  seguia cantando el sapo.

Muy arriba la zorra se detuvo jadeante. Tenía la lengua morada, los ojos rojos como la sangre y toda ella temblaba. Miro rabiosa hacia la corriente de agua y quiso de nuevo seguir corriendo, pero no pudo: dió unos cuantos pasos mas y estalló.

A la vera del río, una larga fila de sapos cantaban, a medida que iban saliendo los luceros de la tarde: toc … toc.    toc……..

 

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