Juan Pereza


«Tomado de Lectura para 5 año Alvaro Marin 1.963»

El joven de esta historia  se tenía muy bien ganado su apellido: odiaba el trabajo. Su mayor deleite era la pereza. En cambio, gozaba de muy buen apetito. Frente a una mesa repleta de variadas comidas ninguno le ganaba. Alguien decía que si él hubiera empleado siquiera la quinta parte del ímpetu con que atacaba las cosas de comer para hacer algo, habría sido uno de los mejores trabajadores del mundo.
Llegó el momento en que Juan Pereza tuvo que abandonar el lugar donde vivía porque las gentes, principiando por sus familiares, se cansaron de sentarlo a la mesa, a cambio de nada.
Juan Pereza se echó al hombro un azadón y se fué. Claro que lo del azadón era para hacerse pasar como trabajador del campo. Y, probablemente, hacía parte de un plan premeditado.  Llegó a un lugar donde había muchos cultivos. Los habitantes se veían muy dedicados a sus labores hasta los gatos estaban cumpliendo con su deber, es decir, acabando cuanto ratón asomaba la cabeza.
A la entrada de la zona, Pereza alcanzó a ver un letrero muy grande. Se acercó a leerlo y decía: En esta bella y fértil región hay una norma sin excepción: quien la nariz por aquí asome si no trabaja, no come. El holgazán se rascó la cabeza, hizo un gesto de disgusto e iba a regresarse, cuando se le acerco un campesino.

♣ ¿Busca trabajo, joven? le preguntó

♦ ¡Oh, sí! contesto él; me gustaría mucho darle ocupación a esta azadón.
El campesino lo invitó a ir con él hasta su casa.
♣¿Y cuánto cobra usted por día?
♦ Bueno. Eso lo hablaremos después, respondió Juan Pereza. ¿Acostumbra usted dar la comida a sus peones?
♣Si, y muy buena.
♦Entonces. manifestó juan empecemos por el desayuno.
♣Naturalmente contesto el granjero. E inmediatamente después a trabajar!
La mujer del campesino le trajo a Juan un abundante desayuno. que él devoró en un instante.
♣¿Vamos insinuó el hombre.
♦Un momento, manifestó Juan. La verdad es que todavía tengo mucha hambre. ¿No podría anticiparme el almuerzo?
Al campesino le molestó la propuesta pero en ese momento su mujer le dijo al oído: Como el sitio a donde tiene que ir está lejos, es mejor que almuerce de una vez. Así no tendrá que regresar y trabajará más.
♣No hay inconveniente, manifestó el honrado granjero.
Juan Pereza desapareció en minutos el almuerzo, que no era poco. Después estiró las piernas, se tocó el estómago bostezó y exclamó:
♦¿Y, a qué horas es la comida aquí?
♣Comemos al anochecer; reposamos un poco y luego a dormir, contestó el  campesino.
♦Pues aún tengo apetito para la comida, expreso Juan Pereza.
El campesino estaba a punto de estallar pero su mujer se apresuró a servírsela. Cuando Juan terminó, el campesino dijo: ¡ahora sí, al trabajo.
♦Me gustaría hacerlo, murmuró Juan Pereza, pero no puedo violar la costumbre de mi sitio de origen. Allá, después de comer dormimos.
Y dicho esto, se salió al patio, se acostó y a los pocos minutos estaba roncando. Juan Pereza había conseguido comer un día más sin trabajar. Pero esta hazaña no la pudo repetir muchas veces, pues es verdad que hay campesinos ingenuos pero no tántos. Una semana después Juan Pereza fue capturado por las autoridades y condenado a trabajos forzados.

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